Aborto legal o aborto clandestino

El momento histórico que vive Argentina ha impulsado una movilización a nivel internacional para visibilizar la necesidad de discutir la despenalización del aborto en países donde aún se continua sancionando a las mujeres que deciden interrumpir un embarazo, o de forma imprudencial o espontánea llegan a los centros de salud solicitando la atención debida y por el contrario se les trata como asesinas. América Latina es una de las regiones donde más se sufre la penalización del aborto, debido a la dupla Estado–iglesia que perpetúa la clandestinidad; el aborto es legal solo en cuatro países de AL: Uruguay, Guyana, Cuba y Puerto Rico.

Por su parte, la mayoría de países europeos están normados por diferentes leyes que regulan plazos, los cuales van desde las 10, 12, 18 hasta las 24 semanas de gestación como el caso de Holanda; con ello, ha disminuido la tasa de mortalidad a causa de un aborto en condiciones riesgosas.

El aborto es un tema de igualdad que debe abordarse desde la perspectiva de género, es un derecho de las mujeres a decidir sobre nuestros propios cuerpos, es un tema de cómo garantiza la salud y la vida de las mujeres en el sistema de salud; y no debería abordarse desde las imposiciones patriarcales, moralistas o filosóficas, ya que de mantenerlo en la clandestinidad lo más seguro es que seguirá siendo la muerte de mujeres y niñas que no tienen la posibilidad de costear esta práctica de forma segura, porque el personal médico actúa desde la doble moral, si es que obtienen una ganancia entonces no existe impedimento al respecto; pero sí muestran oposición si es libre y gratuito, pareciendo que desconocen la realidad que muchas mujeres y niñas viven al buscar la interrupción de un embarazo no deseado de cualquier manera.


La penalización del aborto hacia mujeres en la pobreza mantiene que sean quienes mueren, mujeres de clase media y alta lo hacen porque pueden pagar para hacerlo de forma segura, aunque aun clandestino, las mujeres pobres lo pagan con su vida.

Cuidarse o no cuidarse, cerrar las piernas, informarse, usar condón, métodos anticonceptivos, han sido los discursos que usan quienes se oponen a la despenalización; sin embargo, cuando se le niega la información científica y laica es responsabilidad del Estado; en estos planteamientos el problema es otra vez de las mujeres, se invisibiliza la violencia sexual masculina a la que miles de mujeres desde edades muy jóvenes son sometidas, la falta de información en general a la población que considera infalibles los métodos para evitar un embarazo, además del enorme peso que aún persiste sobre la maternidad.

El que no sea una práctica deseable no significa que no suceda, mujeres de todas las clases sociales, económicas y etnográficas; mujeres de todas las edades, principalmente mujeres jóvenes y niñas, quienes además son obligadas a poner en riesgo su vida al continuar con un embarazo no deseado, lo que puede ser catalogado como tortura sexual, ya que nadie puede decidir sobre el cuerpo de otra persona, esto es muestra de la falta de autonomía sobre nuestros cuerpos que existe en nuestra actualidad.

Mediante solicitud de acceso a la información a OPD Salud de Tlaxcala con número de folio 00284618 se informó que de enero a mayo de este año se atendieron 38 casos de violencia sexual en 18 municipios del estado y dos casos de Puebla, de los cuales sólo se ha reportado una Interrupción Legal del Embarazo (ILE), además de reportar sólo dos durante 2017; sin embargo, en ninguno de los casos desagregan la información por edad.

En su informe “Violencia sin interrupción”, GIRE informa que en los casos de mujeres que han dado acompañamiento en diversos estados del país, ha sido frecuente el mal trato y la revictimización por parte tanto del personal de salud como ministerial que consideran estar facultados para castigar y humillar a las mujeres que no cumplen –desde su perspectiva– con el mandato de género que indica que, antes que otra cosa, las mujeres deben ser madres.

No se trata de estar a favor o en contra, sino de comprender que esta realidad es parte de las problemáticas que vivimos las mujeres todos los días, es un tema de salud pública, así de cómo las niñas y mujeres se ven obstaculizadas para ejercer sus derechos humanos tanto por el desconocimiento del personal médico acerca del marco jurídico en el que su actuación como profesionales de la salud debe enmarcarse; se trata de evitar que cientos de miles de mujeres mueran cada día por causas totalmente evitables.

En México existen ocho causales que permiten llevar a cabo una ILE, de las cuales Tlaxcala cuenta con seis: por violación, imprudencial o culposo, peligro de muerte, por malformaciones genéticas o congénitas graves del producto, grave daño a la salud (en su más amplia definición) e inseminación artificial; la causal de causas económicas queda fuera, como si las mujeres de Tlaxcala gozáramos de una condición económica favorable para garantizar el desarrollo pleno de una persona más. Así como tampoco se cuenta con la posibilidad de hacerlo por demanda de la mujer, siendo únicamente la Ciudad de México donde se puede realizar a petición libre y en condiciones seguras, así como gratuita; debido a su cercanía con Tlaxcala, muchas mujeres han tenido que ver la posibilidad de trasladarse para llevar a cabo una interrupción, y quienes no tienen la mínima posibilidad terminan convirtiéndose en madres o haciéndolo de forma insegura.

Sin embargo, va más allá de contar con causales permitidas por el Estado, un Estado machista que no garantiza el derecho a contar con información y educación de una sexualidad integral, que además no incluye un enfoque de masculinidades, dejando de lado la responsabilidad de los hombres, quienes piensan que pueden decidir sobre nuestros cuerpos y que fomenta el odio a las mujeres que deciden interrumpir un embarazo por diversas razones, la mayoría ligada a las condiciones de desigualdad y la violencia sistemática que vivimos constantemente; además de ir en aumento los hogares encabezados por mujeres desde edades muy jóvenes a causa del abandono del hombre y su negativa por ejercer su paternidad de forma responsable.

No sólo es estar a favor del aborto no clandestino, sino en contra de la penalización y criminalización que viven las mujeres, pues ha sido una forma de dominar nuestro cuerpo, las mujeres no somos territorio de conquista.