Tina Modotti en la Galería del Palacio

Recientemente se inauguró una exposición con los trabajos fotográficos de Tina Modotti, mismos que consisten en una impresión contemporánea en base a los negativos en resguardo del Instituto Nacional de Antropología e Historia, en formato de 18 x 24cm, lo que era común entre los fotógrafos de la época. Esta muestra se complementa con los textos de Antonio Saborit, Ramón Almela, Olivier Debrois y Servando Aréchiga, incluso un poema de Pablo Neruda.

Tina Modotti, una artista de origen italiano y de nacionalidad mexicana y rusa y alemana y española, pues ahí donde iba tomaba como suyos los problemas sociales y políticos existentes.

La situación económica en Italia impulsa a la familia Modotti a migrar hacia los Estados Unidos, donde, en 1921, conoce al fotógrafo Edward Weston (1886-1958, amigo de Roubaix de l’Abrie Richey -esposo de Tina), ambos se trasladan a México y la cultura de este les influye en la temática fotográfica a ambos. En nuestro país le toca vivir la etapa posrevolucionaria, donde continúan las injusticias sociales, sobretodo en la clase trabajadora; ambos enarbolan las demandas de los artistas activistas revolucionarios, estableciendo fuertes lazos con los muralistas y con fotógrafos como Manuel Álvarez Bravo. Además del activismo partidista (fue miembro del Partido Comunista Mexicano desde 1927), Tina colabora como editora y fotógrafa en la revista Folklor Mexicano de 1927 a 1940.


En 1930 es desterrada de México por creerla cómplice del intento de asesinato del entonces presidente Pascual Ortiz Rubio, por lo que va a Berlin, donde continúa su labor de fotógrafa publicista en Der Arbeiter-Fotograf. De 1931 a 1934 deja la fotografía para trabajar en la Cruz Roja Internacional de la URSS. En España hizo lo mismo colaborando con Socorro Rojo Internacional, publicando en la prensa de este organismo: Ayuda. En 1939 vuelve a México, donde continúa con su activismo político y con la fotografía. Muere en 1942.

El México que le toca vivir a Modotti fue un México pluricultural, más que hoy (menos globalizado), donde el pasado prehispánico y el nacionalismo son ingredientes del naciente proyecto cultural. Un México con contacto constante entre artistas e intelectuales de la URSS y de la Europa de Entreguerras.

En la muestra de la Galería del Palacio se exhiben básicamente dos tipo de trabajos, los de una lente con mirada antropológica y los de una lente que identifica un objeto con valor estético intrínseco. El primer caso es un documento en el que queda registrada la tradición, la cultura, el andar y hasta el olor de nuestra comunidades rurales o de la marginación urbana. Mientras que en el segundo, la fotografía se convierte en la poética del detalle, de un entorno inmediato y cotidiano, que nos impulsa a ver el objeto con una mirada más analítica y sensible. Esta última temática, también está presente en los trabajos de Weston, es decir, el fotógrafo estadounidense también se deja influenciar por el objeto cotidiano mexicano, aunque ambos fotógrafos mantienen cierta independencia en su respectivos lenguajes plásticos, sobretodo en cuanto al tratamiento de grises. A Weston le distingue la imagen de formas curvas, sugerentes, sensuales y los fuertes contrastes. Mientras que Tina es otro modo de sugerencia y sensualidad, en un manejo de grises tan múltiple como fugas, casi imperceptible, donde el negro apenas es una nota. Tina toma objetos tal cual o los mezcla y los “coloca”, asignándoles una nueva lectura, un nuevo simbolismo: liberad, guerra, lucha, son las constantes. Un grito frágil.

Al tratarse de una impresión contemporánea, esa pátina del tiempo que hemos visto en otras muestras de la misma artista, ahora están ausentes. Y es que la huella que deja el tiempo en las fotografías del siglo pasado es imborrable a la memoria, es un sabor cuyo deleite se vuelve un complemento sensorial, entrañable, nostálgico, que dota de poética visual a una imagen de por sí poética, estética, incitante.

Esta exposición se convierte en la descripción del trabajo fotográfico de Tina Modotti, descripción en texto, descripción en la captura de la imagen.

El trabajo del fotógrafo tiene varios pasos: 1) captura de la imagen en un instante, con un encuadre, con una determinada luz. 2) Revelado de los negativos. 3) Impresión del negativo en un papel. Este último es un trabajo fundamental, ya que el artista determina el tiempo, hace pruebas, las arroja, vuelve a intentar, hasta quedar satisfecho con su trabajo. Obviamente en esta exposición el último paso no lo hizo la artista, son réplicas… supuestos de lo que pudo haber sido, aún cuando se tenga la imagen original impresa y se trate de emular… es pretender terminar el trabajo de Modotti. Sin embargo se entiende que esto se haga para facilitar una muestra, incluso itinerarla, disminuyendo el riesgo de extravió, maltrato o pérdida de parte del patrimonio histórico fotográfico.

Por otra parte, el espacio de exposición es amplio y las reproducciones muy pequeñas, los marcos desproporcionados y las marialuisas grandes. Se hubiera agradecido una impresión de mayor tamaño, la calidad de la fotografía lo merece. Solamente se tomó una fotografía para hacerla en mayores dimensiones y eso fue atinado; de hecho se pudo haber hecho lo mismo con diferentes fotografías y haber planteado algo lúdico con el material resultante, de tal manera que generara una exposición más dinámica y en la que se motive la mirada del espectador, motivarla a la sensibilización ante la forma, ante la luz, ante la sombra; intervenir tridimensionalmente el espacio para romper la monotonía con que se ha dispuesto el material: monotonía en el formato, en la presentación, en nivel de ubicación, en el montaje.

Una gran muestra gracias a una gran artista, pero que merecía una propuesta museográfica más creativa, menos estática.

 

“Tina Modotti, hermana, no duermes, no, no duermes;

tal vez tu corazón oye crecer la rosa

de ayer, la última rosa de ayer, la nueva rosa.

Descansa dulcemente, hermana”.

 

Pablo Neruda

Lápida, Panteón de Dolores, Cd. de México