¿Votar no es suficiente? / I

Democratizar la democracia”.

Boaventura de Sousa Santos

Están próximas las elecciones presidenciales y, con ello, las de diputados, senadores y gobernadores en muchos estados de nuestro país, además de las de presidentes municipales, por ello es que se habla de democracia, de la importancia de acudir a votar, de no dejarse seducir por la compra de voluntades y de votos, etcétera. Pero quienes somos ciudadanos de a pie nos hacemos la pregunta: ¿votar no es suficiente? Así formulada la pregunta, es decir, en sentido negativo, se le podría hacer al sistema, a los organismos y miembros del propio sistema, y dirían que es suficiente acudir a votar cada vez que hay elecciones, para calificar a cualquier estado como un estado democrático. Sin embargo, esa misma pregunta es respondida por la población, desde luego que con un enfático: “No es suficiente acudir a votar”.


Como no es suficiente acudir a votar cada vez que hay elecciones para afirma que se gobierna bajo la voluntad del pueblo, el profesor en sociología del derecho Boaventura de Souza Santos sostiene que es necesario “democratizar la democracia”, y explica que “rechazar la idea de que la democracia liberal representativa es la única forma válida de democracia y legitimar otras formas de deliberación democrática” (De Sousa Santos, Boaventura, Democracia al borde del caos”, Siglo del Hombre Editores de Justicia, Bogotá, 2014).

Desde el continente europeo sucede lo mismo, es decir, es patente la problemática actual del Estado democrático, pues el profesor italiano Luigi Ferrajoli sostiene que existen cinco emergencias en el mundo –nuclear, ambiental, humanitaria, legitimidad del Estado y delincuencia organizada– y que es necesario afrontarlas. Una de esas emergencias es la pérdida de legitimidad del poder político (Ferrajoli, Luigi, La democracia a través de los derechos, Trotta, Madrid, 2014), es decir, del Estado y sus instituciones, lo cual evidentemente conlleva a la falta de cumplimiento de las leyes, por parte no solamente de la población, sino de las propias instituciones del Estado, lo cual provoca problemas de estabilidad social, orden, corrupción y la evidente pérdida de gobernabilidad, que es aprovechado por dos polos: la delincuencia organizada, que muchas veces supera a los Estados, y los poderes económicos, a los cuales este mismo autor italiano denomina “poderes salvajes”, porque el Estado y sus sistemas jurídicos no los pueden controlar; por el contrario, estas corporaciones económicas son las que influyen y terminan controlando a los Estados –por ello la tesis de que se requiere por ese poder económico de Estados cada vez mas pequeños y débiles, para que sean más susceptibles de dominar.

Entonces, si no es suficiente el voto de la población, que es una de las razones por las cuales las personas no acuden a votar, se debe a que resulta estéril, pues ese voto esporádico no puede representar mucho respecto al posicionamiento de las personas elegidas, para saber por parte del votante cuál será la posición en relación con las problemáticas ya particulares que se presentan una vez que se encuentran en su cargo público diputados, senadores, y más aún, presidentes municipales, gobernadores y, desde luego, en la presidencia de la república, ya que se conocen cosas comunes como la necesidad de promover el empleo, la seguridad pública, impulsar la economía regional, impedir la migración de las generaciones jóvenes, controlar la devaluación, etc. Sin embargo, normalmente en las campañas electorales se habla de todo menos de las posiciones de los candidatos en relación con los problemas que efectivamente afectan a la población, o se hace mención de soluciones muy a la ligera que lo único que provocan son ilusiones que no se van a cumplir, pues una cosa es ver la radiografía, es decir, el problema, y otra muy distinta es conocer la medicina para ese mal, pues incluso la enfermedad muchas veces la conocen los candidatos por dichos, es decir, en forma indirecta, y las soluciones no son viables porque no se conoce cómo encaminarlas.

Tampoco es suficiente que en ocasiones se abren oficinas denominadas “ciudadanas” por aquellos candidatos que finalmente obtuvieron el cargo público, que son con el propósito de escuchar a la población, cuando por su parte, en sus curules o en sus oficinas es imposible presentar un escrito en ejercicio al derecho constitucional de petición –artículo 8 de la Constitución–, pues en aquellas oficinas ciudadanas se reciben quejas y sugerencias que son simples buenos propósitos que acaban encausando a las instituciones públicas competentes para resolver estos trámites, lo que provoca únicamente pérdida de tiempos y plazos para resolver los problemas jurídicamente o evitar que lleguen a ser problemas. Pues bien, parece que falta algo en la democracia, ya que votar no es suficiente.