Van dos noches que los damnificados de Alpanocan duermen a la intemperie

La mayoría de los pobladores de Alpanocan durmieron ayer por segunda noche consecutiva a la intemperie y presos de la zozobra, rodeados de las que fueron sus casas, varias de las cuales se encuentran en ruinas y muchas más están a punto de colapsarse.

A esta localidad poblana insertada geográficamente en el territorio del vecino estado de Morelos –debido a que está rodeada por los municipios de Hueyapan y Tetela del Volcán–, 35 horas después del movimiento telúrico no se había presentado ninguna autoridad estatal ni mucho menos federal para organizar las labores de contingencia. A pesar de que cientos de viviendas resultaron afectadas, tampoco se instaló algún albergue en el cual la gente pudiera pernoctar y pasar la mayor parte del día sin correr peligro.

La desgracia de Alpanocan se conoció debido a un grupo audaz de choferes de Uber, quienes de manera espontánea y al margen de la empresa para la que trabajan, decidieron aventurarse en las primera horas de este miércoles por la zona de desastre de la región de Atlixco. Fueron ellos y algunos estudiantes de la Universidad Iberoamericana Puebla los primeros en llegar a San Antonio para llevar agua, víveres y otros insumos indispensables para la vida cotidiana.


Los estudiantes –en su mayoría mujeres– del campus jesuita que publicaron en sus redes sociales fotografías y videos de la desgracia de Alpanocan sirvió para que otros universitarios y ciudadanos se dirigieran al lugar. Los conductores de servicio privado de transporte se apersonaron desde la mañana en Metepec y esperaron pacientemente hasta entrada la tarde la llegada del gobernador, José Antonio Gali Fayad para informarle sobre la grave situación que padecen centenas de familias.

En San Antonio no había ayuda oficial hasta ese momento y corrían el grave peligro de ser víctimas de más derrumbes por el deplorable estado en el que quedaron sus moradas.

Los enviados de esta casa editorial arribaron al filo de las 19 horas a Alpanocan y de inmediato la gente que se encontraba afuera de las viviendas dañadas, pidió a los informadores que ingresaran a las casas para constatar el nivel de las afectaciones: recámaras que literalmente se quedaron sin muros, techos desgajados y vencidos, cuarteaduras de hasta un metro y medio de largo con separaciones de hasta 10 centímetros, son la contante dejada en decenas de casas por el temblor.

Los vecinos aseguran que al menos se vinieron abajo 180 viviendas y que otras 400 tendrían perjuicios de suma gravedad que las hacen inhabitables.

No solo eso, la escuela secundaria se colapsó y la dimensión de lo que sucedió durante el sismo quedó evidenciada en los útiles y pupitres escolares que quedaron abandonados por sus propietarios adolescentes entre los escombros.

También el edificio principal de la comunidad, el templo católico quedó severamente dañado: en su fachada se aprecian grietas enormes.

Como en las primeras horas de este miércoles en en Metepec, en San Antonio no hubo apoyo oficial de parte del gobierno de Puebla ni de la Federación para los damnificados. En cambio llegaron contingente generosos de auxilio procedentes de Morelos, así como cuerpos de rescate y miembros de la Policía de esa entidad colindante.

Destacó entre los voluntarios un grupo de estudiantes de arquitectura de la Universidad Autónoma del Estado de México, el cual fue despedido con aplausos luego de entregar cobijas y otros enseres.