Un desequilibrio armónico

Me pides equilibrio

y no soy saltimbanqui.

Pides mesura


y soy un río que se desborda,

tanto como se seca.

 

Dices que me detenga,

también lo ha dicho la policía.

 

La armonía entre nosotros

sobrevendrá, sí y solo sí cambiamos

no solo de juicios y prejuicios,

sino de posiciones de clase,

género y sexualidades.

 

Distinta será la dialéctica del pun y el cuas,

cuando vengan sobre mí tus pechos

o vaya a prenderme en tu espalda.

Cuando me atenaces las caderas

o bese –yo, tu corcel preferido–,

los senos de la que bien cabalga.

 

Ven, hagamos historia:

un manifiesto de amor en la era

de la revuelta mundial contra los ricos.

 

Los pobres nos damos

el desequilibrante gusto de saber

que hay mucho azar en el porvenir.

 

(Las cursivas son una frase de Henri Lefebvre)