Compra de votos

Es probable que el partido en el poder esté operando la compra del voto y aun así no logrará mantener la Presidencia de la República. Las actuales condiciones son diametralmente opuestas a las elecciones del Estado de México y de Coahuila en 2017. En esas entidades apenas se logró el triunfo con la compra del voto. A diferencia del año pasado, José Antonio Meade sigue estancado en el tercer lugar de las preferencias electorales, de hecho en una elección cerrada la compra del voto puede dar la victoria y hacer la diferencia, pero cuando la distancia es tan lejana, no habrá dinero que alcance y más aún cuando hay al menos cinco elementos consolidados a estas alturas de la campaña presidencial, a saber: 1. más del 60 por ciento de los posibles electores nunca votaría por el PRI; 2. Más del 85 por ciento de los electores quiere un cambio; 3. Más del 60 por ciento de los posibles electores ve que José Antonio Meade representa la continuidad –aunque ahora diga que no es el candidato de la continuidad–; 4. Más del 80 por ciento de la población reprueba la gestión de Enrique Peña Nieto y 5. Existe 82 por ciento de probabilidad estadística de que el candidato del PRI quede en tercer lugar en la jornada del 1 de julio.

Ante esos cinco elementos, los operadores del partidazo ya no están jugando para el candidato del partido en el gobierno, sino que muchos de ellos están guardándose el dinero como medida de supervivencia para el tsunami que les aguarda el 1 de julio. El dinero público que está circulando para comprar el voto, terminará en los bolsillos de los operadores del PRI. José Antonio Meade ha dicho, una y otra vez, que los ejemplos del Estado de México y Coahuila se replicarán el 1 de julio y que eso le garantizará el triunfo en la jornada electoral. La operación en esas entidades fue exitosa, sin embargo y a pesar de movilizar la estructura, circular muchísimo dinero y utilizar programas sociales en ambas entidades, el partidazo apenas logró ganar, la diferencia entre el primero y el segundo lugar fue mínima, tan fue así que el triunfo fue cuestionado. Para la percepción de muchos sectores de la población, en ambas elecciones se cometieron delitos electorales graves tales como compra de votos, robo de urnas, manipulación de la burocracia, rebase en topes de campaña y a pesar de las múltiples irregularidades sólo pudieron obtener una mínima diferencia a favor de los candidatos del tricolor.

En esas irregulares elecciones el tricolor tenía el control del gobierno, de los programas sociales y del presupuesto federal, lo que pudo garantizar por ejemplo el uso de las tarjetas rosas como un mecanismo de compra del voto a cambio de recibir recursos monetarios una vez que se confirmara el triunfo electoral –por cierto cientos de personas siguen esperando los depósitos prometidos en el Estado de México–, esas condiciones no se pueden aplicar de manera similar en la elección presidencial. En efecto, el candidato del PRI cuenta con el presupuesto federal, pero no tiene el control total de los gobiernos estatales, cuenta con operadores políticos, pero no los suficientes para cubrir todo el territorio porque en las entidades federativas la forma de bajar dinero se hace a través de los gobierno estatales que tienen el pulso de los actores políticos que pudieran ubicar a la posible clientela, pero además, dado el contexto, las traiciones están a flor de piel, no es casualidad que el nuevo dirigente nacional del Revolucionario Institucional esté visitando cada entidad federativa, pues hay la percepción generalizada de que la campaña de Meade ya está de brazos caídos, es decir, ante la eminente debacle, está aflorando la simulación por doquier. De hecho, los jalones de orejas son parte de los discursos del flamante presidente del PRI, que intenta desesperadamente volver a aceitar la maquinaria priista, por cierto con escaso éxito, pues los propios candidatos a diputados, senadores y demás se siguen quejando que el recurso no está bajando, a pesar de que la operación está en marcha y no es que no baje sino que los operadores están haciendo su agosto almacenando el recurso monetario, ante un escenario real de derrota histórica del partidazo.


En otras palabras, el intento de la compra del voto ya no será suficiente para modificar las actuales tendencias electorales y porque además los operadores del PRI ya juegan con otros partidos y candidatos; habrá dinero, pero éste no alcanzará para comprar conciencias, pues la mayoría de los electores ya ha decidido por el cambio independientemente del resultado del segundo debate. Los maletines de dinero servirán para amortiguar la recesión de los intermediarios, mientras éstos aprenden a vivir fuera del presupuesto o mientras logran colocarse en la fila de los empleados del nuevo gobierno. La desconfianza en el PRI está a flor de piel y no es para menos, pues muchos están abandonando el barco antes de que se acabe de hundir.

Entre tanto, Margarita Zavala decidió bajarse de la contienda ante la debacle de su fallida campaña, su efecto es suma cero, sus seguidores se dispersaran tal como ya empezó a ocurrir a nivel nacional, ante la mirada y sonrisa de propios y extraños se da el adiós del calderonismo. Mientras se avecina un nuevo festejo, habrá que supervisar la ruta crítica para saber si habrá sorpresas o seguirá la sequía. Ver para creer.