Cobre hoy, pague mañana

Si un partido sabe de concertacesiones, ése es el PAN. Desde que el salinato le dejó en prenda de amor la gubernatura de Guanajuato, sacrificando a Ramón Aguirre, el amigo saporrana (como pudo haber dicho Frida Kahlo), el panismo ha sostenido una intensa, tórrida y fructífera relación de amasiato con el PRI. Y para muestra basta un Fobaproa.

Pruebas más recientes de esta candente relación adúltera las tenemos con las mal llamadas reformas estructurales.

Porque si el PRI tímidamente propuso modificaciones para maquillar la ya innegable participación de la iniciativa privada en asuntos como la generación de energía, el PAN se puso el traje de Chicago Boy tropical para ir más allá y de plano se fue a la grande: de una vez tumbó de la Constitución lo poquito que quedaba del nacionalismo revolucionario que tanto cacareó el PRI del siglo pasado. ¿Así o más neoliberal el amorío?


A pesar de sus diferencias, naturales en toda relación de amantes, el PRI y el PAN han sabido tomarse de la mano en los momentos clave.

A nivel local, un ejemplo de esa relación se está tejiendo en el Congreso del estado (que cada vez se ve más Congruexo y más Congal).

Como se ha reseñado en otras oportunidades, el PAN y sus siete cabritillas trataron de toserle al PRI, encabezando, junto con el PRD, a un bloque opositor… que duró el día y la víspera.

Quebrado el G–18, el PRI se dedicó, con cierta paciencia y mucha labia, a atraer diputados de oposición. Primero fueron algunos perredistas, que obtuvieron presidencias en algunas comisiones legislativas, como la de Finanzas y Fiscalización, que prácticamente valida el manejo del dinero público.

Esa posición en manos del PRD sirve de mucho al PRI, porque si no hay un verdadero rigor en la vigilancia de los presupuestos, se podrían validar los robos en despoblado que aprobaron los diputados de la pasada legislatura (y si no me creen, pregúntele al ex presidente municipal de Huamantla si es o no feliz con diputados tan amigos).

Si el sonoro rugir de los cañonazos se pone de a millón (o más, porque dependiendo del sapo será la mordidota, que diga, la pedradota), entonces el PRD cargará con el sambenito del desprestigio, por seguir permitiendo el desfalco a las arcas públicas. De ahí el interés del PRI por ceder esa posición, porque así podrá jugar a ser Poncio Pilatos y enjuagarse las manos sin meterlas en la suciedad.

Pero el PAN no se quiso quedar atrás, y ahora ha conseguido algunas migajas del pastel legislativo. Con comisiones de relleno y unas cuantas vocalías se ha conformado la bancada panista, que ya muestra signos de ruptura.

Por lo pronto, los panistas se ven más interesados en la renovación de su dirigencia estatal, campo de batalla local de una guerra más larga y ancha, que libran calderonistas y maderistas por hacerse del control del partido.

De lo que ocurre en el Congreso hay que ver lo que dejó de hacer el PAN en el caso de la presidencia del Comité de Administración, donde dejaron morir solo a Santiago Sesín. Ni las manos metieron, sabiendo que iban a recibir un beneficio a cambio de sacrificar esa pieza, ya bastante incómoda para ese momento, por todos los cambios que perfilaba el perredista, al que le inventaron que se había gastado la friolera de 3 millones de pesos en asesores, y que no pasó del rumor o de chisme de lavadero. Aquí la intención era ensuciar para justificar la jugarreta, que acabó con Sesín fuera del Comité.

A cambio de ese movimiento, el PAN obtuvo sus migajas. Pero ahora que ha cobrado, seguro mañana tendrá que pagar el precio de su aventura, votando a favor de dictámenes e iniciativas que se cocinarán en el horno priista. Ya se verá a su debido tiempo.