Touché

El casi graduado de maestría tomó, en su último semestre, una clase de arte de vaciado de metal, –nivel licenciatura–, para cubrir requisitos. Él tiene 30 años y sus compañeros están en sus incipientes 20. Recién entró al curso empezó a decirles “los niños”, y ellos para corresponder lo llamaron “el señor”.

En sus pláticas lo escuchaban con atención porque no tienen idea de lo que sucedía hace 10 años y les gusta que “el señor” les explique lo que pasaba en la época cuando ellos de veras eran niños y él tenía su edad.

En ocasiones, después de clases, se iban a comer en bola con “el señor”, quien con gusto los acompañaba con gran alegría. Divertido se preguntaba si él era como estos niños a esa edad. De igual manera lo invitaban algunos fines de semana a sus convivios y fogatas y él se admiraba que lo incluyeran.


En la presentación final del semestre todos estuvieron atentos a trabajo de “el señor” porque sin ser artista, había demostrado habilidades que aún a la maestra dejaron asombrada, cuestión que logró cercanía y unión entre el grupo. Además que “el señor” preguntaba a “los niños” cómo se hacía lo que no sabía –que era todo– por lo que “los niños” le tomaron aprecio por la sencillez y humildad con que aceptaba su ayuda e instrucciones.

Llegó el fin de cursos y “el señor” ya se gradúa de su maestría, –que nada tiene que ver con el arte–, y sale de la universidad, por lo que “los niños” hicieron un pequeño convivio para despedirlo.

Al terminar la última clase “el señor” propuso comprar unos chocolates que elaboran muy ricos en la universidad para que, mientras los saborean, compartan impresiones y se despidan.

“El señor” los disparó y al convidar un chocolate a uno de “los niños”, éste respondió travieso: “No gracias, mi papá me ha dicho que no acepte nada que me ofrezcan personas mayores.”

Touché.




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