2017, balances de una guerra

El año 2017 marcó una etapa exitosa en la lucha de la sociedad civil de todo el mundo por la defensa de la vida en todas sus formas y en contra del proyecto de muerte del capitalismo neoliberal, especialmente en cuanto al derecho a producir y consumir alimentos sanos y nutritivos. En el año que terminó se constataron varios hechos que hablan de un despertar de la conciencia colectiva y una mayor resistencia frente al despojo y el fraude de las agroindustrias depredadoras. Gracias a la organización civil “Justicia Pesticidas”, creada en Francia en 2015, por primera vez se tejió y se interconectó una red de información mundial que permitió concentrar y dar a conocer los testimonios de los afectados de todo el mundo por el uso extensivo e indiscriminado de agrotóxicos como el glifosato de Monsanto, creándose el Tribunal Internacional Monsanto en La Haya donde se demostraron los efectos devastadores del agroquímico para la salud humana y el medio ambiente.

Si bien es cierto que se trató de una acción un tanto “simbólica”, puesto que es un tribunal de conciencia, sin ningún poder jurisdiccional, suscitó una mayor oposición en Europa a renovar el permiso del uso del plaguicida, de tal manera que sólo por el voto del ministro de Agricultura alemán (seguramente empleado de Monsanto, como suele ser), imponiéndose al ministro del Medio Ambiente, se extendió el permiso por cinco años más (y no por 15 como quería la empresa), pero con las reservas de Italia y Francia que siguen buscando la manera de prohibirlo, además de que muchas organizaciones civiles están construyendo la estrategia legal para echar abajo esta autorización.

Además, con la asesoría y el apoyo internacional varias víctimas de las fumigaciones del veneno, están entablando demandas legales en Argentina. Ante los fracasos del propio glifosato frente a numerosas malezas e insectos que se han hecho resistentes, la empresa sacó del baúl de los recuerdos otro de sus monstruos del pasado, el Dicamba, que también fue retirado del mercado por su alto grado de toxicidad y por su rápida diseminación en el medio ambiente. Aunque lo disfrazaron como un nuevo producto, sus efectos fueron los mismos que en el pasado y ahora la empresa ha tenido que retirarlo y enfrentar en USA más de un centenar de demandas por las afectaciones causadas a los campos a los que llegó. Otro ejemplo de esta resistencia a la toxicidad, es el caso del algodón Bollgard II, transgénico, supuestamente adaptado para resistir y matar al gusano rosado, una plaga que devora la planta, fracasó rotundamente este año, cuando el gusano demostró ser resistente al veneno que la planta debiera producir y se multiplicó descontroladamente devastando los sembradíos. Otro triunfo importante fue, sin duda, el logro de la sociedad civil norteamericana que con base en una demanda judicial, logró que se liberaran y difundieran los “Monsanto papers”, documentos clasificados que demuestran ampliamente cómo se conducen este tipo de empresas para manipular la información, la investigación científica, los mercados, los políticos y hasta la justicia, para imponer sus intereses por encima de los de la sociedad. Muchos logros sin duda, pero no hay que perder de vista que el verdadero poder para derrotar definitivamente al capitalismo neoliberal y sus empresas de muerte, es el poder del consumidor consciente que se niega a comprar lo que le hace daño a su salud y al planeta y se niega a colaborar con el sistema.