Clientelismo político o relaciones clientelares.

Clientelismo político o relaciones clientelares.

Clientelismo político o relaciones clientelares. Inicia el proceso electoral que culminará con la elección de presidente de la República, senadores, diputados federales y locales. Como ha sido común en las elecciones locales entre 1998 y 2016. Se registrarán “movimientos telúricos” en las organizaciones sociales.

Las organizaciones que salen del PRI y se van al PRD para construir el primer gobierno de alternancia. Ante la dificultad de mantener la gubernatura se marchan al PAN donde vuelven a la ubre gubernamental. Frente al fracaso por perder el gobierno y no recuperarlo en 2016 han emprendido camino hacia Morena.

La razón. La población ha desarrollado el conocimiento y la experiencia que es la forma de obtener beneficios. Se visualiza a la política y administración pública como bolsa de trabajo y repositorio de recursos, a distribuir entre los seguidores del ganador.


Estas prácticas, se supone, terminarían con la llegada de la democracia. Pero no, al contrario, han adoptado nuevas formas. Para entender este nuevo escenario resulta fundamental leer la tesis doctoral de Martìn Paladino: “Intermediación clientelar de demandas sociales y movilización política. La vivienda social en la Ciudad de México” (FLACSO, México, 2010, 276 PP.).

De la tesis de Paladino se estructura esta disonancia, con la aclaración de que las cursivas son responsabilidad nuestra y sirven básicamente para hacer énfasis en algunos elementos de la columna. Es posible que en Tlaxcala el compadrazgo juegue un papel importante en este contexto, pero eso será objeto de otra disonancia.

La población es quien pide al poder medidas administrativas para ellas

Paladino refiere que para Chatterjee “el ciudadano y la nación, la sociedad civil y el Estado”, en sociedades como… México “no son mucho más que ilusiones”. Porque en estos lugares lo que determina la capacidad de construcción o daño son los recursos que los actores controlan y el resultado de sus acciones depende de la negociación “como espacio en el que se miden las capacidades de maniobra de cada uno”. No la razón pública. (p. 41).

Según Paladino, “la relación que funda a la sociedad política es la relación gobernantes-gobernados” (p. 42) y el poder se ejerce sobre “poblaciones” ya no sobre clases o grupo sociales. “La población es un descubrimiento político de la modernidad, creado a partir de nuevas tecnologías como los censos o estadísticas” (p. 42).

Refiere Paladino “El giro asombroso de Chatterjee es investir la relación del vínculo. Las poblaciones dejan de ser sujetos pasivos, construidos desde fuera para su mejor administración. [Estas]… pueden tomar conciencia de sì mismas y llegar a demandar ser administradas: pedir al poder que aplique medidas administrativas para ellas” (p. 43).

Para Chatterjee –según Paladino– en la sociedad contemporánea hay grupos que no son parte de la comunidad imaginaria de nación.  “Que conforman organizaciones y se yerguen como actores, pero no lo hacen como ciudadanos, sino como población gobernada que exige a los gobernantes que la gobiernen” (p. 43).

Más adelante agrega que “la población es un sujeto empírico que es el objeto mismo del gobierno del Estado moderno. Gobernar poblaciones implica asumir su heterogeneidad: no se puede administrar a todos de la misma manera, las políticas públicas deben reconocer este hecho esencial. Así se traza la genealogía de las políticas focalizadas, de aquellas que a partir del conocimiento sobre las poblaciones pueden atenderlas con sorprendente eficacia” (p. 43).

De la sociedad civil a la sociedad política

Una larga cita de la tesis de Paladino: “Los gobernados no se presentan ante las autoridades como portadores de derechos: [porque] o no los tienen o no confían en que se harán efectivos por los canales convencionales.

Interponen demandas directamente políticas al gobierno, se movilizan para presionar a las autoridades que tienen a mano, intentan llegar a acuerdos que circunvalan el marco legal.

Para lograrlo deben convertirse, quizá no todo el tiempo, pero sin duda cuando la coyuntura lo amerita, en sujetos políticos.

Deben generar poder para ir a discutir con el poder. Si carecen por completo de la capacidad de daño que los pone dentro del cálculo estratégico de sus adversarios, no podrán llegar a ninguna solución mínimamente beneficiosa para sus demandas.

Deben conservar el potencial de proyectarse a la arena política como sujetos políticos en función de la coyuntura para que sus logros se mantengan, pues sus logros no son derechos que la administración pública hará efectivos automáticamente.

El mantenimiento de la situación depende de que puedan influir en el balance de las fuerzas políticas que menciona Chatterjee. Para intervenir en este balance de las fuerzas deben tejer alianzas y para hacerlo deben poder ofrecer algo.

Los vaivenes de la política partidaria no les son ajenos, no son un rejuego que miran como espectadores. La fuerza o debilidad de sus aliados partidarios puede ser su propia fuerza o debilidad” (p. 45).

Los intermediarios

“Los intermediarios juegan un papel fundamental en la sociedad política… Interponer demandas desde la sociedad política implica, como hemos visto, la necesidad de convertirse en un sujeto político para incidir en las decisiones de otros sujetos políticos. Los intermediarios juegan aquí un papel destacado si logran convertirse en organizadores políticos” (p. 46).

“Naturalmente los intermediarios tienen sus propios intereses, materiales y políticos. La capacidad de incidir en la coyuntura política no solo beneficia a las poblaciones con las que media, también los beneficia a ellos y a sus aliados en los partidos políticos

El voto es una de las herramientas a través de las cuales los gobernados pueden incidir en la coyuntura política, sin embargo, las elecciones tienen una temporalidad propia que hace más o menos valioso ese recurso.

Es un recurso estratégico que puede ser importante. Si asumimos, como creo que es correcto hacerlo, que existe un lazo político en el sentido que venimos usando el término entre gobernantes, intermediarios y gobernados, nos acercamos al terreno del clientelismo político” (p. 47).

El patronazgo

El patronazgo “describe una relación asimétrica en la que un patrón y un cliente intercambian bienes y servicios que son vistos como favores… El favor y el contra favor generalmente no se suceden de manera inmediata, de modo que [la relación] es una relación social más estable y sostenida en el tiempo” (p. 49).

“Estas relaciones establecen una reciprocidad entre individuos particulares más que unir a personas con organizaciones o articular roles en una trama institucional” Un ejemplo: “El líder se va a otra organización y la base se va con él/ella estaríamos en presencia de una relación personalizada entre el líder y la base” (p. 49).

“La idea de intercambio de favores más que de bienes también nos previene del excesivo foco de los bienes intercambiados. Más importante que lo que se da es quién y cómo lo da. El intercambio en las relaciones de patronazgo es un intercambio que puede parecer, a los ojos del espectador, completamente injusto. Sin embargo, para quienes están involucrados en la relación puede no serlo” (p. 50).

Clientelismo político y relaciones clientelares

En estas relaciones de intermediación las posiciones sociales adscritas y culturalmente sancionadas no pueden ser la fuente de prestigio del patrón. Su prestigio está basado en su capacidad de solucionar los problemas a sus clientes” (p. 52). Para seguir siendo un intermediario prestigioso se debe tener acceso a recursos que son escasos para sus seguidores y, tan importante como lo anterior, distribuirlos entre ellos” (p. 52).

“Plantear al intercambio clientelar como una relación de reciprocidad le quita mucho de los sórdido que puede tener para patrones y clientes. La reciprocidad crea un plano imaginario en el que patrones y clientes son iguales y establecen un intercambio justo desde esta igualdad imaginaria” (p. 56).

“Este marco es el del apoyo mutuo, el del reconocimiento del otro como alguien que está dispuesto a ayudarme y a quien estoy dispuesto a ayudar…Es un intercambio ricardiano, ofrezco aquello que me es abundante –tiempo– o que valoro relativamente pocovoto– por algo que es escaso y valoro más –viviendas, empleos “(p. 56).