Tesoros de los mayas

La tecnología LiDar (por sus siglas en inglés laser imaging detector and ranging) es una tecnología muy reciente que está permitiendo que el mundo de la arqueología tenga un desarrollo acelerado en los últimos años. Básicamente, según algunos documentales que he visto recientemente, se puede medir la distancia desde un avión hacia un objeto en la tierra mediante un emisor láser con lo que se desarrolla un mapa de la superficie atravesando la vegetación que pueda existir sobre el terreno. El ejemplo más reciente e importante del momento se detalla en el documental de la National Geographic, “Tesoros de la Cultura Maya”, que se estrenó hace unos días a nivel mundial. En él se da cuenta de al menos 60 mil estructuras que fueron develadas por el LiDar y que, en palabras del propio documental, modifican todo lo que sabíamos sobre los mayas en la región del Petén, específicamente en la zona norte, colindante con la Península de Yucatán y Belice. Hay mucho que decir sobre el documental, tanto positivo como negativo.

Lo primero que, gracias a esta tecnología, podemos visualizar de forma más exacta la distribución geográfica y urbana que habría tenido la zona del Petén en diversos periodos antes de la llegada de los europeos, específicamente en el periodo Clásico, que son los espacios que enfatiza el documental. Por otro lado, no dudo que el documental motive a muchos niños y jóvenes a integrarse a la Arqueología tanto en México como en Guatemala, cosa que se requiere al ver la titánica labor que sugieren los hallazgos.

Lo negativo es que el documental generaliza lo “maya” con lo que, nos hace pensar que la región fue gobernada por un solo grupo humano, liderados por el llamado reino de la Serpiente, sin que el mismo documento presente evidencia de lo que afirma. Resultaría mucho más cómodo para historiadores y arqueólogos occidentales el pensar en un imperio que gobernara la zona, al menos en el periodo Clásico, pues ello permitiría aplicarle modelos de otras latitudes, como el de Mesopotamia o el de Egipto.

Por otro lado, como bien comenta una amiga arqueóloga guatemalteca que estudia el doctorado en Estudios Mesoamericanos de la UNAM, Margarita Cossich Vielman, “Como arqueóloga estoy impresionada con estos enormes avances científicos que han ayudado a replantear las masivas construcciones y la cantidad de población maya que vivía en época prehispánica en esta región de Guatemala. Pero sabemos que el mapeo de esta zona es solamente el primer paso para conocer a las sociedades antiguas, luego se debe excavar las estructuras y analizar el material que provenga de ellas para fecharlas, saber si todas las estructuras son del mismo periodo o no y con esto poder hacer estimaciones de cantidad poblacional. También sabemos que las estructuras pequeñas u otros rasgos como campos de cultivo no pueden ser reconocidos por el LiDAR y, por lo tanto, seguimos dejando de lado el estudio del área doméstica donde vivía la población general y no la élite”. En efecto, el LiDar nos apoyará en esta primera etapa, pero necesariamente hay que hacer exploraciones in situ con toda la complejidad que ello implica. Por otro lado, esto nos lleva a pensar lo obvio: ¿quién se hará cargo de las exploraciones y posterior interpretación de los resultados? ¿Exploradores guatemaltecos? ¿Exploradores extranjeros en conjunto con arqueólogos guatemaltecos como se viene haciendo hasta la fecha? ¿Cuánto dinero se requiere para ello?


Bueno, parte de la respuesta ya la dio el ministro de Cultura y Deporte de la nación centroamericana, José Luis Chea Urruela en una entrevista para el portal Prensa Libre: “…Chea admite que pese a la obligación legal del Ministerio de Cultura solo podrá velar por la protección y conservación de bienes arqueológicos ‘parcialmente’. Por eso recalca una y otra vez que, más allá de ‘las piezas preciosas’, lo importante es ‘el redescubrimiento de la civilización, sus estudios y la develación de la dinastía de los reyes de las serpientes, así como la desmitificación de un maya pacífico, por lo visto en las murallas que habían construido’”. Por tanto, vale la pena preguntarse dónde terminarán las piezas rescatadas y, por otro, quién administrará estos espacios y, por consiguiente, se volverá el “dueño” de los mismos como tan frecuentemente sucede con los arqueólogos y los sitios que trabajan.

Finalmente, existe otra cuestión relevante: los fines con los que se darán estas investigaciones, pues si se realizan con el objeto de atraer turismo a esta zona, hay que crear infraestructura que no suele ser benéfica, no solo a nivel arqueológico, sino a nivel ecológico y de conservación de una de las reservas más importantes del mundo en ese sentido. Como bien apunta Cossich, hay que tener cuidado de no vender Guatemala como un lugar de “tesoros” por descubrir, además de que dicha información bien puede ser aprovechada por los saqueadores llamados “guecheros” para realizar sus fechorías. De igual manera, se lamenta por la presentación del documental por el Instituto Guatemalteco de Turismo, en el que aparecieron un par de jóvenes vestidos como mayas antiguos que recibían a los invitados, con lo que se resalta la idea de la preferencia de los mayas clásicos, frente a los que hoy habitan Guatemala. Bienvenido el documental de National Geographic, la investigación y el LiDar, pero es necesario considerar la enorme caja de Pandora que se abre con su presentación…