Terremotos y devastación neoliberal

La política económica que desde hace 35 años se nos impuso a los mexicanos, ha provocado empobrecimiento, explotación, desigualdad extrema y una brutal atrofia de la economía provocada por los recortes a la inversión pública productiva. Los gobiernos neoliberales, al operar las “sugerencias” del Consenso de Washington, eliminaron subsidios al transporte, a la salud, producción de alimentos, educación, vivienda, ciencia y tecnología. Consecuencias: la pobreza generalizada aumentó la vulnerabilidad ante los fenómenos naturales como los sufridos en septiembre de 2017, asimismo, 2018 arribó con un deterioro alarmante de los fundamentos de la paz social y la precaria seguridad humana que significó más de 250 mil muertos de 2007 a la fecha, poco más de 30 mil desaparecidos y Ayotzinapa y sus 43 normalistas en nuestras mentes y corazones. Asimismo, se propagan las enfermedades vinculadas a la pobreza, se eliminan empleos, se criminaliza la resistencia y se silencia a los disidentes con la cárcel o la muerte y los movimientos telúricos concluyeron en la desaparecieron familias enteras aplastadas bajo el peso de la codicia de inmobiliarias corruptas y corruptoras de funcionarios y políticos sobornables, que luego han convertido la reconstrucción en un gran negocio que enriquece ilegal e impunemente a muchos.

La otra historia son los movimientos sociales surgidos de diversas causas: la lucha contra el desafuero en 2004; el voto por voto de 2006; la resistencia a la privatización petrolera de Felipe Calderón en 2008; el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad en 2011; #YoSoy132 en 2012; las luchas contra la reforma educativa; la reforma energética y todas las reformas del Pacto por México desde 2013; la constante solidaridad con los 43 desaparecidos de Ayotzinapa, el movimiento del Politécnico en 2014, y la enorme movilización popular a raíz del gasolinazo de 2017 y la masiva movilización ciudadana en solidaridad con las víctimas de los terremotos de septiembre, entre otras, han sido expresiones de un pueblo que quiere cambiar su realidad y, seguramente, lo hará.

Ante la creciente movilización social, es necesario detener la devastación ocasionada por la burguesía en su desbordada avaricia, bien apoyada por sus intelectuales orgánicos como Enrique Krauze, quien, al ser entrevistado por Genaro Villamil, señala “Los empresarios de México tienen que organizar un programa que se llame ‘Adopte un pueblo’ (…) ni siquiera tendrían que gastar mucho dinero, porque va a haber un fondo de reconstrucción”. O sea, los pueblos devastados como mercancía. El colmo es que ahora intentan aniquilar la poca democracia que nos queda privatizando los procesos electorales en la medida de eliminar el financiamiento constitucional a los partidos y que sea el capital privado el que los financie con su desbordado afán de ganancia.





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