Urge manual de funciones para gobernantes

Tres clases hay de ignorancia: no saber lo que debiera saberse, saber mal lo que se sabe, y saber lo que no debiera saberse.

François de La Rochefoucauld

Los hechos, ya cotidianos, que acongojan a México y los mexicanos, hacen que la ciudadanía se pregunte cada vez con mayor frecuencia y sobradas razones: ¿para qué sirven el presidente de la república, los gobernadores y los presidentes municipales? ¿Cuáles son sus funciones, ámbitos y obligaciones para con sus gobernados?


Lo peor del caso, considerando sus procederes y reacciones frente a determinados acontecimientos y circunstancias, es que ellos tampoco conocen las respuestas o, si acaso, fingen no saberlas.

Cuando toman posesión del cargo protestan cumplir y hacer cumplir los ordenamientos constitucionales y legales que rigen su jurisdicción. En el caso del presidente de la república, la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos que en su artículo 89 establece “Las facultades y obligaciones del presidente”. De sus 20 fracciones casi todas se refieren a facultades para nombrar y objetar a los funcionarios civiles y militares de la alta burocracia; para declarar la guerra (aquí se hizo bolas Felipillo); o amnistiar presos.

Unos cuantos le señalan obligaciones, como el primero: “Promulgar y ejecutar las leyes que expida el Congreso de la Unión, proveyendo en la esfera administrativa a su exacta observancia”. Y el sexto: “Preservar la seguridad nacional, en los términos de la ley respectiva… y disponer de la totalidad de la Fuerza Armada permanente o sea del Ejército, de la Armada y de la Fuerza Aérea para la seguridad interior y defensa exterior de la Federación”.

La “ley respectiva” es la Ley de Seguridad Nacional, y en ella la responsabilidad presidencial se diluye en un “Consejo de Seguridad Nacional” que no es sino una entelequia burocrática sin facultades ejecutivas.

Así, la generalidad de los preceptos constitucionales y la maraña de leyes secundarias y reglamentos sirven, en la práctica, para que los mandatarios ejerzan sus cargos con harta discrecionalidad y la correspondiente arbitrariedad. Además, les permite hacerse los occisos, cuando se de dar la cara se trata, frente hechos escabrosos y comprometedores.

Como la masacre de estudiantes normalistas, por ejemplo. El presidente municipal, responsable directo, ya se peló y se amparó. El gobernador del estado  explica mal e informa peor, y el presidente Peña promete una investigación a fondo “tope donde tope”. ¿Alguien llevará la cuenta de las veces que han usado esa promesa para salir del paso?

Por lo pronto los únicos detenidos son algunos policías. Al igual que en Tlataya, donde solo algunos soldados y un oficial han sido detenidos. Como suele decirse, la cuerda se rompe por lo más delgado o como dicen en mi pueblo, las gallinas de arriba cagan a las de abajo. Porque las élites del poder se mantienen en el Olimpo sin que nadie ni nada interrumpa su sueño.

El hecho de que los responsables al más alto nivel se mantengan intocados e intocables, evidencia la funcionalidad del pacto de impunidad que los cobija. Unos hacen como que acusan y otros como que se ofenden, con un incesante intercambio de papeles pero cuyo resultado, salvo las excepciones que confirman la regla, siempre es el mismo, a saber: nada.

Eso permite que dirigentes y gobernantes se conduzcan como señores de horca y cuchillo, como en el caso de Puebla donde el gobernador Moreno Valle, como buen aldeano que es, sigue imponiendo la ley de Herodes en el estado que dice gobernar. Valiéndole un pito la creciente ola de indignación social y los extrañamientos de diversos organismos, incluida la Comisión Nacional de Derechos Humanos, él mantiene sus políticas represoras contra las voces inconformes y disidentes, llenando sus mugrientas cárceles con presos de conciencia.

En medio de tanta violencia irracional y descontrolada, el presidente Peña ha calificado de “barbarie” los hechos de Ayotzinapa y reconocido que existen vacíos de autoridad y vínculos “entre el crimen y la autoridad”. Volvemos a lo mismo, él es el principal responsable de la seguridad nacional y dispone para ello de un enorme y costoso aparato policiaco militar. Él nombra al Procurador de la república, a los secretarios de Gobernación, Defensa y Marina, y a los comandantes de la policía federal y de la gendarmería nacional.

El “gabinete de seguridad” dispone de un presupuesto de miles de millones de pesos; con miles de aviones, helicópteros, barcos, vehículos de transporte y combate; moderno armamento y equipos e instalaciones de última generación, al menos eso nos han dicho y así han costado.

Por eso absurdo e inadmisible que el presidente nos salga con que una pinchurrienta Policía Municipal, algunos funcionarios menores o un puñado de soldados son capaces de poner en jaque al Estado mexicano. El mar es hondo y profundo, como decía don Paco, y ya va siendo hora que la clase política se ponga a nadar en serio, antes de que se les desborde y los arrase a todos.

Si no saben hacer la tarea, habrá que dotarlos con un manual de funciones que les explique con palitos y bolitas como gobernar con honestidad y eficacia. Y si ni así pueden, Alejandro Martí ya les abrió una salida decorosa: que renuncien.

Cheiser: Marina Silva, candidata perdedora en la elección presidencial de Brasil, ha desfilado por diversos partidos del centro izquierda en su país. Frustrada por su derrota, ha decidido apoyar al candidato de la derecha, Aécio Neves, en la segunda vuelta electoral con tal de que Dilma Rousseff no sea reelecta y obtener algunas migajas de poder. La estupidez política no es privativa de México. En el PRD lo saben bien.