Territorio Monjas

Es el título de la exposición de Antonio Álvarez Morán, inaugurada el pasado 27 de octubre en Casa del Puente, en San Pedro Cholula. El artista es originario de la ciudad de Puebla (1959), egresado de Artes Gráficas y Diseño por la UDLAP en 1982, posteriormente tuvo una estancia durante nueve años en Santa Fe, Nuevo México, donde realizó diferentes proyectos artísticos. Obtuvo la Maestría en Pintura por la Texas Christian University en 1998. Durante más de veinte años impartió clases de pintura en la carrera de artes plásticas en la Universidad de las Américas Puebla, de donde se jubiló recientemente.

En sus inicios, la pintura de Antonio Álvarez era más expresionista, más gestual y también más burda, pero hace veinte años –durante una estancia en Alemania- se percató de que su dibujo tenía un lenguaje diferente al de su pintura. Tomó del grabado y del dibujo el trazo y las líneas para empezar a plantear una manera diferente de realizar sus pinturas, de tejer los colores para delinear las formas y los volúmenes, tal y como se hace en el grabado por sobreposición de líneas y siguiendo la dinámica de la forma. Esto me conduce a hablar de otra particularidad técnica: el uso excesivo del color, sin que por ello se ensucie o desluzca la superficie, al contrario, consigue brillo y pulcritud visual; peculiaridad que se ha refinado en los últimos años.

Territorio Monjas cuenta con pinturas realizadas a base de repetidos golpes de pincel con diferentes prolongaciones, sentidos y direcciones, de tal manera que la superficie final representada no se consigue por la tradicional tratamiento de interpretación volumétrica en base a luces y sombras, sino por la dinámica de la pincelada con la que se va describiendo la estampa. En ocasiones logra los obscuros por la sobreposición de colores complementarios, atribuyendo mayor vibración visual; en otras ocasiones sobrepone colores análogos, apenas matizados en donde se requiere un cambio de volumen. Es decir crea los mismos efectos visuales que recreaba el puntillismo sustentado en la teoría del color. De la misma manera, hace uso del Op Art en el sentido de jugar con la visión, con la ilusión óptica, para que sea ésta la que construya la imagen, una labor concedida al espectador.


A mi parecer, el trabajo más arrojado de Álvarez son sus Ensamblajes, en los que mezcla pintura, collage y arte objeto, en que se asume una secuencia discursiva gracias a la historia original, la investigación y los incontables vínculos con la vida personal, familiar, de contexto social, de aportación cultural que encierra cada uno de los trabajos. Cabe añadir que para el artista los objetos no son sólo cosas muertas, inanimadas, sino que –como fetichista que es- está seguro que cada objeto tiene una historia que contar, una experiencia de vida que relatar y por eso le otorga especial importancia a los objetos, sobretodo a aquellos que por miles de razones terminaron en una caja personal junto a otros miles de objetos de las mismas características: cosas rotas, a medio uso, estampitas, imágenes, objetos que algún día sirvieron, que algún día fueron utilizados. Efectivamente tienen una historia. El agregar objetos con estas características a sus ensamblajes dota de particularidad, les hace irrepetibles, personifica, incorpora diferentes pequeñas historias a través del trama de relaciones que establece entre los objetos, las imágenes, los colores, sus recuerdos, sus experiencias de vida, sus sensaciones, el anécdota del convento, la historia que perfila el contexto.

Otra particularidad de Álvarez –en cuanto a la temática- es que trabaja a base de series, tales como Cholula Sonidera o Farándula Cubista (razón por la cual fue invitado a participar en la exposición en torno a Pablo Picasso). Aunque en realidad ha iniciado cada una de sus series en diferentes tiempo y los ha continuado trabajando, pero no de una manera lineal o secuencial, sino que cada serie está relacionada con otra serie, hay vínculos que permite hablar de una retícula temática.

Aún cuando el argumento sea claramente definido por el artista, se distinguen elementos constantes en su obra, algunos de estos elementos persistentes es el enfoque que le da a las manifestaciones populares, a la cultura que distingue la poblanidad, aquellas notas que demarcan nuestra cultura local, yendo desde las acciones básicas cotidianas del poblano en medio de su ciudad, hasta lo que podría catalogarse como arte popular. También incluye en sus relatos pictóricos patrimonio edificado, centrándose –sobretodo en las edificaciones de carácter religioso, uniéndolas con expresiones comerciales propias de fiestas patronales y sus demás connotaciones.

Otra constante es la representación de la mujer a la que podemos distinguir encarnada en todas las posibilidades inimaginables, pues no hace distinciones o preferencias entre profesiones, ocupaciones, roles, clases, situaciones, suertes, y un largo etcétera. Para Morán, las mujeres existen y tal como existen son reconocibles e incorporadas en sus lienzos.

En los últimos años, Álvarez Morán se ha enfocado en la reinterpretación del arte virreinal, y en específico en la vida conventual, sobre la cual ha conformado ya numerosas exposiciones en la ciudad de Puebla. En una reciente entrevista, el artista acusa tres posibles razones por las cuales de decantó por el tema de monjas: por un lado las relaciones familiares con este sector de la Iglesia; por otro, la vinculación misteriosa con Sor Teresa Antonia Álvarez de Abreu, y una particular empatía para con las monjas.

Encantado por la pintura religiosa, Antonio Álvarez comienza a recrear los retratos de las monjas coronadas, dando lugar al proyecto Engaño Colorido en 2011, para lo cual contó con la beca del FONCA, y siguió creciendo el proyecto hasta la actualidad.

Para llegar a la presentación pictórica y gráfica de esta exhibición, Álvarez ha tenido que realizar investigaciones sobre la vida conventual, pero más particularmente sobre los hechos sobresalientes en cada caso, pues no se tratan de figuraciones aleatorias:

“En esta exhibición se presentan obras de Antonio Álvarez Morán que, desde muchas perspectivas, muestran escenas de las mujeres que revolucionaron la vida conventual en sus peculiares semblanzas, teniendo como eje vertical de las piezas la imagen del personaje histórico acompañadas por referencias sobresalientes aportadas por el autor”

María Villatoro, 2017.

Podemos detectar, como componente sobresaliente, que en la obra de Álvarez Morán hay un constante juego con el tema y su entorno, es decir, no toma lo “monjil” desde una perspectiva totalmente seria, monótona o simple, sino que –así como usa colores complementarios- matiza con temas complementarios, introduciendo elementos antagónicos, textos inverosímiles. La sátira se presenta, dotando de irreverencia, humor, veneración y sacrilegio al unísono.

El resultado ha implicado muchas horas de trabajo por parte del artista, tanto en lo teórico como en lo práctico. Esta exhibición se ha complementado con un cortometraje titulado Las Monjas Vampiras contra el Hijo de Benito Juárez, como la primera parte de una serie de cortos que lleva por título Los Misterios de las Monjas Vampiras, y que fue seleccionado y presentado durante el festival de cine y cortos Mórbido, realizado en la ciudad de México desde el 26 del octubre al 5 de noviembre de este año, y que será proyectado el 30 de noviembre en la sala galería de la Casa del Puente.

El espacio de la Casa del Puente –recientemente intervenido y no de manera afortunada- ha sido bien aprovechado en esta ocasión , pues me arriesgo a decir que ha sido la muestra mejor montada en relación con el espacio y la cantidad de obra que se puede apreciar, ya que anteriormente las exposiciones eran muy escuetas o atiborradas para poder concentrarse en una sola sala. En esta exposición, por el contrario, las dimensiones de las obras –en su mayoría de gran formato- han sido adecuadas al espacio, tanto en interiores como en exteriores, otorgando mayores posibilidades al espectador para la visualización de las piezas. La Casa del Puente está ubicada en la 5 de mayo 607 del centro de San Pedro Cholula, y la exposición permanecerá abierta lo que resta del año sin costo alguno.




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