A la Maestra con cariño

El 6 de marzo de 2013 publiqué en este mismo diario el artículo intitulado “La acalambrada”, haciendo alusión a la detención de la Maestra Elba Esther Gordillo. En ese artículo se revisaron algunas de las interpretaciones que se realizaron sobre dicha detención, aquellas que sostenían se trataba de un castigo a los desaires que la Maestra hizo al PRI en el pasado. Otras sostuvieron que se trataba de un ajuste de cuentas orquestado por algunos miembros del gabinete, algunas más sostenían que se trataba de una cortina de humo a través de la cual se pretendía opacar la entrada en vigor del IVA en alimentos–medicina e invisibilizar los temas de Pemex y la entonces presentación de la lista de desaparecidos por la PGR.

Incluso, muchas voces optimistas sostuvieron que la detención de Gordillo era una muestra de que las promesas en torno al combate a la corrupción, la transparencia y la rendición de cuentas, así como la aplicación efectiva de la justicia prometidas por Peña Nieto durante su campaña, se estaban cumpliendo.

Mis cuestionamientos en aquel entonces fueron: ¿Con el regreso del PRI a la Presidencia se está elaborando una reingeniería de la política y que el uso del poder se ha vuelto más sutil y refinado? ¿Será que la anunciada “unidad nacional” está conformando una nueva hegemonía política que operará a largo plazo?


La respuesta que entonces di a esas interrogantes fueron: El PRI en el pasado gozó de legitimidad y validez otorgada por la dinámica del corporativismo y las clientelas. El sindicalismo fue un cemento que permitió al partido fusionar y tutelar a amplios sectores sociales. Esto quiere decir que la intermediación –amén de las estrategias represivas– tenía una función crucial para la “estabilidad” y reproducción del régimen, es decir, a través de la intermediación el partido logró la unidad.

Tomar como cierto este principio nos obligó a elaborar otras preguntas ¿Este “nuevo” PRI cómo piensa la unidad? ¿La unidad se logra con la detención de Gordillo? De ser así, ¿Esto significaría que el “nuevo” PRI cree que el corporativismo debe ser derrumbado y que con esa acción triunfará la democracia?

En su momento sostuve que no lo creía, que de lo que se trataba era de volver a los mecanismos de poder más sutiles. Sostuve que bajo esta lógica la detención de Gordillo podía ser vista no como un ajuste de cuentas, ni como el cumplimiento de una promesa de cambio político y menos como una cortina de humo, sino como una lección, una muestra didáctica del uso del poder, y no del poder del Estado, ni de ciertas cúpulas políticas o económicas, sino del partido, el poder del PRI. Sostuve que el mensaje a Gordillo fue el poder del partido, la efectividad institucional y la unidad del mismo. Obviamente la detención de Gordillo no fue una estrategia para agilizar la reforma y la supuesta modernización educativa, aunque así fue presentada, esa detención era, sostuve, una muerte anunciada en el punto 1.3 del Pacto por México. Aquel que, entre otras cosas sentenciaba que el Estado mexicano recupere la rectoría del sistema educativo nacional.” Este último punto fue un suceso obviado por Elba Esther, no logró leer la realidad, y si así hubiere sido, es indudable que confió en sus vínculos y protecciones políticas, las cuales al final del día, le dieron la espalda.

La detención de Gordillo fue un vivo ejemplo de cómo el “nuevo PRI” entendió o quiso hacer entender lo que es un “Estado fuerte” y una “democracia eficaz”, es decir, un partido fuerte con el respaldo total de la institucionalidad efectiva y dispuesta a hacer sentir su poder y eficiencia, y si es a través de la “aplicación de la justicia”, mucho mejor, pues es un bien escaso, por ende, altamente lucrativo y con altos dividendos. En el desenlace del sexenio y de la película de la Maestra, fue una “justicia” coyuntural, política y aleccionadora. El mensaje fue, durante este sexenio, todos deben estar quietos.

En el desenlace de la película a la Maestra con cariño encontramos una lección más que el PRI quiso dar a México a través de Peña Nieto: mostrar el regreso de la política, el regreso de la unidad, no la unidad corporativa y clientelar, sino la unidad acordada, la unidad consensada a través del Pacto por México. El mensaje fue que en esa unidad no se toleraría la disidencia entre líderes, nuevamente los hombres y las mujeres del partido dejarán de ser autónomos, ya que no regresan a la lógica del corporativismo tutelado, pero con un refinamiento instrumental más sutil para ejercer el poder. Ahora el poder se desarrollará bajo una técnica discursiva democrática, a decir, “combate a la corrupción, transparencia, rendición de cuentas y justicia”, un poder que puede ser ejercido contra propios –como se vio en el caso Gordillo– o “extraños”.

Esa estrategia acalambró a altas cúpulas políticas y partidistas, económicas, empresariales, clientelares, etc., tanto a nivel estatal como federal y municipal. Ningún interés debe estar por encima del Pacto por México y del PRI. Esta estrategia fungió, durante todo el sexenio como un recurso intimidatorio y paralizador.

El modelo se agotó, la Maestra salió y sostiene haber sido presa de una persecución política y acoso de la justicia. Aunque Peña ha negado ejercer persecución política a la Maestra, ésta revira contra su Pacto por México, discretamente se burla de la reforma educativa al precisar que se ha derrumbado. La maestra se empodera, toma las riendas, al menos discursivamente arengando por los derechos del magisterio, por los derechos de los maestros, aunque sostiene que lo que venga debe ser planteado con cuidado, sin obsesiones, odios y sin rencores por el pasado. Sino pensando en el futuro por el bien de la patria.

En menos de 15 minutos que duró la rueda de prensa sostenida con medios de comunicación en un lujoso hotel de la Ciudad de México, Elba Esther mostró que a la Maestra se le debe tratar con cariño, ella quizá olfatea mejor los tiempos que vienen y sabe puede ser una pieza clave.

Lo que fue muy claro es que el PRI no hizo ninguna reingeniería en el uso del poder, tampoco lo volvió más sutil y refinado, que la “unidad nacional” no conformó una hegemonía política ni a corto, mediano y largo plazo. Meade fue la última catástrofe.

La salida hoy de Gordillo es una muestra más del debilitamiento del PRI como partido, de su unidad, eficacia y poder. Elba Esther demostró que, a la Maestra, se le debe tratar con cariño. Soplan nuevos vientos y la Maestra, así como Duarte y Abarca lo saben. La acalambrada y, sobre todo, la impunidad,son un asunto también político.