Contaminación ambiental y enfermedad

Un estudio de Conagua reveló que en el río Atoyac están presentes más de 50 compuestos con diferentes grados de toxicidad, entre los que se encuentran en los primeros lugares de peligrosidad el arsénico, el benceno y el cloruro de vinilo que son cancerígenos para el humano y otros mamíferos
Un estudio de Conagua reveló que en el río Atoyac están presentes más de 50 compuestos con diferentes grados de toxicidad, entre los que se encuentran en los primeros lugares de peligrosidad el arsénico, el benceno y el cloruro de vinilo que son cancerígenos para el humano y otros mamíferos

Regina Dorinda Montero Montoya / Omar Arellano Aguilar

En el río Atoyac colindante entre Tlaxcala y Puebla, la Conagua ha determinado presencia de más de 50 tóxicos entre los que se encuentran diversos cancerígenos, como el arsénico, el benceno y el cloruro de vinilo, además de teratógenos como el mercurio, que no provienen de uso doméstico. En la última década la mortandad por leucemia infantil ha aumentado en Tlaxcala y Puebla, de acuerdo con el estudio de Ruiz–Rizo y cols.

En reciente declaración el secretario de Salud de Tlaxcala dijo que no hay datos contundentes sobre los casos de cáncer en la zona agrícola industrial colindante con Puebla de San Martín Texmelucan, Villalta, Tepetitla y otras poblaciones de la zona. Y refiere que se necesitan mayores estudios para encontrar una relación cierta entre la contaminación de los ríos Atoyac y Zahuapan y los casos de cáncer, particularmente de leucemia, así como de insuficiencia renal infantil. De igual manera, mencionó que las evidencias de contaminación de agua por sustancias cancerígenas no han sido contundentes.


Y tiene razón, hacen falta no sólo estudios que demuestren esas asociaciones, midiendo los niveles de exposición de los habitantes de estas zonas, sino estudios de vigilancia ambiental para la detección temprana de las enfermedades que se podrían esperar debidas a esa exposición, así como estudios de modelación ambiental para saber los niveles que alcanzan los contaminantes en las diferentes matrices ambientales: aire, suelo y agua superficial y subterránea, y cómo se distribuyen a lo largo del año, a lo largo del día, y cuál es su área de influencia, para poder empezar a controlar sus niveles y los sitios donde puede haber exposición de los humanos.

Teniendo esos estudios podría afirmarse categóricamente que ese ambiente contaminado no representa un riesgo a la salud o lo contrario. Pero, ¿quién espera el señor secretario que hará esos estudios?, ¿a quién le corresponde?

De acuerdo con el Principio de Precaución (núm. 15) de la Declaración de Río de 1992, cuando exista peligro grave e irreversible, la falta de certeza científica absoluta no podrá invocarse por los Estados para no adoptar medidas de protección ambiental. Este principio ha sido retomado en todos los tratados internacionales sobre Ambiente y en el convenio de Estocolmo se aclaró aún más al establecer que “teniendo presente el principio de precaución consagrado en el principio 15 de la Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y Desarrollo el objetivo del presente convenio es proteger la salud humana y el medio ambiente…”

Podrá decir el citado secretario que el ambiente no es de su competencia. Sin embargo, deberá recordar que precisamente la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 2005 reconoció la importancia de contar con un ambiente limpio para mantener el bienestar de las poblaciones humanas en términos de salud. En consecuencia, no se puede menospreciar el factor ambiental en los aspectos de salud. Debe haber colaboración entre los funcionarios del Ambiente y de la Salud en aquellas zonas donde la contaminación o la degradación de los ecosistemas afectan al ambiente y los organismos naturales tanto como a los seres humanos, y en Tlaxcala al parecer no se ha dado esta colaboración. De acuerdo con los ejes del Plan Nacional de Desarrollo, expuestos por el titular del Ejecutivo federal, el gobierno debe desarrollar programas transversales para lograr la mayor eficacia, en este sentido la protección del ambiente y por este medio, la protección de la salud. Esto mismo tendría que aplicarse en otras zonas contaminadas del país, asumiendo los funcionarios sus responsabilidades para garantizar los derechos humanos a un ambiente limpio y a la salud.

Los problemas de salud relacionados con ambientes contaminados son variados: pueden empezar con dermatitis simples, alergias, irritación de ojos, de garganta, de mucosas en general, hasta problemas más graves como asma, insuficiencia renal, problemas hepáticos, inmunodepresión, problemas endócrinos, alteraciones en el desarrollo neuromuscular, infertilidad y alteraciones congénitas, además de diversos tipos de cáncer entre los que se encuentra la leucemia, particularmente en niños que son una fracción de población muy susceptible.

La frecuencia de leucemia infantil en la Comunidad Europea es de 46.7 por millón de niños por año. En México, este dato es difícil de obtener ya que no existe un adecuado registro de los casos de cáncer a nivel municipal, estatal y federal, y porque los casos se concentran en instituciones de alta especialización y no hay una cultura de registrar por regiones estos casos y publicar la información. De tal forma que es necesario recurrir a los estudios hechos por investigadores independientes para darnos una idea de lo que sucede con esta enfermedad en México.

Un estudio que trató de establecer la frecuencia de leucemia infantil en México reveló que las frecuencias en Chiapas y Puebla son las más altas, con tasas de 74.2 y 72.9 por millón de niños por año entre 1998 y 2000. Puebla es un estado que también ha sido afectado por la contaminación del río Atoyac. Sin embargo, desafortunadamente en este estudio no pudieron obtener datos de Tlaxcala.

También podemos citar el trabajo de Rizo–Ríos y colaboradores quienes reportaron que la mortalidad infantil por leucemias en los estados de Tlaxcala y Puebla son de los más altos de la República, junto con otros seis estados, y que Tlaxcala presentaba una tendencia al incremento (tasa truncada por edad de 34.4 por 106 comparada con 16.6 por 106, la menor del país encontrada en Guerrero, en niños menores de 10 años de edad).

Aún más, un estudio realizado por investigadores de la Agencia Internacional de Investigación en Cáncer (IARC, por sus siglas en inglés) en Brasil, utilizando las tasas de mortalidad por cáncer en América Latina, encontraron que México tiene la más alta tasa de mortalidad por leucemia en niños de cero–14 y de 15–24 años de edad.

Parece que los únicos que no sabemos que tenemos un problema de cáncer infantil muy grave somos los mexicanos, y en particular el estado de Tlaxcala. Quizás por esto el secretario de Salud de la entidad llama a los casos de cáncer “casos anecdóticos”, como si surgieran sin razón y al azar, mientras para la IARC (Agencia Internacional en Investigación en Cáncer, dependiente de la OMS) esto sería un caso muy serio de riesgo a la salud que ameritaría, por lo menos, la creación de un buen registro con una sólida documentación de los casos en la que se exploraran las posibles causas de la enfermedad con base en lo que se sabe sobre el origen de las leucemias.

Entre los factores de riesgo para la leucemia infantil, identificados en estudios epidemiológicos realizados en todo el mundo, se tienen los siguientes: exposición a radiación, exposición a benceno, exposición a plaguicidas de diferente tipo, exposición a humo de tabaco, a alcohol o a drogas psicotrópicas; vivir cerca de zonas altamente contaminadas (como el río Atoyac y el Zahuapan), o que los padres en edad de procrear trabajen en lugares donde podrían estar expuestos a estos agentes antes de concebir, o que las madres estén expuestas durante el embarazo (como exposición ocupacional en industrias). El que haya cambios en la población también se ha reconocido como factor de riesgo: donde hay migración y llegada de nuevos habitantes se ha visto incremento de leucemia infantil.

Podemos decir que, con excepción de fuentes radiactivas, todos los demás factores de riesgo están presentes en las zonas contaminadas aledañas al río Atoyac en Tlaxcala y Puebla. Un estudio de Conagua y hecho público por Greenpeace de México, reveló que en el río Atoyac están presentes más de 50 compuestos con diferentes grados de toxicidad, entre los que se encuentran en los primeros lugares de peligrosidad el arsénico, el benceno y el cloruro de vinilo que son cancerígenos para el humano y otros mamíferos, así como el mercurio, que es un teratógeno para animales y el humano.

En cuanto a los niveles que pueden alcanzar en el ambiente que pudieran preocuparnos, en los Criterios de Salud y Ambiente que elabora el Programa Internacional sobre Seguridad Química (IPCS, por sus siglas en inglés, también dependiente de la OMS), se establece que los cancerígenos tienen un modelo de actividad sin umbral, es decir, que cualquier concentración ambiental a la que estemos expuestos debe ser preocupante ya que el daño que producen puede contribuir al proceso de carcinogénesis desde una dosis muy baja hasta una dosis muy alta, y desde una exposición única hasta múltiples exposiciones a lo largo de la vida. Este modelo ha surgido de numerosos estudios epidemiológicos en los que se ha demostrado esta actividad sin umbral con cancerígenos como la aflatoxina B1 y el cáncer hepático, o como la radiación y la leucemia.

Por todo lo anterior, en el caso de los habitantes cercanos a zonas altamente contaminadas, hay más de una razón para pensar que numerosas enfermedades que padecen estas poblaciones, y en particular los casos de cáncer en jóvenes, que no son heredados, se deben a factores ambientales.

Conclusiones:

1. México debe avanzar en la prevención de la contaminación ambiental para preservar la salud en los tres niveles de gobierno: federal, estatal y municipal.

2. Debe abandonarse la práctica de declaraciones no informadas por parte de las autoridades para dar paso a gobiernos que escuchen y atiendan las necesidades de la población aplicando programas urgentes para atender los daños ya sufridos, al mismo tiempo que elaboren programas de mediano y largo plazo para evitar que progrese el daño y recuperar las condiciones óptimas para una vida de calidad.

3. La información fidedigna, organizada y responsable debe ser la base de las acciones que la sociedad y el estado emprenderán, por lo tanto, tratándose de salud, las autoridades competentes deben iniciar la recolección de las historias clínicas de las personas ya dañadas o ya fallecidas, creando un banco de datos con toda la información relevante sobre exposición, ocupación, domicilio, hábitos y tipo de alimentación de esas personas. Además debe coordinar con las autoridades ambientales el inventario de contaminantes que se maneja en la zona y cuánto se descarga periódicamente al ambiente.

4. Las autoridades deben apoyar sus acciones en conocimiento científico y tecnológico para atender los compromisos derivados de los tratados y del Programa Nacional de Desarrollo que prevé como herramienta más eficaz la transversalidad de acciones.




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