Cheque sin fondos…

El día de mañana, miércoles 28 de agosto, se cumplirán 50 años de aquel memorable discurso en Washington, del Reverendo Martin Luther King, dirigiéndose a 250 mil personas (negros y blancos), reunidos ante el Memorial de Lincoln, en la mayor manifestación pacífica por los derechos civiles de gente de color en Estados Unidos. El discurso, emotivo y memorable, I have a dream… grabado en la conciencia y el corazón de las jóvenes generaciones que prosiguieron las luchas de liberación, no sólo en Norteamérica, sino en muchos países del llamado Tercer Mundo, es muy conocido, y sin duda será recordado y citado en estos días, como uno de los cantos más bellos surgidos de las aspiraciones profundas de la mayoría de seres humanos por un mundo fraterno, con libertad y justicia.

En la primera parte del discurso, menos citada que la segunda, Luther King, haciendo referencia al legado de Lincoln, como defensor de la igualdad entre todos los hombres que estaban construyendo una nueva nación que, supuestamente, pretendía encarnar los más altos valores de la lucha por la independencia de Inglaterra, expresados claramente en la Carta de los Derechos del Ciudadano, de la Revolución Francesa, compara el legado del presidente antiesclavista, con la entrega a la gente de color de un cheque o un pagaré futuro de justicia y libertad; pero a 100 años de distancia, el racismo, la segregación y la exclusión seguían persistiendo en la realidad, a pesar de las grandes declaraciones de la Constitución; el cheque no tenía fondos.

Esta idea del “cheque sin fondos” se puede aplicar muy bien a nuestra realidad: tanto la lucha de Independencia, como la Revolución, después de cobrar la vida de miles de mexicanos, ofrecieron un futuro prometedor, una sociedad igualitaria, libre y justa; y sin embargo, hasta ahora, los programas de ambas, se ha quedado en bellas y declaraciones (que ahora se quieren eliminar), nunca llevadas en la realidad de la mayoría de pobladores de este país, especialmente los más pobres, los marginados, los campesinos y los grupos indígenas que aportaron la mayoría de los muertos en ambas luchas; hasta ahora todo ha sido igualmente un cheque sin fondos. Es culpa de la globalización, de la economía internacional, de los problemas de mercado, de la falta de espíritu empresarial del mexicano, dirán los tecnócratas adoctrinados en las instituciones gringas, pero cada día, esas mentiras repetidas con diferentes palabras, con diferentes colores y en diferentes contextos, se revelan más falsas y fraudulentas.


Si las promesas de la Revolución no se han cumplido, ha sido por la codicia de unos pocos que con la fuerza de los fusiles se adueñaron del poder y luego empezaron a ofrecer y rematar las inmensas riquezas nacionales a los capitales extranjeros con el afán de enriquecerse ellos y quedar bien con sus “amos”; pero también ha sido culpa de nosotros, la mayoría excluida que sigue creyendo en las promesas incumplidas y en los cheques “sin fondos” que los candidatos entregan pródigamente antes de cada elección. ¿Hasta cuándo seguiremos creyendo en esas falsas promesas de que vendiendo todo el país estaremos mejor?




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