Una de arena

El pasado jueves 9 arribaron a la ciudad de México 134 repatriados procedente de Nuevo México. Lo de repatriados es un eufemismo, fueron expulsados de Estados Unidos y enviados a México en un avión fletado. Las historias de esos expulsados son similares: uno tenían decenios radicando en Estados Unidos y ahí procrearon varios niños; otros eran de reciente ingreso y fueron detenidos, encarcelados y deportados al intentar cruzar la frontera. El procedimiento migratorio con Trump ha cambiado: antes se detenía, se liberaba y procesaba; ahora se detiene y deporta.

En Estados Unidos vive una comunidad de 37 millones de personas de origen mexicano; 12 millones de ellos nacieron en México y casi la mitad de éstos últimos no tienen una estancia migratoria regularizada. De los 5.6 millones de mexicanos radicados en Estados Unidos sin papeles migratorios en orden, hay entre dos y tres millones que han sido acusados de haber cometido alguna falta administrativa o criminal: una infracción de tránsito, connato de riña, robo, falsificación de documentos o estancia no documentada en ese país. Si la expulsión es directamente dictada por una autoridad migratoria sin mediar orden judicial, se le denomina retornado, a través de ese mecanismo Barak Obama expulsó cada año a 194 mil mexicanos; si la deportación es a través de una orden judicial, se le llama remoción y por esa vía Obama expulsó a 280 mil mexicanos cada año de su gestión. En total, Obama echó de Estados Unidos a 474 mil mexicanos cada año (en sentido estricto, el registro de deportaciones indica eventos, no sujetos, por lo que las personas deportadas pueden ser menor que la de los eventos).

Datos recientes publicados por el Inegi con base en la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo registran que durante el periodo de Obama cada año regresaron 247 mil connacionales que radicaban fuera de México, cifra equivalente a la mitad de los mexicanos deportados por Obama. Si ambas fuentes son confiables, como lo son, la diferencia es explicable por que la mayoría de deportados retorna a Estados Unidos para reunirse con sus parejas e hijos. De ser pobres y criminalizados en aquel país a ser indigentes e ignorados en México, prefieren lo primero: su descendencia nacida en Estados Unidos tiene estatus de nacionalidad estadounidense y ese es un motivo fuerte de anclaje para permanecer allá y asumir los riesgos de su estancia no regular. Otros vuelven a Estados Unidos porque las condiciones de vida allá –que son de las peores– son relativamente mejores que las existentes en la localidad o entidad de origen, Si las condiciones sociales y económicas del país son iguales o peores a la de Estados Unidos y /o si las expectativas en México de bienestar social, seguridad pública y respeto a los derechos humanos son relativamente peores a las que prevalecen en Estados Unidos, hay poco estímulo para la repatriación.