Agroecología: respuesta al futuro

Se acaba de presentar en España el libro Las cosechas del futuro: cómo la agroecología puede alimentar al mundo, de Marie Monique Robin, periodista, investigadora y militante francesa que se ha dedicado a demostrar la lógica perversa de las transnacionales de la alimentación en dos libros anteriores: Nuestro veneno cotidianoEl mundo según Monsanto.

El nuevo libro fue presentado en España no por casualidad, sino porque España se ha convertido desde hace varios años en la punta de lanza del imperialismo agroalimentario, logrando autorizaciones para sembrar transgénicos y para emplear agrotóxicos prohibidos por el resto de la Unión Europea, al colocar en puestos del gobierno a sus empleados incondicionales, como es el caso de la ministra de Medio Ambiente que fue (y sigue siendo empleada de Monsanto). Los resultados no se han hecho esperar: incremento de la infertilidad en las parejas, aumento de la obesidad, la diabetes y todo tipo de cánceres, debido a la ingesta en los alimentos conteniendo residuos de hormonas sintéticas, fertilizantes y pesticidas que no se detectan por las laxas normatividades y procedimientos de análisis. Esta forma de actuar de los consorcios transnacionales queda ampliamente ilustrada en un video–investigación que recorre todos los torcidos caminos de las transnacionales para engañar a los consumidores, influenciar y presionar a los políticos para que dicten leyes a su favor, para comprar conciencias de seudoinvestigadores capaces de mentir y cambiar las evidencias científicas; todo ello en el nombre de la ganancia y la rentabilidad (http://www.ecoportal.net/Videos /Como nos  crean adiccion al Azucar. El negocio de engordarnos).

Aunque mucha de esa información ya se conocía, pues había sido difundida en las dos primeras obras, el nuevo libro aporta elementos que permiten comprender mejor el futuro inmediato de los alimentos: la premura de las transnacionales por adueñarse de todos los eslabones de la cadena productiva de alimentos es porque la producción de los hidrocarburos, base de la mecanización, la producción de fertilizantes, agrotóxicos y procesos de industrialización, viene en declive, lo cual ya se refleja en el constante incremento del precio de los alimentos procesados y, por lo tanto, una actividad condenada a desaparecer, lo cual implica explotarla al máximo, antes de su muerte.


La otra aportación importante es el haber verificado en todo el mundo que la producción de alimentos bajo sistemas campesinos tradicionales, caracterizados por su biodiversidad, por su adecuación a las condiciones de la naturaleza, gracias al profundo conocimiento de sus ciclos; todo ese cúmulo de saberes y prácticas, condenadas por la modernidad y que hoy se agrupan bajo el concepto de “Agroecología”, es la solución que la porción mayoritaria de la humanidad ha mantenido en todos los países del mundo para asegurar su alimentación. Tenemos que regresar a esos sistemas, tenemos que conocerlos y practicarlos, antes de que sea tarde, pues la consigna sigue siendo desaparecer todo vestigio de autonomía alimentaria.




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