Turno del Trimérica

Tras las agridulces sensaciones que nos dejó el mundial Sub 17 llega la hora de la verdad. Este miércoles, a mediodía, las aguerridas huestes del Piojo Herrera intentarán asegurar el boleto a Brasil 2014 recibiendo en el Azteca a la selección de Nueva Zelanda, que trae expectativas muy escasas en sus maletas. Privado de Reid –capitán, inspiración y líder–, y con un par de titulares que ni siquiera tienen equipo en la actualidad, el 11 oceánico se presenta como víctima propiciatoria de ese reforzado América con disfraz tricolor que Televisa ideó para la ocasión.

Con extrañeza viene comentando el mundo futbolístico tan extraña fórmula, que a nadie le suena ni medianamente seria. Pero es lo que hay, el último clavo ardiente al qué aferrarse, la oportunidad de revertir las inercias de un proceso perverso, con el cual está pagando el futbol mexicano todos los vicios inherentes a una “organización” que hace mucho rebasó  las fronteras de lo deportivamente permisible con tal de asegurarles alta rentabilidad a las televisoras, no al futbol, que es lo último que en los despachos de la Femexfut importa.

¿Favoritos? Normalmente, el Trimérica tendría que vencer sin problemas a Nueva Zelanda para empezar a inscribir el nombre de México en las listas del próximo mundial. Pero normalmente lo mismo hubiera debido derrotar en el Azteca a los modestos planteles de la Concacaf que recientemente lo visitaron. Y ya ven la sucesión de papelones cumplidos por esa gente que, en su ofuscación, ya no sabía si era el Chepo, Tena, Vucetich o quién diablos el director a cargo de esa más que desafinada orquesta. Confundidas las partituras, triturados los pronósticos y soliviantados los ánimos, los “dueños” –que en rigor se reducen a uno o dos– no encontraron mejor salida que pasarle la papa caliente a Miguel Herrera. Y que dios nos agarre confesados.


Llenarles de pelotazos el área. Quien espere el miércoles una pulcra exhibición futbolística será porque ni conoce al América ni entiende la situación. Porque lo esperable es que, con el pitido inicial, el Trimérica se lance en tromba al abordaje para, al grito de sí–se–puede, acorralar en su área al visitante y no descansar hasta hacerle tragar el primer gol. Si éste llega pronto, menos mal. Pero cuidado con que se demore más de la cuenta. Porque entonces, cada minuto que pase obrará en beneficio de los neozelandeses, acrecentará la ansiedad y las imprecisiones entre la mexicana tropa y hasta podría devolvernos a cualquiera de las pesadillas vividas contra Jamaica, Estados Unidos, Costa Rica u Honduras. Mejor ni pensarlo.

Hablar de orden táctico y esquemas de juego es hasta ocioso en estas circunstancias. Digamos que el Piojo dispondrá de tres centrales fijos, con dos laterales lanzados al frente y mucho balonazo en dirección del área opuesta. Hace tiempo que México carece de un organizador nato a medio campo, y aunque Herrera pusiera de inicio a Sinha –cosa que no creo– no es mucho lo que de la extrema veteranía del amexicanado brasileño cabría esperar, sobre todo considerando que los neozelandeses, a falta de virtudes futbolísticas, pondrán a contribución un juego muy físico, atentos a estorbar, no a crear, y presumiblemente agazapados en posiciones de retaguardia.

Lobo y cochinitos. Eso sí, mientras más atrás defiendan, mayores serán los riesgos que corran, pues bien sabido es que quien apuesta a encerrarse desde el primer minuto fácilmente termina asfixiado. Lo sabe Nueva Zelanda, lo sabe México y lo sabían hasta los tres cochinitos del cuento. Que el negocio consiste en salir a provocar al lobo, a ver si en una de ésas cae en el caldero. Pero cualquiera sabe si los de Oceanía dispondrán de tiempo y calma para pensar en eso bajo el aluvión de pelotazos en que el Trimérica amenaza con convertir el partido. El de ida, claro, porque en Auckland ya será otra cosa. Y ojalá que, cuando eso llegue, ya la cosecha de pasado mañana en el Azteca esté marcando una diferencia suficientemente holgada en favor de los verdes. Verdes por fuera y amarillos por dentro.

Mientras tanto, fieles a la recomendación de Cuauhtémoc, no queda más que rezar.

Ejemplo a seguir. Visto desde el ángulo más insidioso, en el mundial Sub 17 Nigeria aplastó a los nuestros por 9 goles a 1. Pero contemplado sin malas pulgas y con más apego a justicia, lo del cuadro de Raúl Gutierrez ha sido más que digno. Quizás habría que aclararles a los incansables merolicos de la tele que en niveles juveniles la potencia es precisamente Nigeria  –cuarto título Sub 17–, no Italia ni Argentina, si acaso Brasil, cuya eliminación quedará como la mayor hazaña de los tricolores en Dubai.

Pese a la derrota ante Nigeria, los adolescentes mexicanos exhibieron algunos de los valores que en la selección mayor más se echan de menos. Desde luego, un espíritu de lucha a prueba de bombas, que si nos sirvió de mucho ante un rival muy superior –incluso en envergadura física, pero también, y sobre todo, en futbol y figuras capaces de romper el partido en cualquier momento–, sí constituye un ejemplo que les habrá estallado en la cara a los “superprofesionales” que con tanto esmero se han dedicado a arrastrar el nombre del Tri.

También ha sido notable la organización de la Sub 17, la palpable existencia de un sistema de juego seguido al pie de la letra y armado en torno a la solidaridad mutua, la disciplina y la tenacidad. Si faltó el jugador encarador y atrevido, cúlpese de ello a que, sencillamente, no lo había. Consciente de esta carencia –que es del balompié nacional, no de esta joven selección–, el Potro Gutiérrez basó su esquema en las triangulaciones y el juego de apoyo, achicando el campo sin abrirse en exceso, lo que habría sido casi suicida. Ese estilo, practicado a conciencia, funcionó ante Suecia –que terminó tercero–, Italia, Brasil y Argentina. Y a pesar de que era muy improbable que sirviera para vencer a los nigerianos, no fue abandonado en la partida final.

Si en todo lo dicho y logrado no hay un mérito implícito, que el Ángel de la Independencia baje de su pedestal y lo diga fuerte y claro.

¡Vaya, una final de Copa de verdad! Si bien nadie niega que la liga es la reina universal y sus campeones la élite indiscutible del futbol –no hablo, desde luego, de minitorneos ni de liguillas–, la Copa tiene en cualquier lado su propio sello y sus virtudes particulares, construidas en torno a la emoción y la garra. Y como la liebre salta del más breve matorral, ahí tienen ustedes al Morelia y al Atlas, enfrascándose a morir en un duelo a toma y daca que sacudió al modorra de nuestro triste futbol y subyugó a los espectadores el martes pasado, en la capital michoacana.

Pasando por alto el disparate de disputar la final en casa de uno de los contendientes –decisión digna de los ilustres “dueños” del balón–, posiblemente hablamos del encuentro más emotivo del año en canchas mexicanas. Por las variantes que ofreció el marcador –en menos de una hora pasamos de un 2–0 Morelia al empate a dos, y en menos de cinco minutos del 2–2 al 3–2 y al 3–3 con que terminaron los 90 de reglamento, igualada que mantuvo a los espectadores al filo del asiento y, al persistir hasta el final, obligó a los lanzamientos desde el punto de penal. Pero para llegar a esa instancia estamos hablando de un festival de verdaderos golazos, de un Jefferson Montero desatado por su banda, de Bravo y Vuoso con la escopeta cargada, y de dos fantásticos latigazos desde fuera del área (Andrade y Ayala). De una lucha, en fin, sin dar ni pedir cuartel.

Mágico Vilar. El arquero argentino, cuyos mejores días parecían cosa del pasado, tuvo una espectacular resurrección que lo convertiría en el protagonista de la noche. A la hora buena no sólo contuvo tres de los lanzamientos rojinegros desde los 11 pasos –a Vuoso, Cufré y Ayala–; sino que además lanzó impecablemente el suyo para batir por segunda vez al chileno Pinto, su colega de enfrente. Los otros dos penales que dieron forma al triunfo del Morelia los ejecutaron Mancilla y Zamorano. Y fue Santos el único que, inútilmente, consiguió vencer desde el manchón blanco al inspirado Federico Vilar.

Bayern, Madrid, Barça… y Atlético. Los equipos españoles pudieron con los italianos. Aunque el Madrid sólo empatara en Turín con la Juventus (2–2), el Barça, con dos de Messi, batió en Camp Nou a un Milán bastante más aguerrido y armado de lo previsto. Se confirmó, sin embargo, que sus respectivos directores técnicos  –Ancelotti y Martino– apenas están conociendo a los integrantes de las distinguidas orquestas a su cargo, y que aún no tienen a punto las partituras.

Quizá por eso, Real Madrid jugó un primer tiempo basura en D´Alpi –lo dominó Juventus 1–0 con penalti del chileno Vidal (42’)–, antes de recuperar los papeles para mostrarse superior en el segundo, aunque la ventaja lograda a través de sus ases Cristiano (52’) y Bale (60’) terminara evaporándose con el frentazo ganado por Llorente a un Varane que aún no está en forma (65’).

Al día siguiente, en Barcelona, los blaugranas se encontraron con un Milán bien pertrechado atrás, tanto que Messi y Neymar, bien controlados, sólo aparecieron a ráfagas. Suficiente para que Lio anotara dos veces, primero de penalti (30’) –discutible por cómo Neymar se dejó caer a un leve contacto con Abate– y luego en perfecta pared horizontal con Fábregas (83’). Era el 3–1, pues antes de que acabara el primer tiempo Busquets había marcado de cabeza el segundo, al que siguió rápida respuesta de Kaká por la banda zurda que terminó en autogol de Piqué (45’).

Mientras tanto, imperturbables, los dos equipos más en forma de Europa liquidaban sus compromisos sin pestañear. Bayern mediante discreto 0–1 como visitante del Victoria Plzen checo; los colchoneros ensañándose en el Austria Viena en el Calderón (4–0, y eso que Diego Costa, que anotó uno, había errado antes un penal).

Desabrido, en cambio, fue el esperado encuentro de los paisanos Chicharito y Carlos Vela, tan grises como sus respectivos equipos, la Real Sociedad y el Manchester United, que terminaron 0–0 en terreno donostiarra.

Y para voltear pronósticos, la victoria del Arsenal en Dortmund a costillas del subcampeón Borussia (0–1 con gol del galés Ramsey), al que deja mal parado en la tabla del grupo encabezado por los gunners con el Napoli (3–2 sobre el Marsella) de escolta y los teutones refundidos en el tercer puesto. Y fuera, por ahora, de la zona de calificación a octavos, cuando faltan dos jornadas.

Puebla, relegado. Después de un parón de dos semanas –fechas FIFA destinadas a los repechajes– va a disputarse la devaluada liguilla de Primera División. Jugarán los cuartos de final América–Tigres, Santos–Querétaro, León–Morelia y Cruz Azul–Toluca.

El Puebla, descartado desde la semana anterior, cerró su participación en el Apertura 2013 perdiendo 1–0 en el Morelos, anotación del Tripa Pérez en tiempo de descuento. La franja tuvo ocasiones para ganar, pero su falta de estoque volvió a ponerse en evidencia.