AL BORDE DE LA LOCURA

El liberalismo otorga al individuo la potestad de elegir y por ese acto brinda al otro la representación. El representante difícilmente se asume como representante de algo y opta por representarse a sí mismo.

El Congreso local se integra por 32  diputados, de los que un partido político tiene el 37.5 por ciento, lo que significa que representa a la minoría más fuerte y se plantea la posibilidad de conformar una fuerza más amplia.

El partido que le sigue en representación tiene el 18.75 por ciento, el otro 15.62; tres de ellos alcanzan el 6.25 por ciento cada uno y tres más el 3.125 por ciento, lo que significa que hay una diferencia sustancial entre el primero y todos los demás.


La fragmentación en la representación popular hace que los partidos políticos se planteen la necesidad de acuerparse todos en contra de la minoría más fuerte; sin embargo, esto no es tan fácil porque se produce un desencuentro de intereses.

Una primera posibilidad es que la minoría más fuerte pueda incrementar su fuerza con uno de 6.25 puntos y dos de 3.125 por ciento, lo que significaría que de antemano pueda sumar la mitad de los integrantes del Congreso.

La minoría más débil puede coincidir en la necesidad de actuar juntos en la mayor parte de las decisiones; sin embargo, con uno que decida no hacerlo se pierde automáticamente el equilibrio de las fuerzas.

Uno de los problemas que se planteará en el Congreso local es que algunas de las minorías más pequeñas consideren que tienen la fuerza simbólica para asumir el liderazgo y subordinar ante sí mismos al segundo y tercer lugar.

Lo más probable es que algunos de los que representan la cuarta minoría descubran que pueden jugar el papel de bisagras y vender cara su alineación, lo que sin duda dejará fuera a las minorías que se visualicen con cualquier otra posibilidad.




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