Ciclos negativos

Con las recientes declaraciones del secretario de Gobernación respecto a que estamos sufriendo un “ciclo muy negativo de inseguridad”, queda de manifiesto que ahora el discurso oficial justifica la violencia del sistema como algo “natural”, como algo que proviene de la naturaleza puesto que se habla de “ciclos”, así como en economía se habla de crisis económicas cíclicas que teóricamente nadie puede impedir porque se originan por las “inescrutables y fatales” leyes de la economía neoliberal. El discurso ya no pretende encubrir la realidad, ni negar lo que es evidente a todas luces, el incremento sin precedentes de la violencia en el país en 2017, sino que ahora busca explicar que esta violencia es tan “natural”, como los ciclos climáticos o como los económicos.

A esta aberración hay que agregar las otras como la del Ejecutivo exhortando a los ciudadanos a que “no se dejen llevar por el enojo” ante la degradante situación que se vive día a día, y no vean los logros de su administración. Si hubiera logro alguno no existiría esa rabia social que mueve a los ciudadanos a organizarse y oponerse al despojo del agua en Mexicali a favor de una empresa transnacional, aunque se sufra la brutal represión policial, pues el logro es, según este discurso, lograr que los capitalistas extranjeros tengan garantías para invertir su dinero en empresas que se apoderan del agua, por encima de las necesidades básicas de la población mayoritaria.

También la estupidez discursiva, que de acuerdo con los expertos es fiel reflejo de la capacidad mental de quien la manifiesta, acaba de descubrir el hilo negro, al revelar que “la pobreza” es la principal causa de los problemas sociales que padecemos, o sea, se toma al efecto por la causa: la pobreza extrema a la que nos están llevando es el resultado del modelo neoliberal que se pretende imponer; y este modelo es el que genera pobreza, exclusión social, despojo de los bienes comunes, corrupción, delincuencia organizada, terrorismo de Estado, violaciones permanentes a los derechos humanos, asesinatos de periodistas y activistas sociales, degradación de las condiciones mínimas de vida, y un largo etcétera que los ciudadanos de a pie conocemos de sobra.


Si existen ciclos de violencia, estos ciclos se van dando in crescendo, aparejados a las reformas estructurales que justifican el despojo de las posibilidades mínimas de una vida digna; es decir, conforme el modelo neoliberal se radicaliza y genera mayor oposición, el poder público recurre a la violencia, ya sea abierta (como la reciente represión en Mexicali) o encubierta (como los asesinatos y desapariciones atribuidas a un supuesto crimen organizado). En definitiva son ciclos perfectamente planeados y ejecutados por los esbirros del capital. En este contexto se entiende que el reciente asesinato de Guadalupe Campanur, líder purépecha del ayuntamiento autónomo de Cherán, que ha defendido sus bosques y ha creado sus autodefensas populares, no sea un dato estadístico más que ilustra este “ciclo muy negativo de inseguridad”, sino que forma parte de las estrategias del terrorismo de Estado puestas en marcha para allanar el camino del despojo total a favor de los dueños del dinero, como lo han sido la desaparición de los 43 de Ayotzinapa, los ejecutados de Tlatlaya, las fosas clandestinas en Veracruz y Nayarit, las concesiones mineras secretas, los megaproyectos, las privatizaciones del agua, la electricidad y los energéticos, que hunden a México más.