Construir un futuro mejor

En el marco del Día Internacional de la Lengua Materna, fui invitada a la comunidad de San Felipe Cuahtenco, Contla, para presentar la conferencia “Construir un futuro más justo, desde mi lengua materna”. En la anécdota, la emoción de ser presentada por primera vez en náhuatl. En la reflexión, la importancia de comenzar a vivir nuestros derechos humanos, desde el lenguaje, desde las palabras, desde el derecho de todas las personas de ser nombradas y nombrar nuestra forma de mirar al mundo, nuestras necesidades, nuestros sueños y aspiraciones en un mundo siempre anhelado de iguales, incluyente, solidario y humano.

En 2019, Tlaxcala celebrará las cinco primeras centurias del encuentro del “acero y el plumaje” y una buena forma de hacerlo es reivindicar a las lenguas maternas que persisten y subsisten a pesar de los embates sociales que muchas veces pretenden guardarlas en el vacío del silencio. Es obligación de todas y todos, generar las circunstancias que permitan su florecimiento en el presente y en el mañana; que nos permitan retomar la sabiduría ancestral indígena que es parte fundamental de nuestro mestizaje; volver a mirar y arroparnos de ese sentido de comunidad que tanta falta hace en estos tiempos en que la violencia se desborda y nos quita el sosiego; reencontrarnos para volver a confiar en nuestras diferencias, uniéndonos en lo fundamental.

En tiempos donde el encono y la descalificación están a la orden del día, la gran osadía es pasar a la propuesta y a la generación de puntos de encuentro. Cierto que nunca debemos renunciar a nuestro derecho a criticar el hacer y no de las autoridades y exigir el cumplimiento de sus obligaciones, pero esto no bastará per se, el tema de la erradicación de los feminicidos es y debe ser prioridad pública de gobierno, pero también de la ciudadanía.


Si no deconstruimos nuestra forma de nombrarnos y ser nombrados, si no construimos relaciones equitativas sin que nuestras diferencias impliquen discriminación ni vulneración de derechos; si no somos agentes de cambio en nuestros entornos próximos, ni mil alertas de género serán garantía para que todas y todos vivamos libres de violencia.