Bully, bully

SNTE acepta convocatoria de la CEDH

Propuesta para confirmar una idea

Varias categorías para un mismo fenómeno


Te imaginas qué fregones los científicos que inventaran una medicina para curar una enfermedad que todos saben que existe, pero nadie tiene el conocimiento de cuáles son sus signos, sus síntomas, cómo se diagnóstica y por tanto cuáles son las variables que pueden intervenirse para modificarlo, pero de qué se cura se cura, pregunta la Malinche.

Estás loca o qué, le responde la Xóchil, nadie puede inventar algo para curar lo que no se conoce, estás como los merolicos del tianguis –perdón los licenciados en naturopatía– que anuncian medicinas para curar todas las enfermedades, pero que no funcionan, aunque hay personas que ponen toda su fe y su esperanza en ello y a veces ocurren milagros.

La Sábila les explica que este tipo de medicina, como muchas de las llamadas terapias o medicina alternativas, funciona como placebo: “es un sustantivo con raíces en un verbo latino, que se utiliza para hacer mención a la sustancia que carece de acción terapéutica por sí misma pero que, de todas formas, produce un efecto curativo en el paciente. Esto es posible ya que quien la ingiere, lo hace convencido de que posee propiedades beneficiosas para su organismo.”

El primero que compró la medicina que ofrece la CEDH para el “maltrato entre iguales” fue el líder de la sección 31 del SNTE, asegura la Xóchil,  J. Carmen le dijo a Víctor Hugo de La Jornada de Oriente que “los mil 300 planteles de enseñanza básica de la entidad entrarán al programa de certificación como Escuela Libre de Bullying que diseñó la Comisión Estatal de Derechos Humanos (CEDH).”

Desconoce los parámetros de la CEDH

En cambio, destaca la Sábila,  el secretario  de Educación ni siquiera lo pela: “Aseveró que su administración no dará indicaciones a los planteles de enseñanza para que participen en la convocatoria para la certificación de Escuelas Libres de Bullying que emitió la Comisión Estatal de Derechos Humanos (CEDH), si antes no conoce los parámetros que tomará en cuenta el organismo para otorgar el reconocimiento.”

Ahí está el problema, apunta la Malinche, la CEDH emite una convocatoria dando por hecho los resultados de su “Informe especial número: 01/2013 sobre violencia escolar, en su particularidad de acoso escolar, violencia entre iguales o bullying en el estado”, que aunque pretende ser un trabajo de investigación, más bien es una propuesta para confirmar una idea preconcebida.

La Sábila destaca que en el  “Análisis general de los resultados obtenidos del instrumento para alumnos” se muestra que el 88 por ciento de los estudiantes encuestados sí refiere la  “existencia general de bullying en escuelas públicas entre adolescentes de 13 a 15 años de edad en el estado”, lo cual resulta inverosímil, simple y llanamente si se compara con los resultados obtenidos en los dos estudios del defensor del pueblo español realizado en 1999 y 2006.

El trabajo realizado por la CEDH es valioso pero no puede ser tomado en cuenta más que como una exploración muy superficial por consideraciones de carácter teórico y sobre todo metodológico, apunta la Malinche y recuerda que en el informe del defensor del pueblo español se anota: “En cuanto a la aplicación de los cuestionarios… otro aspecto a tener en cuenta es que, en el caso particular de la conducta de acoso o maltrato entre compañeros, puede resultar delicado preguntar a toda la clase a la vez. Las razones de esta afirmación son variadas. En primer lugar, la probabilidad de que agresores y víctimas estén juntos a la hora de contestar el cuestionario es considerable (IDP–U, 2000). Por otro, las condiciones grupales pueden afectar a la sinceridad con la que se conteste el cuestionario. Finalmente, cuando la persona que aplica está vinculada al centro pueden aparecer efectos distorsionantes, no necesariamente intencionales. En este sentido, nos parece que la aplicación llevada a cabo en el estudio de Pareja (2002) sería la más deseable. En todo caso, es difícil de evaluar el impacto que las diferentes variantes de aplicación grupal utilizadas pudieran tener en los correspondientes resultados.”

Pero volviendo a la dimensión del problema, según la Xóchil, en la revisión que hacen José Luis Benítez y Fernando Justicia, en su trabajo “El maltrato entre iguales: descripción y análisis del fenómeno (Revista Electrónica de Investigación Psicoeducativa, No. 9, Vol. 4 (2), 2006, (pp. 151–170) refieren que: “En España son muchos los estudios realizados y que ofrecen datos sobre el fenómeno. Comenzamos por destacar el Informe sobre Violencia Escolar promovido por el Defensor del Pueblo (AA.VV., 1999). El estudio se llevó a cabo en el ámbito nacional con alumnos de educación secundaria y en el mismo se señaló una tasa de víctimas próxima al 7 por ciento y una de agresores  próxima al 5 por ciento. Avilés y Monjas (2005), quienes realizaron una investigación en la que participó alumnado de 12 a 15 años de edad, señalaron que el 11.6 por ciento de los  alumnos participantes se había visto implicado en situaciones de abuso. De éstos, el 5.7 por ciento fue víctima y el 5.9 por ciento agresor.

El estudio propiciado por el Centro Reina Sofía (Serrano e Iborra, 2005) también de carácter nacional y con una muestra de alumnos entre los 12 y los 16 años de edad, presenta mayores índices de afectación. Así, los autores afirman que el porcentaje de víctimas se eleva al 12.5 por ciento, mientras que de agresores aumenta hasta el 7.6 por ciento. Por último, destacamos un estudio realizado en la ciudad autónoma de Ceuta (Ramírez, 2006) entre alumnos de primaria y secundaria, el que se pone de manifiesto unos niveles parecidos a algunos de los comentados anteriormente, situándose la tasa de afectados por  el maltrato en el 10.5 por ciento; 6.4 por ciento victimas, 3.1 por ciento agresores y uno por ciento agresores–victimas”.

La moda de las declaraciones

El problema, como dijo la Malinche, recuerda la Sábila, es que el trabajo no pretende conocer el problema sino confirmar la moda de las declaraciones sobre la existencia del bullying, veamos las preguntas del cuestionario de la CEDH: “De las siguientes afirmaciones, numera del 1 al 5, cuáles son las formas frecuentes de violencia en esta institución, toma el número cinco como el más recurrente y el uno como el menos recurrente:… 2. Me han hecho bullying en este curso.” Es decir, pregunta para confirmar.

A diferencia del cuestionario del defensor del pueblo español: “A continuación aparecen una serie de situaciones que pueden estar sucediendo en tu centro a algún compañero o compañera, que no seas tú, de forma continua desde que empezó el curso. Rodea con un círculo una respuesta en cada línea…”

Pero es que la CEDH ya sacó la convocatoria para el proceso de certificación de escuelas libres de bullying, destaca la Malinche y acota: fundado en el informe especial sobre violencia escolar, en su particularidad de acosos escolar, violencia entre iguales o bullying en el estado”.

Esa es una primera limitante, el uso de diferentes categorías conceptuales para referirse al mismo fenómeno, apunta la Sábila: “definir el maltrato entre iguales no es tarea sencilla, y aún menos, conseguir una definición consensuada entre los investigadores del fenómeno. Sin embargo, y a pesar de las muchas definiciones ofrecidas, podemos afirmar que la mayor parte de ellas comparte una característica común: señala al maltrato entre iguales como una conducta especifica del comportamiento agresivo (Espelage y Swearer, 2003).

Otro problema, según la Xóchil, es que el informe confunde el proyecto con el informe de investigación, el informe de investigación con el proyecto de intervención, y el proyecto de intervención con el marco legal, lo que se refleja en los resultados. No existe un marco de referencia ni teórico ni conceptual con relación al “maltrato entre iguales” que es la traducción “académicamente aceptada” del bullying, a diferencia del mobbing que se refiere al acoso escolar.

Lo que lleva a la Malinche a recordar la anotación que hace el mismo informe especial: “señalar que los resultados obtenidos de la aplicación de los instrumentos de medición utilizados en el diagnóstico sobre violencia escolar, en su particularidad de acoso escolar, violencia entre iguales o bullying en adolescentes, arrojan datos para un estudio preliminar que, como primer acercamiento al tema, únicamente se enfoca en conocer la presencia y situación que guarda el bullying en adolescentes (más adelante se detalla la limitación del universo muestra).”

Por eso llama la atención, destaca la Sábila, que el secretario de Educación diga que: “en el caso de Tlaxcala, durante el ciclo escolar que está por terminar sólo tiene conocimiento de tres casos de bullying que se registraron en planteles de los municipios de Zacatelco, Texoloc y Huamantla, por lo que insistió en que “no hay una estadística ni en el estado, ni en el país” de los casos de agresiones entre alumnos.” Si el dato del secretario es real, todas las escuelas alcanzarán la certificación como escuelas libres de bullying, lo que sería una tomadura de pelo o como dicen los mismos chamacos, no es bullying sino burling.




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