Víctor Toledo: necesario, revalorar a pequeños agricultores que sostienen a la población mundial

La producción agroalimentaria en el mundo, precisó el investigador de la UNAM Víctor Manuel Toledo Manzur, está hecha por 25 por ciento de los pequeños agricultores en parcelas, que alcanzan un promedio de 2.2 hectáreas, mientras que la restante recae en 8 por ciento de productores latifundistas y corporativistas, quienes son apoyados por las políticas públicas de los gobiernos.

Lo anterior fue mencionado durante el “Simposio general de ciencia, tecnología e innovación en el sistema agroalimentario de México. Hacia un enfoque integral de producción dieta, salud, cultura, en beneficio de la sociedad”, que organiza el Colegio de Postgraduados campus Puebla en coordinación con la Academia Mexicana de Ciencias, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, y la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla.

Frente a sus pares, el colaborador de La Jornada señaló que, en una “afortunada revelación”, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, mundialmente conocida como FAO (por sus siglas en inglés), dio a conocer que esos pequeños productores generan los alimentos para la mayoría de los 7 mil millones de seres humanos que habitan el planeta.


Toledo Manzur agregó que estos pequeños productores son familias integrales que se desenvuelven en comunidades rurales, campesinas e indígenas, dentro de una dimensión social, cultural y económica propia.

Dijo que esta “revelación” de la FAO da oportunidad no solo a revalorar el trabajo y el peso de los pequeños productores, sino que llama a revisar las “tesis dominantes de las políticas públicas” que tienden a apoyar a las grandes empresas.

Incluso el experto dijo que la producción de los campesinos está por encima de la llamada Industria verde –también conocida como agroecología– la cual también está tomando impulso en diversos países de América Latina debido a que pone en marcha prácticas agrarias que no afectan el equilibrio ecológico.

Con la revaloración de estas producciones familiares, mencionó Víctor Manuel Toledo, también se privilegia una “equidad agraria” entre los productores.

Asimismo, es un llamado para que la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa) corrija la “política pública errada que ha tenido en los últimos 30 años”, basada en el apoyo a las medianas y grandes industrias.

“El retraso en los pequeños productores no se debe a un proceso técnico, sino a un proceso cultural, social, político y económico el cual, de no abordarse de forma integral, provocará que a futuro no haya salida”.

Por último, Toledo Manzur dijo que una de las tendencias a nivel mundial es “hacer proyecciones” a futuro sobre temas como la alimentación y la producción, particularmente sobre la situación que habrá en el año 2050.

“La fecha se distingue por cuatro procesos: porque habrá una población de 9 mil millones de habitantes, 2 mil más que hoy en tan solo 35 años, porque se terminarán las reservas del petróleo  –mismas que incluso en México se estima acabarán en menos de 10 años–, además de que serán más evidentes los efectos del cambio climático con deshielos, huracanes, inundaciones, sequías, carencia de agua y aumento del nivel del mar, y sobre todo, habrá una producción limitada de alimentos”.

Con dichos términos, concluyó Víctor Manuel Toledo, se debe reconocer que el tema alimentario es urgente para atender, porque es absurdo que en un país de riqueza natural y tradicional en conocimientos, no se tengan asegurados productos como el maíz, ya que absurdamente se tienen que importar.

 

Los desafíos son la producción y el patrón de consumo

 

Para Javier Ramírez Juárez, director del Colpos en Puebla, el desafío de la alimentación en México no solo tiene que ver con la producción, sino con el patrón de consumo, caracterizado por el desequilibrio que existe, ya que lo mismo hay desnutrición que obesidad.

Durante su mensaje inaugural, resaltó que, en concordancia con el 20 aniversario del doctorado en Estrategias para el desarrollo agrícola regional del Colpos, así como por el Año internacional de la agricultura familiar, que se conmemora este 2014, es necesario revalorar este sector, que es fundamental en términos de contribución, conservación de las especies, empleo y estabilidad social.

“El país atraviesa por una situación de crisis alimentaria, un incremento de precios y con ello las consecuencias nefastas del hambre. Desde la academia debemos debatir los problemas que enfrentamos y aquilatar cómo podemos contribuir a su resolución”, dijo en el primer día del simposio.

Jiménez Juárez señaló que si bien proyectos federales como la llamada Cruzada contra el hambre están enfocados en el problema de la alimentación, es necesario que profundice en fortalecer la agricultura familiar, que en México corresponde a 80 por ciento de los productores.

Expuso que apoyar a este tipo de agricultura significa apoyar un tipo de alimentación menos nociva que la actual, en la que hay un desequilibro evidente que se expresa en hambre y desnutrición.

“Pese a que los recursos en materia de salud sean inmensos –continuó el investigador– no alcanzarán para tratar estos problemas ni sus consecuencias, por lo que hay que trabajar desde la academia para contribuir a enfrentarlos”.

 

Los jóvenes deben asumir el

problema de la alimentación

 

Al “Simposio general de ciencia, tecnología e innovación en el sistema agroalimentario de México. Hacia un enfoque integral de producción dieta, salud, cultura, en beneficio de la sociedad” asistieron destacados investigadores de 35 centros nacionales e internacionales para participar en las 45 conferencias que habrá hasta el viernes 28 de noviembre en el Centro de Convenciones.

Entre ellos, destacó la presencia de Leobardo Jiménez Sánchez, fundador hace 20 años del programa Estrategias para el desarrollo agrícola regional, quien señaló que es necesario que las nuevas generaciones tomen en sus manos el problema de la alimentación.

“Hace 30 años ya se hablaba del problema y su peso que ha quedado permanente en la conciencia, debido a que sigue vigente pues sólo ha habido avances significativos. Estamos en un punto en el que es necesario reiterar su valor social”, dijo el reconocido investigador.

Como ejemplo, recordó su proyecto denominado Plan Puebla, con el que el Colpos comenzó a “escribir las primeras páginas de cuál era la condición del maíz”, en un trabajo hecho por los productores y los investigadores, ello porque “el mejor puente del maíz ha sido el conocimiento del productor, que no se contrapone al método científico”.

Por último, Jiménez llamó a seguir desarrollando las investigaciones en torno al grano –como sucedió con el Plan Puebla– con la idea de su internacionalización más no de su generalización.