Tres mandos de la Secretaría de Seguridad Pública con un negro pasado

En una época crítica para Puebla por el desbordado nivel de criminalidad, resulta desconcertante que el actual secretario de Seguridad Pública, Manuel Alonso García, ha formado un equipo de trabajo con colaboradores que tienen como principales características: que en el pasado fueron dados de baja de corporaciones policiacas por malas prácticas o ineficiencia, o que estuvieron involucrados en hechos delictivos.

Y no es algo menor, esos colaboradores participan en las áreas más estratégicas, como son la Dirección de la Policía Estatal y la Subsecretaria de Investigación e Inteligencia, han quedado en manos de funcionarios con oscuro pasado.

Tal es el caso de Carlos Cárdenas Ramírez, quien es director de la Policía Estatal. Hace 26 años este personaje salió de esa misma corporación para ingresar temporalmente a un penal, luego de que apareció involucrado en las torturas y muerte de un ciudadano llamado Leopoldo Cervantes, quien sufrió actos de abuso de autoridad en una base de operaciones policiacas que se encontraba en el municipio de Ajalpan.


Cárdenas llega a hacerse cargo de la Policía Estatal en una etapa de crisis, pues esta agrupación de seguridad pública sufre un fuerte déficit de agentes, de instalaciones, armamento y vehículos, como consecuencia de que la corporación se adelgazó durante el sexenio del exgobernador Rafael Moreno Valle Rosas, quien privilegió la represión a grupos populares en lugar de fortalecer las áreas de prevención del delito.

Además la Policía Estatal atraviesa por una crisis de credibilidad y confianza, ya que frente a los ojos de esta fuerza de seguridad pública, en los últimos años, creció de manera alarmante el robo de combustible bajo un manto de impunidad. Esa condición se agravó cuando en julio de 2015, el entonces director de la agrupación, Marco Antonio Estrada López, fue detenido por el Ejército por proteger a una banda de huachicoleros.

Otros nombramientos que Manuel Alonso hizo fueron los de Felipe Morales Escamilla y Andrés Clemente Romero, quienes en el pasado causaron baja de la extinta Policía Judicial del estado de Puebla, y su salida se debió a supuestas malas prácticas.

Morales Escamilla es actualmente subsecretario de Investigación e Inteligencia, sin que tenga mucha experiencia en las labores de análisis de los comportamientos criminales.

Cuando fue comandante de la desaparecida Policía Judicial, Morales Escamilla se destacó porque estuvo asignado a la región de Izúcar de Matamoros, en una época en que los secuestros de volvieron una constante.

Andrés Clemente Romero es colaborador cercano a Felipe Morales Escamilla, en la Subsecretaría de Investigación e Inteligencia, y cuando fue comandante de la Policía Judicial en el distrito de Tehuacán se alcanzaron cifras récord de robo de vehículos.

La razón por la cual ambos personajes fueron incorporados a la Secretaría de Seguridad Pública parece obedecer a un simple asunto de amistades.

Manuel Alonso inició su carrera en el servicio público en la Policía Judicial del estado, en donde sus jefes fueron Felipe Morales Escamilla y Andrés Clemente Romero, con quienes trabó amistad y ahora son sus subordinados.