Castrar la esperanza

El tercer lunes de enero se celebra como día feriado en Estados Unidos, desde el año 1983, el aniversario del nacimiento del Dr. Martin Luther King. Este año la conmemoración correspondió al día 20 de enero. Se podría pensar de una manera muy superficial que se trata de un merecido reconocimiento a este incansable luchador por los derechos civiles de las minorías afroamericanas que desde el nacimiento de la “democracia ejemplar” de las Trece Colonias, quedaron señalados como ciudadanos de última categoría, junto con los pobladores amerindios. Si se revisa más allá de lo anecdótico mediático, la labor de Luther King se puede descubrir que este reconocimiento oficial no es otra cosa que una cortina de humo para esconder y tergiversar la radicalidad del mensaje de este enorme luchador social. Lo que él cuestionó mediante la desobediencia civil, no fue sólo la segregación racial, la desigualdad social y la falta de derechos civiles de los afrodescendientes, cuestionó de fondo el sistema económico que no sólo coloca en situaciones infrahumanas a las minorías domésticas, sino que invade países, se apropia de recursos, sojuzga a otros pueblos, fomenta la guerra y el armamentismo, los motores principales de su economía.

En su momento, Luther King denunció la barbarie irracional de la guerra de Vietnam y la falta de conciencia ética de un sistema que no dudó en arrasar aldeas completas, incluyendo a sus pobladores, con napalm, sólo para demostrar su voluntad de poder y su supremacía internacional. Seguramente, si su crítica y su desobediencia civil se hubiesen limitado a reivindicar los derechos de los negros dentro del territorio norteamericano, el sistema lo hubiera tolerado y hasta lo hubiera tratado de cooptar, pero cuando su denuncia tocó el origen de todos los males, el sistema económico criminal en sí mismo, los dueños del capital simplemente lo asesinaron y se encargaron de “canonizarlo”, de “mitificarlo” y hasta de dedicarle un día en su honor. No hay mejor manera de desarmar su discurso revolucionario que hacerlo mártir del fanatismo ajeno al sistema y después, ya muerto, destacar los valores que tienen que ver con la bondad, el gran corazón, la no violencia, omitiendo las partes que señalaron claramente a los verdaderos culpables de la violencia en todo el mundo.

En el contexto de creciente violencia deliberada, cuando se buscan alternativas de resistencia y se manejan alternativas “no violentas”, existe el peligro de confundir esta no violencia con la resignación, con la aceptación pasiva de lo que el sistema presenta como realidad, sin entender y asumir lo que implica la no violenta activa. La trampa del sistema consiste en fomentar el terror para generar una respuesta violenta, lo cual justifica una violencia más intensa e indiscriminada. Se trata de vaciar las comunidades, expulsar a los campesinos, a los indígenas, para que las transnacionales lleguen a ocupar y explotar todo, porque el dios dinero/ganancia no se detiene ante nada, ni ante el valor de la vida humana, ni ante el frágil equilibrio de la biósfera. La no violencia de Gandhi, de Luther King, de César Chávez, de Hélder Câmara, de Lanza del Vasto, implica un cambio radical de la conciencia y de la forma de vida personal de cada uno y trasciende a la vida colectiva; se trata de romper con la idea de vida y felicidad que son el espejismo–zanahoria que la sociedad de consumo impone.