Como el chorrito, el priismo tlaxcalteca se hace grandote, se hace chiquito

El escenario del PRI en Tlaxcala está como el chorrito. Se hacía grandote, se hacía chiquito; estaba de mal humor, pobre chorrito tenía calor. Ahí van las hormigas con su paraguas

Como el chorrito, el priismo tlaxcalteca se hace grandote, se hace chiquito. Depende de cuál sea su humor. Como en la canción del grillo cantor. El problema es que van muchas hormigas con su paraguas y levantándose las enaguas porque el chorrito las salpicó.

La clase política local en su gran mayoría es, ha sido y será priista. Coyunturalmente ha cambiado de partido para acceder al poder. Una vez en el gobierno hacen crecer artificialmente a los partidos. Cuando salen del Palacio de Gobierno, los partidos se desinflan. Esa es la experiencia del PRD y PAN.

La élite priista se enfrenta entre sí cuando no le dejan paso libre para cumplir con sus aspiraciones. Arrastran a militantes que alinean sus intereses con la oportunidad de un mayor número de posibilidades de empleo al desplazar a quien está en el poder. Eso ocurre en Tlaxcala desde 1998.


Los grupos de empresarios, sindicatos, partidos y familias colonizaron la administración pública. Defienden sus territorios a capa y espada. Se alinean con quien consideran tiene mayores posibilidades de triunfo. Es una táctica para defender sus conquistas. Para ello usan la ley, la denuncia, los contratos o la fuerza.

Se ha señalado que Tlaxcala es un laboratorio de los partidos políticos nacionales o el gobierno federal. Lo real es que ha sido experimento de sí mismo. Las lecciones que han dejado las elecciones de 1998 a la fecha son valiosas. Tlaxcala es la primera entidad en la que el PRI pierde elecciones, pero recupera el poder. Como el chorrito se hace grandote, se hace chiquito.

La gota de agua que da la nube

Las elecciones de 1998 y 2004 se pierden y ganan en las entrañas del PRI. Ahí se produce la ruptura. Sánchez Anaya y Ortiz Ortiz aspiran la candidatura al gobierno del estado. El Ejecutivo estatal había creado la estructura legal e institucional para que un demócrata de la sociedad civil llegara a Palacio de Gobierno.

El proceso interno sirve de pretexto para que el grupo contrario al gobernador, pero con suficiente fuerza al interior del PRI, provoque la salida de los aspirantes y su aceptación en los partidos de “oposición”, con lo que la transición se produce con los liderazgos del PRI.

La experiencia se reproduce en los partidos colonizados. En el PRD por la insistencia de la esposa del gobernador para convertirse en su sucesora y en el PAN por el deseo del presidente de la República de regalarle a su ahijada una gubernatura, habiéndole anticipado la entrega de las delegaciones federales.

Los tres gobernadores se hacen a un lado dejando solos a las y los candidatos con lo que se produce la derrota y se crea la coyuntura para que se alce la siguiente alternancia hasta que se cierra el círculo. En 2010, el PRI era un cascarón vacío. Los aspirantes no creían en una victoria. La salida de Cuéllar Cisneros se hace dos años después. Porque el chorrito no la salpicó.

Nuevamente al cielo sube hasta la nube que la soltó

La alternancia se convierte en escuela para el PRI. Descubre que a cada elección sus votantes disminuyen. El crecimiento de la participación electoral no es alto, pero sus votos se van hacia los otros partidos políticos. Eso le lleva a sumar a los pequeñitos para construir una república de Gulliver.

Los priistas que llegan al poder con siglas prestadas, se ven obligados a construir su propia fuerza política con una militancia que no es suya. Por lo que utilizan la fuerza y los recursos del gobierno para reproducir la experiencia de convertir al gobierno en una maquinaria electoral. Lo que logran en las elecciones intermedias.

Las dirigencias del PRD y el PAN se engolosinan y hacen de la corrupción una piñata. Nadie se ocupa de fortalecer a la militancia. La prostitución política de la izquierda y de la derecha es de tal magnitud que al final del sexenio se desinflan. Su experiencia les permite vender sus favores al mejor postor.

El PRD y el PAN, después de haber sido grandotes, se hacen chiquitos, como el chorrito y quedan de muy mal humor que comienzan por destrozar las camisas que traían puestas para dejarse la playera tricolor y buscar el grifo que les devuelva algunas de las aguas que habían disfrutado como meretrices.

La ambición de los grupos políticos permitió al tricolor adquirir a la chiquillada, con lo que al juntar muchas gotitas pudo desatar la lluvia de votos que le devolvió el poder en 2010. Dándole a cada fuerza un pedacito de la fuente. Con la condición de que no despintaran los chapitas de las hormigas que paseaban con sus paraguas.

La gota de agua que da la nube como regalo para la flor

En el imaginario de los electores se encuentra cincelado que el gobierno es bolsa de trabajo. El proceso de selección y admisión para el ingreso se hace a través del trabajo políticoelectoral. Así lo hicieron el PRD y el PAN. La relación clientelar con los electores pasa por esa experiencia.

En el proceso de construcción de reciprocidad, el gobierno entrega esperanza a los electores. La cantaleta de que agarren todo y decidan en conciencia sirve para ciertos niveles y sectores. Solo hay que recordar que en Tlaxcala el 60 por ciento de la población es pobre y 73 por ciento tiene un trabajo precario.

La burocracia representa todavía las posibilidades de un trabajo seguro y con seguridad social. De ahí que los gobiernos de la alternancia se conviertan en la vía para asaltar la administración pública. Con lo que se canceló, poco a poco, la movilidad que permitía cada sexenio.

Los grupos de priistas que se salieron del PRI y colonizaron al PAN y PRD se apropiaron de los espacios y cada vez fue más difícil movilizarlos. Los “posesionarios” se convirtieron en actores políticos con cierta autonomía. Que en temporadas electorales venden al que tiene mayores posibilidades de ganar. Con lo que la lealtad del voto duro se terminó.

La gota de agua que da la nube como regalo para la flor se secó. La experiencia de la elección 2016 fue más que evidente. Los grupos de intereses se volcaron hacia quien consideraron tenían ganada la elección. Ante el fracaso todos han emprendido la cargada hacia Morena. Estaban de mal humor, como el chorrito.

En el verano la funde el sol. La gotita sube y baja

Las alternancias se fundaron en la ruptura interna del Partido Revolucionario Institucional. Desde 2010 no existe un liderazgo con la suficiente fuerza o arrastre. Los que han amenazado con renunciar son fácilmente comprables. En la antesala de 2018 volverán a repetir su jugada porque ser alambristas no lleva riesgo alguno.

Las alternancias fraccionaron a la clase política priista en una multiplicidad de grupos de interés que mantienen colonizados a todos los partidos políticos. La fuerza políticoelectoral que creen tener es ofrecida al mejor postor. Después del triunfalismo perredista con Cuéllar Cisneros ya hasta dejaron el PRD.

Las alternancias colonizaron la burocracia, lo que impide la movilidad laboral. Los grupos que se han hecho de la administración pública su nicho lo defienden a muerte. Lo más que llegan a ceder es permitirle al gobernador designar al administrador. El mejor ejemplo de ello es lo que sucede en educación. Porque el chorrito los salpicó.

Como el chorrito, el priismo tlaxcalteca se hace grandote, se hace chiquito

Bajo estas tres premisas: ¿Cuál es el escenario para el PRI en 2018? Primero: No se observa ninguna posibilidad de ruptura porque es un cascarón vacío. De los ex gobernadores, la ex gobernadora voltea al tricolor. Pero la mayor parte de sus seguidores se encuentran en el PRD, PAN y PAC.

Segundo. La burocracia dejó de operar como estructura electoral. Destaca un grupo al que le han entregado los grifos del agua a cambio de nada. Los maestros se han convertido en el actor hegemónico de la vida gubernamental. Se apropiaron de la fuente.

Tercero. La clase política se encuentra fracturada, pero al poseer los mismos genes pueden reunirse alrededor de una posibilidad de repartición. Una senaduría o diputación puede ser una buena invitación para sumar. Porque lo harían sin perder sus elementos de identidad.

Cuarto. La única posibilidad para que el PRI use la caja de herramientas heredada del último sexenio, es que convenza a los partidos políticos grandes de competir sin alianza. Mantenga su coalición de los liliputienses. Garantice una diferencia mínima de 2 o 3 puntos. Elija candidatos descendientes de políticos locales de poca identidad con las prácticas de corrupción e impunidad.

El escenario del PRI en Tlaxcala está como el chorrito. Se hacía grandote, se hacía chiquito; estaba de mal humor, pobre chorrito tenía calor. Ahí van las hormigas con su paraguas…