Cámaras, drones, parquímetros y teleféricos

Los ritmos de la “modernidad” en Tlaxcala son disímbolos a los del resto del país, al resto de los “otros”, de aquellos que son “extraños”, a “esos” a los que la “fuerza indomable de Tlahuicole” logró, momentáneamente, vencer.

La historia de Tlaxcala está marcada por la diferencia, es la micro nación distinta, distinguida, es la cuna del mestizaje, el sitio donde se sostuvo la “república de indios”, donde se “fundió el acero y el plumaje” y fue “la raíz de la nación”. Una nación que se consolidó a partir de la migración de las 400 familias.

Tlaxcala ha entrado a la “modernidad” a su propio ritmo, sin dejar de ser tradicionalmente indígena, pero sin ser plenamente mestiza o criolla.


Tlaxcala es un sincretismo romántico en el que conviven sin problema las festividades cívico–religiosas, tanto de influencia indígena como colonial: los tapetes de Huamantla o jueves de Corpus, la noche que nadie duerme, la Huamantlada, la fiesta de la virgen de Ocotlán, las ferias, la partida de las 400 familias, el carnaval con sus camadas de huehues, las fiestas patronales en cada municipio y sus respectivos moles, así como la fiesta brava.

Tlaxcala es quizá la fusión culinaria más lograda del orbe indígena y colonial, sin problema se come todo lo derivado de sus 12 razas de maíces nativos. Tlacoyos, ayocote, escamoles, sopa de hongos, crema de huitlacoche, moles en variedad, pipián de venas, chilpoposo, tlatlapas o quintolines hasta la paella, esta última incluso ha sido considerada el platillo representativo en la Feria de Tlaxcala.

En la entidad se bebe desde el pulque y mezcal hasta el vino tinto, la cerveza artesanal y comercial, sola o en michelada: acompañada de salsas, clamato, camarón y pulpo. En algunos sitios se puede beber con frutas, tamarindo, mango, solo chile y hasta con gomitas de dulce, esta última llamada también “gomichela”.

Tlaxcala no es indígena, pero tampoco es mestiza o criolla, o todo depende del contexto, la situación y la festividad para que su población defina su autoadscripción. Pesa, y mucho, el mito de la traición, se debe cuidar y, muy bien, dónde, cuándo y ante quién se acepta ser tlaxcalteca.

Lentamente, en la última década, Tlaxcala y su población indígena, mestiza y criolla experimentó la “modernidad”, la incursión de empresas alimenticias transnacionales, Burger King, Kentuky, Pizza Hut y Domino´s Pizza.

Posteriormente llegaron las mega plazas, con ellas, las famosas escaleras eléctricas, además de Cinépolis, Fábricas de Francia, Cinemex, Chili´s, Italianni´s, Starbucks y Liverpool, esta última tienda departamental convocó bajo el lema “porque las raíces nunca se pierdan” a la población a reunirse en el patio central de Plaza Galerías el día 10 de febrero a las 6 de la tarde para que acompañe la danza de los huehues.

Tlaxcala ha alcanzado un parque vehicular por encima de estados como Colima, Nayarit, Campeche y Zacatecas. Según el Inegi circulan un aproximado de 419 mil 766 automotores. Este flujo se vuelve cada vez más caótico por la infraestructura urbana de la ciudad capital, la cual mantiene hasta cierto punto una estructura colonial, nada funcional para un flujo automovilístico de una urbe de tamaño medio. No por ello, es fundamental para el gobierno local repensar la infraestructura urbana y el desahogo del flujo automovilístico por las calles del centro. Pero, contrariamente, las autoridades se han vanagloriado de la moderna y lujosa operatividad de sus parquímetros instalados en el centro de la ciudad. Sostuvieron que son “máquinas de alta tecnología, su sistema es táctil y también puede activarse por voz en cuatro idiomas (español, inglés, francés y náhuatl) y están hechos en México. Emblemático que, en Tlaxcala, los parquímetros incluyan el idioma náhuatl.

Si se trata de identificar al “otro”, los tlaxcaltecas suelen ser expertos, algunos dicen olfatear al “extranjero”, saber, a lo lejos, que “ese” o “esa” no es uno de “ellos”. Puede ser un avecindado, alguien de fuera al que hay que observar, vigilar siempre, porque el “extranjero” siempre trae problemas a la entidad.

No es fortuito que, en el discurso de las autoridades, la violencia y la inseguridad suelen venir de fuera. Las autoridades han visto con buenos ojos el proceso de vigilantismo que realiza la sociedad tlaxcalteca, ya que favorece a mantener el orden y la paz en la región. A la par del vigilantismo, las autoridades municipales han presentado a la población alternativas muy modernas para vigilar, prevenir el delito y mantener la tranquilidad en la ciudad de Tlaxcala, esta alternativa son los drones. El director de Seguridad Pública municipal explicó, recientemente, que los drones “son de tecnología avanzada, con capacidad de vuelo de 8 kilómetros en línea recta con velocidad de hasta 115 kilómetros por hora, equipados con lentes de visión nocturna y otras características que los convierten en una importante herramienta de prevención contra la inseguridad”.

La edil de Tlaxcala también resaltó la efectividad de los drones: “nadie creía en mis drones y han sido una maravilla, abarcan todo el municipio, si me los piden prestados, adelante. Hay drones para apagar incendios, voy a ver cuánto cuestan para ver si se puede adquirir alguno”.

Los drones no son la única alternativa moderna para mantener la seguridad y la paz en la entidad, la edil sentenció que incrementará la instalación de cámaras de vigilancia en los municipios, más sentenció que “en muchos lugares estoy informando la instalación de cámaras de vigilancia, no en todas las comunidades, en San Lucas Chuauhtelulpan sí, porque es un lugar con características muy específicas y por eso necesitaba que la gente supiera que ya hay cámaras, porque los mismos delincuentes son de por ahí. Los demás lugares donde hay cámaras no los voy a decir porque esa es la estrategia nuestra…”

La modernidad turística se asoma en la entidad, la edil planea construir un teleférico para que los visitantes, los “otros”, puedan observen desde arriba la ciudad, puedan apreciar su toque prehispánico –colonial, quizá es buena la idea, pues ante el gran parque vehicular de la ciudad, la ausencia de muchos puentes peatonales y la pésima infraestructura de semáforos y señalamientos, es mejor sólo aprecien desde las alturas la ciudad.

Los ritmos de la “modernidad” en Tlaxcala son disímbolos a los del resto del país, al resto de los “otros”, de aquellos que son “extraños”.

La historia de Tlaxcala está marcada por la diferencia, es la micro nación distinta, distinguida, es la cuna del mestizaje, el sitio donde se sostuvo la “república de indios”, donde se “fundió el acero y el plumaje” y fue “la raíz de la nación”.

Quizá por ello, cobra relevancia que a la Facultad de Antropología de la Universidad Autónoma de Tlaxcala le preocupe su ecléctica “modernidad”, anhele revivir su enclaustrada república indiana, reencontrarse en su periodo de oriunda convivencia anclada en la construcción de otredades, significarse con la gloriosa época del “nosotros” y los “otros”. Debe ser significativo querer explicarse a partir de la diferencia, verse a sí mismos y entenderse en los ritmos de su propia “modernidad”.