Totalitarismos democráticos

Vladimir Putin ha sido reelecto para gobernar Rusia en una votación que contó con la participación de 60 por ciento del electorado, del que él obtuvo más de 70 por ciento. La contundencia de su triunfo no deja lugar a dudas. Los Rusos lo quieren. Según una nota de Xavier Colás para el diario español El Mundo, “Putin ha obtenido 10 puntos más que en la convocatoria anterior, cuando consiguió un 64 por ciento. (…) Tras 18 años en el poder, podrá así consolidarse como ‘el líder absoluto del Olimpo político’ de Rusia, como le calificó su portavoz, Dimitri Peskov, en un generoso pero no exagerado perfil trazado ante los periodistas. El plan del Kremlin era el llamado ‘70–70’, un 70 por ciento de apoyo con un 70 por ciento de participación”. De hecho, sin exagerar, podríamos decir que vuelve la época de los Zares… bien democráticos, eso sí. Para Putin, parece que de lo que se trata, es de perpetuarse en el poder a como dé lugar, cosa que está logrando sin ningún problema. El periodo será de seis años y culminaría en 2024 marcando así quizá uno de los periodos más largos que ha gobernado alguien en el mundo “democrático” desde la caída de la Unión Soviética. Vale preguntarse muchas cosas en este momento, especialmente cuando vemos que en el mundo en general, el modelo de gobierno democrático, con elecciones libres y alternancia de personajes y partidos en el poder, es la constante. Primero que nada, pese a que sea a través de procedimientos democráticos, ¿es sano que alguien se mantenga tanto en el poder? Para nosotros, históricamente, es un tabú el hablar de reelección. Al que lo menciona, le cae pamba con picahielos. Nuestro pasado porfirista nos ha dejado marcados. La reelección fue eliminada de las leyes y de las mentes de los mexicanos, pero eso no fue obstáculo para que un partido se mantuviera en el poder más de 70 años. Como lo vimos en esos años, no es sano que una sola fuerza política gobierne tantos años y mucho menos que lo haga la misma persona.

En segundo lugar, los tiempos están cambiando y cunde en todo el orbe, especialmente en América Latina, la idea de la reelección indefinida. Un ejemplo: Evo Morales logró en noviembre pasado que el Tribunal Constitucional de Bolivia le concediera la posibilidad de candidatearse por una cuarta ocasión a la presidencia, e incluso quedaría habilitado de manera indefinida para hacerlo. Las elecciones serían en 2019 y podría durar en el cargo hasta 2025. Sin embargo, con esta puerta abierta, podría reelegirse nuevamente sin problema. El argumento central fue que los acuerdos internacionales están sobre la constitución misma de Bolivia y que el derecho humano que tiene todo ciudadano de presentarse a una candidatura, estaría siendo limitado por la propia constitución. Como reportó La Jornada el 22 de enero pasado Evo Morales “…celebró hoy 12 años ininterrumpidos en el gobierno en medio de protestas callejeras en varias ciudades que piden que cumpla el resultado del referendo del 21 de febrero de 2016 que lo inhabilita como candidato para las elecciones de 2019. (…) Mientras el mandatario presentaba un informe anual a la Asamblea Legislativa Plurinacional (Congreso boliviano), se producían un ‘cacerolazo’ y una marcha callejera en La Paz, un ‘tractorazo’ de productores agropecuarios en Santa Cruz y protestas en Sucre y otras ciudades”. Es muy probable que Morales no consiga los consensos como sí lo hizo Putin para obtener semejante votación, pero es un hecho que puede reelegirse, ya con eso, presenciamos otro espacio donde la democracia se acomoda a los designios de los poderosos y la indiferencia o apoyo directo de la población. Nuevamente pregunto, ¿es sano que una persona gobierne tantos años?

Afortunadamente, en otras latitudes las cosas no han salido como esperaban ciertos actores políticos. En Ecuador se dio un plebiscito donde se eliminó la posibilidad de la reelección indefinida. Según una nota publicada por Univisión en febrero 4 de este año, la “mayoría de los ecuatorianos votó el domingo en un referéndum a favor de eliminar la posibilidad de la reelección presidencial indefinida de la Constitución. (…) Con un 98.4 por ciento de los votos escrutados, el 64.32 por ciento de los ecuatorianos apoyaron la iniciativa de eliminar esa figura en la Carta Magna, un resultado que impediría el eventual regreso del exmandatario socialista Rafael Correa al poder. (…) El referéndum había sido convocado por el presidente Lenín Moreno, que fue vicepresidente de Correa pero poco después de haber asumido el año pasado rompió con él”. Correa buscó emular a Morales de Bolivia, pero no le salió la jugada pues ya no está en la presidencia. Pero si estuviera todavía ahí, es probable que hubiera logrado los acuerdos para ello. Donde sí tuvo éxito una iniciativa de este tipo fue en China donde el mandatario Xi Jinping logró que se aprobara en marzo de este año. Como reporta el portal de la BBC, “El Partido Comunista, que presentó la propuesta, insistió en que eliminar el límite de los mandatos fortalecería el sistema de liderazgo chino y le permitiría a Xi supervisar ambiciosos proyectos de desarrollo. (…) Se preveía que Xi abandonaría el poder en 2023, pero con la nueva reforma podría gobernar por más periodos”. Claro, lo que vemos es que numerosos líderes piensan que seis u ocho años no les alcanzan para lograr sus objetivos y pretenden perpeturase en el poder en una nueva figura de totalitarismo democrático muy a la vanguardia, como se ve. La democracia, sin duda, está viciada hasta el tuétano. Es necesario repensar los paradigmas, no sea que se les antoje acá en México y para qué les cuento…