Adiós a alta burocracia

Vergüenza le debería dar a la alta burocracia por tener sueldos de millonarios cuando hay más de 53 millones de pobres en todo México. La anunciada política de austeridad pretende romper las inercias en la forma en que la administración pública ha desviado el objetivo central de lo que es el servicio público, la mayoría de los que buscaban hueso es porque detrás existía la idea de que un puesto en la burocracia les permitiría obtener ingresos que le daría para vivir como ricos a costa del erario público. Según los datos dados conocer recientemente, existen entre 22 mil y 30 mil burócratas que ganan más de 100 mil pesos al mes, el caso de los magistrados de la Suprema Corte de Justicia de la Nación raya en el abuso, ocurre lo mismo con los funcionarios de la SHCP o de las subsecretarías, direcciones, direcciones adjuntas. Entre muchos huesos se han repartido el pastel de los mexicanos.

Al realizar el análisis del actual presupuesto de ingresos y egresos solo de la Federación, se observa que una gran parte del recurso público se gasta para el pago de la deuda, pago para pensionados, lo que aún queda del Fobaproa y los gastos de operación; la mayoría del recurso no se destina para inversión pública, la mayoría se queda para los irreductibles, eso significa que la cantidad de dinero se queda en pagos y no en inversión, por eso no es casual que en 30 años no se haya construido o dado mantenimiento a las famosas refinerías o que no se hayan construidos y puesto en marcha universidades públicas o que el sector salud no haya dado un salto cuantitativo en la prevención y atención de calidad o que la infraestructura de educación básica siga lejos de tener condiciones óptimas para coadyuvar a elevar la calidad de los aprendizajes de los alumnos.

Haciendo un comparativo, tan sólo en el año 2013: 32 por ciento del gasto se ocupaba para el pago de salarios; 14 por ciento para pensiones; gasto de operación 18 por ciento y tan sólo el 13 por ciento para todos los programas sociales. En otras palabras, de cada peso que obtiene la Federación, 77 centavos se van para gasto corriente, pero de esos 77 centavos 32 de ellos se van a salarios, mientras que de un peso gastado tan sólo 23 van a inversión pública. Se gasta más en pagar a la burocracia que lo que se destina a inversión y muy por encima de lo que se destina a programas sociales, incluidos salud, educación, entre otros.


De hecho, el trasfondo de la política de austeridad es modificar el gasto público y revertir la tendencia de décadas, es decir, que haya más recursos para inversión pública o que al menos se pueda ampliar recurso para programas sociales como el del adulto mayor y los jóvenes becarios. Por eso es que el próximo gobierno federal ha puesto como uno de los ejes de su administración bajar salarios, quitar prebendas, recortar subsecretarías, despedir a la tremenda corte que acompaña a los funcionarios, pues de ahí se podrían obtener ahorros sustantivos, sin que haya por ahora necesidad de aumentar impuestos, la sola reorientación del presupuesto traería efectos positivos sobre todo en inversión pública.

En ese sentido, la política de austeridad es un golpe a la alta burocracia, pero es un respiro para las finanzas públicas. A diferencia de la idea de que el triunfo de Andrés Manuel sería un regreso al pasado, esta estrategia no se basa en el crecimiento de la burocracia y en la generación de empleos por parte del gobierno, sino por el contrario recortar abusos para distribuir mejor la riqueza nacional, sin necesidad de déficit fiscal.

Nadie está en contra de que la burocracia tenga salarios dignos, pero de eso a que haya una abismal diferencia entre la alta burocracia y la base trabajadora es lo que avergüenza, por eso las descalificaciones que ha merecido la política de austeridad no tienen argumentos, afirmar que los altos salarios garantizan la autonomía, eficiencia, eficacia y libertad para tomar decisiones es una barbaridad, el funcionario tiene la obligación de servir con salarios estrafalarios o con salarios acordes a una sociedad que históricamente ha vivido la desigualdad.

Los países ricos y con indicadores muy altos de bienestar tienen una burocracia sólida de clase media que hace su trabajo atendiendo el principio de servicio público y no servirse del servicio público, eso hace diferencia. En países como Nueva Zelanda, las políticas de distribución de la riqueza establecen que la máxima diferencia salarial no debe nunca rebasar si acaso seis veces el salario de los que menos ganan, eso permite tener una clase media pujante y una tendencia a la igualdad de oportunidades y capacidades. Seguramente vendrán más críticas a la propuesta del virtual presidente electo, pero la mayoría de los mexicanos tendrá un alivio colectivo al saber que la alta burocracia dejará de vivir con los recursos generados por el pueblo de México. Adiós a la alta burocracia.

Mientras en Tlaxcala el gobernador anunció el relanzamiento de su gobierno, en efecto se comprueba que hay cambios sin rupturas, más que una sacudida estamos observando un simple reacomodo en el tablero, los mismos en nuevas posiciones, si ese es el cambio de timón, les esperan más diluvios.

Entre tanto, el calor aumenta provocado por la canícula, según los relatos es el tiempo más cálido del año… seguirán los calores. Ver para creer.