Agresiones contra niños y mujeres migrantes, denuncian activistas

Elías Dávila Espinoza, responsable del albergue La Sagrada Familia, informó que durante el transcurso de los primeros meses de 2017 se han cometido alrededor de cuatro casos de agresiones en contra de migrantes a bordo del tren, en territorio tlaxcalteca, principalmente en la zona de Huamantla. Foto:Alejandro Ancona/La Jornada de Oriente

“¿Por qué me van a matar?, solamente soy un niño”, preguntó el hondureño de 9 años de edad al hombre encapuchado que le apuntaba con un arma en la cabeza, cuando él y su madre fueron forzados a saltar del ferrocarril a su paso por tierras tlaxcaltecas.

En días pasados, 10 centroamericanos viajaban a bordo de La Bestia. “Ocho de ellos se aventaron hacia los terrenos, en Huamantla; empezaron a correr y a esconderse”, informaron voluntarias del albergue La Sagrada Familia, quienes recopilaron testimonios de estas personas que solicitaron auxilio.

Los centroamericanos expusieron que unos hombres “que estaban en el tren hicieron seis disparos, tres al aire y el resto al piso. Las primeras balas hirieron a dos de sus compatriotas, creen que uno de ellos murió, pero no tienen certeza y el otro recibió el proyectil en la mano”.


“Comentan que uno de sus paisanos fue secuestrado y el otro fue al que supuestamente mataron, pero no saben dónde quedó su cuerpo. De ellos no hay datos más que lo que vieron quienes lograron ponerse a salvo”, indicaron las fuentes.

El migrante que sobrevivió –agregaron– permaneció tres días en el albergue y se fue. Pero de ese grupo de 10 que viajaba en el mismo ferrocarril, ocho llegaron a pedir refugio y a los otros dos los reportaron como desaparecidos.

“Los migrantes caminaron tres horas hasta Apizaco –indicaron– y uno de ellos ingresó a nuestras instalaciones con una bala en la mano derecha”.

La madre centroamericana dio su testimonio “de que a su hijo le pusieron la pistola en la cabeza. Él preguntó por qué lo iban a matar si solamente era un niño y lo que hizo la persona que le apuntaba con el arma fue retirarse, pero tenía la cara encapuchada”, refirió.

“Todo eso ocurrió arriba del tren. Interpusieron una demanda, pero hasta ahora no hemos visto respuesta. Sigue la impunidad. En este caso, el albergue solo tiene los dichos de esas personas atacadas”, comentó.

Afirmaron que el menor de edad se encontraba bien y que narró el suceso “como si se tratara de una aventura”. Las jóvenes voluntarias de esta casa para migrantes añadieron que una queja constante de esta población en tránsito es que los ataques son cometidos por parte de custodios, garroteros y policías.

“Les quitan sus cosas y no los dejan que se suban al tren. Los violentan física y verbalmente”. Hace unos días llegó una mujer vestida de hombre “para salvarse de las agresiones físicas por parte de mexicanos y de los mismos migrantes. Fue como una máscara que ella usó para evitarlas”.

Anotaron que en marzo llegaron cinco mujeres a esta casa, dos de ellas trasbordaban autobuses. Una de origen guatemalteco ingresó con su hijo e hija, de cinco y seis años. “Ella pretendía entregarse al (Instituto Nacional de) Migración en Ciudad Juárez, Chihuahua, para no pasar el desierto con esos niños. Las otras viajaban solas. Todas con destino a Estados Unidos”.

Se quejan de agresiones cometidas en Tlaxcala

“Las y los migrantes quieren un trato como personas, no como objetos ni como delincuentes, porque ellos van en busca de una mejor calidad de vida. Dicen que no están de acuerdo con la violencia que viven en México, principalmente en Tlaxcala y en la frontera”, indicaron.

Elías Dávila Espinoza, responsable del albergue La Sagrada Familia, informó que durante el transcurso de los primeros meses de 2017 se han cometido alrededor de cuatro casos de agresiones en contra de migrantes a bordo del tren, en territorio tlaxcalteca, principalmente en la zona de Huamantla. Lamentó que continúen los ataques hacia esta población, pues “hay que hacer mucha consciencia, a pesar de que se realiza mucho activismo a favor, la situación sigue igual, no hay mejoría ni respeto a sus derechos”.