Wojtyla, reliquia y mercancía

Autor: Andrea Pazienzia.

Por Jesús H.

Lo primero que hay que explicar en un texto respecto a la religión es: no es lo mismo el creyente que la institución que administra la fe. Esto es un análisis y una crítica a la institución y a una de sus autoridades en el marco de una santificación polémica. Reivindicamos el respeto absoluto a las creencias y a sus creyentes. El presente texto es un texto que muestra cómo adquieren un matiz de mercancía, aquellas cosas que para nosotros sin símbolos de fe y nada más. Dicho sea de paso, vale la pena enunciar dos virtudes de una iglesia en la modernidad: es el único lugar en medio de las ciudades modernas en las que no va uno a encontrar una televisión o un radio encendido; si algún bien preciado y absolutamente raro existe hoy en día es el silencio.

 Wojty la escribió críticas al potencial televisivo de:


“Difundir valores y modelos de comportamiento falsos y degradantes, transmitiendo pornografía o imágenes brutales de violencia; inculcando el relativismo moral y el escepticismo religioso; difundiendo información distorsionada o manipulada sobre hechos y los problemas de la actualidad, transmitiendo publicidad utilitaria, sustentada en los más bajos instintos; exaltando falsas visiones de la vida que obstaculizan la proyección del mutuo respeto, de la justicia y la paz.”(Wotyla 2006, 53-54)

Otra virtud en las iglesias esel arte sacro. No porque sea sacro sino porque es arte. También, y elogiando a los curas que han hecho un trabajo ético y moral admirable, este es un texto crítico que se basa en otros textos, incluso escritos por altas autoridades eclesiales. Quién esto escribe, bautizado en la fe católica, hace uso de la capacidad crítica.

En el año de 2006, un moderno libelo que para reivindicarse como tal firma su obra como anónimo, publicó en Italia un libro intitulado Contra Ratzinger(Anónimo 2007). Entre sus apartados encontramos: El cuerpo de Karol. La reliquia y la mercancía: Relato de Juan Pablo II, de su carisma de actor y de la importancia del cuerpo en su pontificado. La moda vaticana y su significado político. Caracteriza correctamente a Juan Pablo como un pontífice de alto contraste con sus predecesores, estos, con una figura o de santo resignado, ascético, que carga sobre sus hombros la pesada responsabilidad del cielo en la tierra o la bonachona imagen del tío padrecito bueno.Dibujaban estos, como decíamos, un gran contraste con Juan Pablo, el cual, exudaba vitalidad, sensualidad y carisma además que para nadie era tema raro saber de su gusto juvenil por las mujeres y que escribía en 1979 una obra que reivindicaba la centralidad del sexo sobre la cual hablaremos más adelante. Un hombre moderno. Él mismo se presentó como paradigma del siglo XX y la derrota del comunismo; triunfo del individuo sobre la pesada monotonía de la igualdad homogénea del yo aplastado por el peso de la comunidad en el Socialismo Real; el hombre que desde abajo es capaz de llegar a la punta de la pirámide del poder por merito propio.

Globalifilico y empresario

Sin imaginar nadie, hace algunos años, que la iglesia daría un paso audaz en términos de marketing santificando un papa para recuperarse o mejor dicho, no renunciar a la lucrativa imagen de Juan Pablo II frente a la caída de ventas que Ratzinger representó, nuestro anónimo libelo escribió:

“A finales del siglo pasado, Dios había muerto. Para reafirmar la vitalidad de este cadáver metafísico, Karol Wojtyla adoptó con el instinto de hombre de espectáculo [no olvidemos que era actor antes de ser cura] las armas de sus adversarios. Con mucha anticipación y sin descubrirse demasiado, consiguió venderse a sí mismo y su producto siguiendo las reglas del marketing de la sociedad de masas. Transformó su propio cuerpo, su propia voz y sus propios gestos en mercancías secularizadas, sabiendo que bajo el culto de la marca sobrevive siempre la santa reliquia” (ibíd.)

Premonición de que Wojtyla se convertiría en una mercancía más de la industria que generó. Veamos. La feísima cara de Ratzinger –la mía no es mejor, por cierto- dejó en claro que la moda del mundo mundial dicta que el jerarca de una institución puede tener todos los defectos del mundo, menos, ser feo. Si algo se sabe, por ejemplo, del cercano conocido de Juan Pablo II, Marcial Maciel, es que pederasta y todo, era guapo según sus fieles. De la relación entre Wojtyla y Maciel hablaremos más adelante.

Juan Pablo fue un eficiente creador de productos vendibles: 446 santos y 1,227 beatas según nos dice el anónimo libelo. En términos de mercado esto es un relanzamiento de la mercancía de la fe en santos coleccionables… y santas –la igualdad de género no se le iba a escapar a un empresario moderno-.

Volviendo al tema de las reliquias. Una reliquia es un pedazo, trozo o cachito –no se cómo decirlo  para que no suene grotesco- del cuerpo de un santo o un objeto que él tocó. Las reliquias se convierten en potentes amuletos para hacer dinero; las iglesias compiten por la importancia de su reliquia para atraer turistas y visitantes. Por ejemplo, en Brujas, la mística ciudad que se ubica a una hora de Bruselas en metro, existe una iglesia en la que posee una reliquia excepcional: ni más ni menos una gota de la mismísima sangre de Cristo. El cura sale brevemente, la muestra y se le puede tocar a cambio de unas monedas. En Brujas hay pedazos del cuerpo de Cristo y de otros santos. Algo de gótico hay en eso de las reliquias: debajo del culto de la marca sobrevive siempre la santa reliquia. No olvidemos el sacro negociazo en Puebla del santo patrono de los choferes y conductores que, nada de malo tiene que nos haga milagros –gracias beato, y los ingratos del Vaticano que no te quieren hacer santo-, pero que de alguna manera deprime la forma en que un cura sin entusiasmo avienta agua bendita como quien escupe y extiende la mano con indiferencia para recibir el pago voluntario por hacerla de intermediario entre la gracia del santo y nosotros. Si algo nos enseñó JPII es que al teatro hay que ponerle calidad.

Poder y burocracia

Después de la Constitución Apostólica y las bulas papales, las encíclicas, son el documento más importante de la iglesia católica pero, a diferencia de las dos primeras, la encíclica no tiene que pasar por el pesado cuerpo burocrático para ser aprobada como documento válido; la encíclica es una “recomendación” directa del papa que toma forma de carta y es emitida directamente a los obispos. “Plusmarquista de las encíclicas” según los conocedores, Wojtyla redactó más que ningún otro pontífice suficientes encíclicas para crear un ambiente de real autonomía de la voluntad papal respecto a la totalidad misma de la iglesia, poder puro. Con los 104 viajes apostólicos que suman más de un millón de kilómetros recorridos, Juan Pablo II puso también a la cabeza y a la vanguardia a la iglesia católica al comienzo de la globalización.

La vocación capitalista del Vaticano

“La religión es el opio del pueblo…” insisten los marxistas, pero no citan la frase completa salvo escasas excepciones “… pero también es el suspiro de la creatura oprimida”. Marx no dijo simplemente la primera parte, en su frase completa podemos ver la profundidad de su planteamiento, y claro, en la mutilación de sus textos, el triste destino de Marx en manos de sus “especialistas”, pero no es ese el tema de este texto. El punto es que no podemos culpar a la iglesia de su tremenda vocación capitalista, de alguna forma, no tuvo muchas opciones al ser decretada por el comunismo como “el opio del pueblo”. El capitalismo le permitió ser “el suspiro de la creatura oprimida”, libre de impuestos, siempre y cuando jugara su papel de validador –o valedor- del poder, cosa que venía ensayando muy bien desde su entrega total al imperio romano a cambio de convertir a sus fieles en carne de cañón para las guerras de Constantino hace ya varias centurias. Mientras el Socialismo Real ponía su fe en lo nuevo y laico, el capitalismo apostó a rebautizar la vieja podredumbre institucional bajo los protocolos de la eficiencia mercantil. No en cambiar, sino en renovarse para ser exactamente lo mismo, en eso es experto el Vaticano. Ahí donde la política, la ideología y la racionalidad fallan, existe una institución que sin hablar de revoluciones, ni de un mundo distinto ni de progreso, logra calmar al alma acongojada y de paso, logra también enviar las quejas fuera de este mundo. Es como si alguna empresa se encargara de sacar toda la basura del planeta y enviarla al sol. Un logro burocrático inigualable.

Teología del corpo

Teología del corpo es el título de un libro escrito por Wojtyla y publicado en forma de audiencias entre 1981 y 1984 en cual Juan Pablo II planteó “la centralidad del sexo y su visión del hombre”:

“El sexo no solo decide la individualidad, sino que define a la vez su identidad personal […] el que conoce es el hombre y la que es conocida es la mujer […] en el conocimiento del que habla el Génesis, el misterio de la feminidad se manifiesta y se revela plenamente a través de la maternidad” Citado en (Anónimo 2007, 36)

Traducido a lenguaje no filosófico, lo que Wojtyla nos dice es que: el hombre es la persona que sabe -sujeto cognoscente-, la mujer algo que habremos de conocer -objeto, o misterio por conocer-. Por lo tanto solo el hombre es sujeto de conocimiento, capaz de conocer, y la mujer… no sabemos bien qué es pero en eso estamos según JPII. De todos modos, también nos dice, no hay que quebrarnos mucho la cabeza porque la mujer es, esencialmente, mamá y si no entonces la mujer no es nada, ni misterio siquiera y se vale desconocerla. También, el texto citado, nos dice implícitamente en su discurso filosófico, que de la forma en que uno tenga sexo es la forma en que uno es individuo, o sea, no se trata de cómo viva o en que crea sino como ejerza su sexualidad lo que le hace a usted merecedor del mote con que la sociedad lo identificará. Puede uno creer en la iglesia, en Dios, en todos los santos pero si es homosexual…

En su primer viaje a Estados Unidos JPII declaró ante los obispos de ese país que: “La actividad homosexual, que hay que distinguir de la tendencia homosexual, es moralmente perversa”. Desde estas perspectivas, nuevamente, el hombre, el sujeto masculino, es el centro del universo y, por lo tanto, acciones como la pederastia devienen meros corolarios comprensibles de la búsqueda del individuo masculino de sí mismo. Por eso no les indigna lo que los curas hacen con los niños en nombre del espíritu santo, si son niñas, menos.

Maciel y Juan

Juan Pablo II conocía respecto a la investigación por violación de menores de edad que pesaba sobre el patriarca sexual de los Legionarios de Cristo, el padrecito Maciel Sexiel. Maquina sexual, al parecer, dentro de su haber, además de niños –monaguillos o simples catequistas- se encontraban señoras adineradas que no sabían muy bien qué hacer con su fe, su dinero, su tiempo libre y su decaído matrimonio. No estamos en contra del legítimo derecho de una mujer de decidir con quién se relaciona o no, pero en verdad que causa asombro imaginar cómo la burguesía adinerada y matrimoniada, se erige en público como la moral absoluta. Marcial Maciel, una maquina administrativa y sexual, fue un cercano conocido de San Juan Pablo II. Mucho se ha escrito sobre las elevadas cantidades de dinero que Maciel llevaba consigo en sus visitas al Vaticano y que tenían como destino final las arcas en forma de donación – previo paso por la oficina del papa-.  El caso de Maciel es historia conocida gracias a la valentía, dignidad y entereza moral de personas que en su infancia fueron abusados por él y quienes presentaron ante las autoridades su caso. También impugnaron recientemente la santificación de JPII. Desgraciadamente, para el Vaticano, la reina de las ciudades adineradas, la justicia y la dignidad no tienen la menor importancia ante una verdadera oportunidad de negocio, marketing y reposicionamiento empresarial: santificar y eternizar la lucrativa sonrisa enternecedora del Juan, perdón, San Juan Pablo II el santo patrono del marketing papal al que se le perdona todo incluso, hacerse de la vista gorda ante el abuso de niños, niñas y creyentes en general.

Bibliografía

Anónimo. Contra Ratzinger. México: Grijalbo, 2007.

Wotyla, Karol. «La potencia de los medios de información.» En La televisión es mala maestra, de Charles S., John Condry, Karl R. Popper, Karol Wojtyla Clark, 51-59. México, 2006.

Ellul, Jaques. Anarquía y cristianismo. México: Jus, 2005.

Habermas, Jürgen., Ratzinger, Joseph. Entre razón y religión. Dialéctica de la secularización. México: FCE, 2008.