Un grotesco ritual

 

                Adiós,   Edmundo Domínguez Aragonés

La celebración del 15 de septiembre se modificó luego del fraude de Carlos Salinas a Cuauhtémoc Cárdenas. En todas las ocasiones, los insultos a los funcionarios menudearon, en unas  más que en otras. Los funcionarios  que tenían miedo de aparecerse o de plano ni mostraban su figura temblorosa, eran los delegados capitalinos. En el Zócalo en 1994, el entonces regente, Manuel Aguilera, dio el grito porque Carlos andaba en Guanajuato. Pasaron los años, y las irregularidades y/o fraudes exacerbaron los ánimos de la población, amén de que los políticos se fueron alejando más de la gente y su aprobación social es peor que la de los policías, ejemplos de extorsión y deshonestidad. Ahora, como dice la historiadora Cristina Gómez, no hay nada que celebrar aunque se conmemore la fecha (Facebook, 16 de septiembre).  La presencia de Enrique Peña Nieto en la Plaza de la Constitución resultó horripilante. La multitud de acarreados del estado de México e Hidalgo recibieron, igual que hace un año, transporte gratis, comida y días libres  próximamente. A los niños, no obstante que fueran en sillas de ruedas, se les esculcó como si se tratara de peligrosos delincuentes. Los vituperios fueron la constante;  a  Sofía Castro, motejada “La Gaviotita”, le tocó muy de cerca ya que su  camioneta no pudo traspasar  los muros  de Palacio Nacional. En el interior se brindó con los mejores vinos a un costo superior a cualquier otra ocasión: más de 17 millones de pesos. La Policía Federal demostró  que no está preparada ante una masa enardecida, ya que ante los reclamos no sabía qué  hacer. Nuevamente el Estado Mayor Presidencial- igual que en  el caso de los estacionados en el zócalo por el discurso de Peña Nieto- fue el responsable de todo lo que sucedió, algo que sienta un precedente terrible contra las fuerzas armadas. El resumen de todo lo anticipó el caricaturista Hernández, quien dibujó a un Enrique que gritaba:” ¡Ey! ¡Qué hace toda esa gente dentro de mi estacionamiento!” (La Jornada, 15 de septiembre). Patético.


Opacidad, nuevamente

Sin aclarar cómo obtuvo sus varias residencias, Enrique Peña Nieto dio a conocer su patrimonio, algo que muestra  las informaciones  parciales, acomodaticias, propias de la desconfianza a la ciudadanía. Ahora, en  un reportaje de Anabel Hernández (Proceso, número 1976) nos enteramos que los datos solicitados acerca de la construcción de nuevas oficinas (la de Aurelio Nuño) y las reformas en los edificios Miguel Alemán y Lázaro Cárdenas en  Los Pinos,  no se pueden dar- otras vez se involucra al Estado Mayor Presidencial- por razones absurdas e, incluso, se dice que no existe tal información. Cuando la periodista- quien dio a conocer  el llamado Toallagate, o mejor dicho, la compra a precio alzado de muchos artículos  que se usaron en dicho recinto  en el sexenio de Vicente Fox- insistió, los encargados de un sitio del pueblo de México y no de un ocupante temporal aunque sea por seis años, nuevamente   salieron por la tangente. Al mostrar  que hubo cambios de mobiliario, obras de arte y otras cuestiones, muy destacadas en revistas llamadas del corazón donde posaron Angélica Rivera y su hija Sofía Castro, se eludió el asunto  y se dijo que eran parte de bienes familiares. Pero no se pueden llevar nada personal a ese residencia  oficial  sin documentarlo antes. En síntesis, ni siquiera en la docena trágica, la era panista, hubo tal secreto en lo que se hace en donde habita el ejecutivo. Si eso es en estos terrenos ¿qué nos espera con los contratos energéticos? La transparencia, otra promesa que no se ha cumplido aunque esté  notariada.

¿Cínico o tonto?

Según Netzai Sandoval, en el sexenio de Felipe Calderón hubo 80 mil fallecidos, 10 mil desaparecidos y 230 mil desplazados en la guerra contra el narco (datos de Jorge Medellín en La Silla Rota, 16 de septiembre); el asunto está, por cierto, en la Corte Penal Internacional de La Haya. En  declaraciones a  AP, Felipe Calderón asegura que no pudo dar los resultados que se esperaban  en el combate contra las drogas ya que “gobiernos locales bloquearon mi plan anticrimen”. Será que el Chapel (chaparrito, pelón y de lentes) era un simple títere de intereses nacionales y extranjeros o acaso no sabía que el  presidente de la República tiene a su servicio todo el aparato estatal, incluyendo las fuerzas armadas, para llevar a cabo sus obligaciones constitucionales. Claro, Joaquín El Chapo Guzmán y otros se estarán burlando de un pobre tipo que ahora culpa a todos de sus desaciertos y negligencias.

Dos

El señor de los cielos (Amado Carrillo) es una de las telenovelas que se puede ver en un sitio de paga y aborda, como es obvio, la vida de aquel narcotraficante que utilizó ampliamente los aviones para transportar droga a Estados Unidos en colaboración con los narcos colombianos; incluso sale en las últimas, en serio, Pablo Escobar, al que matan en una azotea; no obstante que  son varias las productoras, entre ellas Argos, la serie es de muy baja calidad, algo que muestra que el tema da para todo y todos ya que se espera siempre un   nutrido auditorio; lástima. Buena llamada de atención hizo César Navarro Gallegos acerca de las deficiencias, gravísimas, que hay en los libros de texto de primaria, no obstante que se corrigieron  portadas; el asunto se dio a conocer en La Jornada, 9 de septiembre, y en Tribuna Comunista,  número 101; estamos ante algo terrible  que la SEP debería tomar en cuenta, pues la visión de historia, por ejemplo, va más acorde con la  orientación  panista; ¿harán algo Emilio Chauyffet y Alba Martínez?

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