Biopolítica

La Biopolítica o la política que tenga por objetivo final la defensa y promoción de la vida, es el término que ha propuesto en diversas ocasiones Víctor Toledo, para resignificar y reorientar el conjunto de acciones necesarias dentro de la vida en sociedad, destinadas a asegurar no sólo la convivencia armónica entre las personas, sino principalmente el acceso de todos los ciudadanos a las condiciones vitales básicas para la vida humana: el acceso a un ambiente sano, no contaminado, el acceso al agua limpia, el acceso a alimentos sanos y nutritivos, a la disposición de energía limpia y barata, y a un ambiente de seguridad. Todo esto está muy lejos de las ofertas políticas de los miles de candidatos que buscan colgarse al presupuesto en este proceso electoral. Salvo raras excepciones, todos prometen crecimiento económico, combate frontal al crimen organizado y a la corrupción, empleo, seguridad, defender lo ganado y seguir viviendo en el modelo al que nos han acostumbrado.

En definitiva, son propuestas más directamente relacionadas con una “tanatopolítica”, una política de muerte, cuyo objetivo es la concentración de la riqueza en unas cuantas manos, excluyendo a los “prescindibles”, que vienen a ser las tres cuartas partes de la humanidad. Está claro que la mayoría de ofertas demagógicas van orientadas a defender el mismo modelo depredador que venimos padeciendo desde la década de los años ochenta del siglo pasado: primacía del capital por encima de la vida, que era en su origen el centro de la política. La política concebida como una herramienta al servicio del capital, no toca los problemas fundamentales que ha generado y que nos afectan directamente, mismos que se reducen a uno solo: la violencia, expresada como asesinatos selectivos o indiscriminados, guerras o revueltas en contra de gobiernos que no se pliegan a las disposiciones del FMI o de la OMC, o que protegen sus recursos contra la voracidad del capitalismo “globalizado”, corrupción, servilismo y entreguismo de los funcionarios públicos, desmantelamiento de las conquistas laborales, combate y destrucción de las culturas campesinas e indígenas que defienden sus formas de vida que se escapan de la esclavitud del mercado y sobreviven como alternativas viables diferentes al modelo depredador, combate a las formas de vida alternativas saludables que no se someten a la extorsión de las industrias farmacéuticas y agroalimentarias. Nunca como ahora, las campañas mediáticas electoreras se han descarado tanto como para tratar de meter miedo a los ciudadanos para perder las pocas migajas que el sistema deja caer de las mesas colmadas de los dueños del capital: no busques el cambio porque vas a perder todo lo que tienes (las migajas), y han llegado incluso a exhortar a que los mismos ciudadanos se encarguen de asesinar a aquellos que proponen un modelo, si no radicalmente diferente, por lo menos un modelo que retroceda unos pasos atrás del abismo al que estamos a punto de caer. Es el momento de decidir construir desde abajo, desde la ciudadanía, una verdadera Biopolítica, pues los dueños del dinero y de las armas, junto con el séquito de políticos serviles, nunca lo harán; por el contrario, siempre combatirán todo aquello que denuncie, cuestione y revele la verdadera cara de su modelo, presentado como el único posible: la muerte y destrucción de la vida.