Trump: protofascista del siglo XXI

La situación en Estados Unidos de miles de menores de edad, hijos de inmigrantes, que han sido separados de sus padres por las políticas persecutorias del gobierno estadunidense, causó indignación en todo el mundo.

La persecución policiaca contra los trabajadores y refugiados extranjeros en Estados Unidos, no fue iniciada por Donald Trump, pero éste la ha acentuado y llevado extremos que rayan en la inhumanidad, como es el caso de los centenares de niños que permanecen literalmente enjaulados en espera de que las autoridades decidan su destino. De acuerdo con un informe enviado al Senado por el Departamento de Seguridad Interna (DHS, por sus siglas en inglés), en el curso de un mes, la Patrulla Fronteriza separó a 2 mil 342 menores de sus familiares en la frontera con México, lo que equivale a 70 niños por día. Una verdadera pesadilla.

Lo más repulsivo es la exigencia de “responder al llamamiento de la Patrulla Fronteriza”, para que los inmigrantes señalen a otros inmigrantes en el marco de la política “Tolerancia Cero”, que en los hechos alinea a los inmigrantes delatores con sus explotadores, e incluso se identifican con ellos para llevar a cabo la persecución a hombres y mujeres de su propia sangre.


La conducta frente a esta “política de emigración cruel e inhumana”, por parte del gobierno de México demuestra, además de frivolidad, una falta total de dignidad del canciller Luis Videgaray –quien llegó para aprender y está reprobado–, por eludir una respuesta contundente a la separación de familias. Como señala la cantante Sasha Sokol, Videgaray envió más tweets felicitando al equipo de futbol mexicano por ganarle a los alemanes en la Copa del Mundo, que en contra de la separación de familias. Pero si el audio de los llantos de los niños no suena tan alto como los gritos de “¡gol!”, ese llanto es una condena a esos crímenes de lesa humanidad.

Para Trump una de las principales enfermedades de su país, proviene de México. Todo lo que es “marrón”, es mexicano, por tanto “mala gente”: criminales. La reunión del G7, celebrada recientemente en Canadá, escuchó las palabras viperinas de Trump, cuando se dirigió al primer ministro japonés y le  advirtió que iba a deportar a 25 millones de mexicanos a Japón, como si se tratara de deshacerse de la escoria y enviarla al país asiático y evitar sus críticas.

La exclamación de Trump “¡no permitiré que los emigrantes nos infesten!”, es una preocupante expresión racista que apela a la supremacía blanca, frente a los “peligrosos” migrantes provenientes de  “países de mierda”. El sometimiento de los países del “Tercer Mundo”, es el grito de guerra de los movimientos neonazis que encuentran cobijo en Washington. A nosotros, deberían darnos qué pensar para evitar lo que todavía no es inevitable: la hegemonía ultraderechista.