Televisa desestabiliza

Lo imposible cuesta un poco más, y derrotados son solo aquellos quienes bajan los brazos y se entregan.

José Mujica

 


A muchos sorprendió que durante el Teletón, la gran fiesta del populismo empresarial encabezada por Televisa y su santo patrono, Emilio Azcárraga Jean, se hicieran duros señalamientos al presidente Peña Nieto y su esposa, otrora fulgurante estrella del canal de las estrellas, Angélica Rivera, también conocida como La Gaviota.

Lo cierto es que los dardos envenenados lanzados desde la monopólica empresa venían desde semanas antes. Así lo denunció el buen Raúl Moreno Wonche (hola) en su columna: “Brozo emplazó al presidente Peña Nieto: un año y si no que se vaya. ¡Qué soberanía popular ni qué poderes de la Unión ni qué ocho cuartos! Brozo, el payaso del poder mediático que ha envilecido la política y ha convertido el debate en albur de quinto patio, se había sumado servil al estribillo endosado a la chusma y entonado al alimón por Loret de Mola y Jorge Ramos (plumífero del Departamento de Estado), para vocear la renuncia del presidente Peña”.

Alguna tuerca se chispoteó (como dicen en la culta jerga de la televisora) en la aceitada relación de Enrique Peña con Emilio Azcárraga, porque es innegable el definitivo papel que jugó el segundo en el relampagueante encumbramiento del primero.

Difícilmente puede sostenerse que el motivo del desencuentro sean las reformas promovidas por el presidente, específicamente la de telecomunicaciones. Está visto que, lejos de verse afectada, Televisa se ha beneficiado con la nueva legislación del sector. Tampoco se trata de que se haya disminuido el potente chorro de recursos que el gobierno transfiere a la televisora por vía de la propaganda oficial, al contrario.

Podría tratarse de un asunto de impuestos, pero en este país es imposible saberlo porque esos son temas tabúes, exclusivos para las salas VIP, vedados al populacho. Son “asuntos privados”, argumentan los privados.

Lo que sí sabemos es que ya quedaron muy atrás los días en que el dueño de la televisión mexicana se declaró “soldado del PRI”. Su sucesor ha ascendido a general de cinco estrellas (que valen y cobran mucho más que las estrellas de su canal). Es el único integrante vitalicio del estado mayor presidencial. Los otros se van rotando con los sexenios pero este no se va nunca.

Todo pareciera indicar que el motivo del distanciamiento es el escándalo de la llamada casa blanca, donde Televisa salió bastante embarrada y su pretensión es lavarse la cara, aun a costas de su poderoso aliado.

Así lo constató el anticlimático y desproporcionado elogio que Peña Nieto hizo a Televisa en el  Tercer Foro de la Comunicación, previo al arranque de la XXIV Cumbre Iberoamericana celebrada en Veracruz. Apenas unas después de la andanada de acusaciones que le lanzaron desde el Teletón.

Poniendo la otra mejilla y otras partes de su cuerpo que no menciono por pudor, Peña Nieto dijo, sin rubor alguno: “El presidente de la República quiere expresar que para los mexicanos es motivo de orgullo tener una empresa mexicana, productora del mayor número de contenidos de habla hispana que proyectan a nuestro país”.

¿Por qué nos endilga a los mexicanos tal orgullo? Si él se siente obligado a postrarse ante el sacrosanto poder mediático, allá él… y sus culpas. Para una parte importante de mexicanos los contenidos y conductas emanadas de Televisa son una ofensa y una vergüenza.

Los estereotipos, la estulticia y estupidez de los contenidos que Peña Nieto elogia son el enemigo público número de la educación en México. Los pocos conocimientos y valores que nuestros niños y jóvenes adquieren en las aulas, se desvanecen y pervierten frente al televisor y sus próceres.

Peña Nieto denunció un oscuro interés desestabilizador, detrás de las protestas públicas por las tragedias de Ayotzinapa y Tlatlaya. Como irresponsablemente no dio pelos ni señales, cada quien interpretó el mensaje como quiso y puso sacos a su antojo. No ha faltado quien se lo ponga a Televisa, pero lo dudo.

Televisa, ciertamente, es un agente desestabilizador pero no del régimen. Lo que desestabiliza es la paz y la concordia nacionales. Al anteponer sus intereses a los del país, esa empresa ha sido y es una amenaza pública. Amenaza cumplida por cierto.

En su ya larga vida, la empresa de los Azcárraga jamás ha mordido la mano que le da de comer. Los intereses de las mayorías, la soberanía nacional, la justicia social, la libertad de expresión y manifestación, la cultura o los derechos humanos le han importado un cacahuate. Siempre ha puesto por delante sus particulares intereses y su alianza indeclinable con el gobierno en turno. Cuando han tenido diferencias siempre las han resuelto, a favor de la empresa claro, y así lo harán esta vez, que nadie lo dude.

Cheiser: “Es tristemente irónico que en este año en el que se cumple el 25 aniversario de la Convención sobre los Deechos del Niño, estos se hayan violado de manera brutal. El año 2014 ha llevado el horror, el miedo y la desesperación a millones de niños que han quedado huérfanos o que han sido secuestrados, torturados, reclutados, violados e incluso vendidos como esclavos”. Anthony Lake, Director Ejecutivo de Unicef.