Toma tu corazón roto y conviértelo en utopía

Como pocas veces, el pasado domingo olvidé por completo que era la noche de la entrega de los Globos de Oro a los mejores actores del año –según los criterios de la “Hollywood Foreign Press”– culpa de una vida millenial en la que los contenidos que consumo provienen de plataformas como Netflix; queda pendiente analizar qué tan positivo es aquella lejanía a las bellas tradiciones de vivir en un mundo alterno y poco cercano a nuestra realidad. A pesar de este impedimento, bastó una actualización de facebook para hacerme saber que algo había dicho la actriz Meryl Streep que desató el furor de los usuarios de las redes sociales.

Fue a través de una nota compartida de El New York Times que me enteré del contenido del discurso que había emitido la galardonada actriz al recibir un premio Cecil B. DeMille por su trayectoria cinematográfica. Evidentemente, el arrebato de las redes sociales se debió a una fuerte crítica que hizo Streep al presidente electo de Estados Unidos –y como fiel seguidora de la actriz, supuse que esta alusión tenía dos fuentes probables: 1. Tener un respetable interés por defender la diversidad de las personas en un contexto tan adverso o 2. Tener una posible cercanía con el grupo de los Obama– recordemos los reconocimientos que la actual administración estadounidense le ha otorgado a mujeres como la protagonista de la decisión de Sofía o como el recién entregado a la entrevistadora y comediante Ellen Degeneres.

En fin, el origen de lo comunicado es incierto, pero lo dicho por Streep fue claro: “Este instinto de humillar, cuando es modelado por alguien en la plataforma pública, por alguien poderoso, se filtra en la vida de todos, porque da un cierto permiso para que otras personas hagan lo mismo. La falta de respeto invita a la falta de respeto, la violencia incita a la violencia. Y cuando los poderosos usan su posición para intimidar a los demás, todos perdemos. “


Dichas palabras no son menores; tan fue así que Donald Trump utilizó su cuenta de twitter para lanzarse en contra de la señora Streep desacreditándola como actriz; ¡Vaya error del Sr. Trump! Una vez más sacó a relucir la intolerancia a la crítica. Por otro lado, lo fundamental –me parece– es rescatar los espacios de mayor envergadura para hacer llegar un mensaje de solidaridad y de empatía por el otro. Sabemos que estos grandes actores –como Meryl Streep– viven en realidades muy distantes a las nuestras o al del ciudadano estadounidense promedio. Sin embargo, es necesario que como ciudadanos del mundo alcemos nuestra voz para defender lo que nos estamos jugando; el respeto a la vida, a la dignidad, al otro. Por ello y, aún cautelosa de los posibles orígenes del discurso, hoy agradezco que una actriz de esta magnitud de incidencia haya defendido los intereses –principalmente, de tantos miles de conciudadanos que hoy viven de cerca el racismo y la intolerancia.

Hoy, diferente a lo que le dijo la princesa Leia a Meryl, diría: toma tu corazón roto y conviértelo en utopía. Una utopía que sea empática, que sienta y que denuncie; una utopía que no se agache, que no tenga miedo y que nos encuentre.




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