Tardeada de chamucos

En realidad, la celebración del décimo aniversario de la revista El Chamuco fue un momento para hacer una elegía a Rius. Espontánea, inevitable, entrañable. La evocación del hombre calificado como el más grande caricaturista de México, Eduardo del Río, sobresalió en los moneros más veteranos allí presentes. Antonio Helguera recordó, en un inocultable lamento, que no pudo ir a despedirse personalmente del creador de Los Supermachos a Cuernavaca junto con sus compañeros del trazo, y que lo tuvo que hacer por teléfono. Puedo ir a verlo otro día, maestro, le preguntó; claro, a ver si todavía me encuentras vivo…

Chamuco

Este aniversario de la revista, fundada precisamente por Rius al frente de la tropa más increíble de caricaturistas mexicanos de todos los tiempos, ocurre a la par del desarrollo de los desastres disparados por los sismos del septiembre mexicano de 2017. Sus creadores, encabezados por Rapé, decidieron que el número de ese mes se vendiera por internet, y que la mitad de los ingresos se dedicara a la reconstrucción que lleva a cabo el proyecto Tamakepalis en los pueblos de la ladera sur del volcán Popocatépetl. Como otro de los participantes de este proyecto es el músico Guillermo Briseño, y ha hecho una recreación de la canción Un aplauso al corazón para contribuir al mismo propósito, el acto abrió con presentación de Briseño y las Sirenas. Con el teclado entre sus manos, el cantante lee unas décimas para El Chamuco.


10 años de sangre fría. Venimos a celebrar/que El Chamuco haya nacido/porque el miedo que ha infundido/puso a todos a temblar/es como un chivo en un bar/de fina cristalería/les quiebra la ideología/a los del poder eterno/Son los hijos del averno/dibujando a sangre fría.

A sangre fría el humor/el bálsamo de la risa/el infierno yendo a misa/las carcajadas de amor/la defensa del honor/del hombre y de la mujer/otra forma de aprender/nos facilita El Chamuco/La mera neta sin truco/es un calambre al poder.

Suben enseguida Las Sirenas –Verónica Ruiz, María Veras, Natalia Marroquín y Nayeli Stanfield–, jóvenes estudiantes de la escuela de Rock que dirige Guillermo, y el conjunto se arranca con unas rolas hechas por el maestro. Recuerdan en una de ellas el episodio de Atenco, ahora que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos hace juicio a los torturadores. Pero el número fuerte es el de Un aplauso al corazón. Pieza que fue hecha originalmente por Briseño como un homenaje a Rockdrigo, muerto en el sismo de 1985, pero adaptada a los acontecimientos de estos días.

Qué te cuento/que la bárbara ciudad recibió un tajo/una lanza desde el centro del planeta/disparada al corazón desde algún ritmo…, Canta Briseño…

Chamuco

Me parece que la gente/se levanta del desastre/y que encuentra una razón para juntarse/y ponerle al futuro un ultimátum…, corean la chavas con una calidad extraordinaria.

Luego de una larga ovación, cambian los personajes del escenario. Suben ocho moneros y un promotor de la iniciativa Tamakepalis. Uno a uno, los que alimentan la revista cada mes hace su intervención: La Dama, Vigo, Cinthya Bolio y Augusto Mora abrieron fuego. Rapé, al que le han dejado el ingrato cargo de dirigir la revista en estos últimos años, ofreció una recapitulación de lo que ha significado esta década para él, confesando que de tanto dibujar a Elba Esther Gordillo hasta sueños húmedos tuvo por su culpa, y que Fidel Herrera “nos hizo gastar en tanta tinta roja por dibujar lo que pasaba en Veracruz durante su sexenio, que hasta nos manchábamos las manos al pasar por sus páginas. Algo parecido pasó con el sexenio de Javier Duarte, nomás que aparte de regar sangre entre las páginas, la revista se ponía gorda, gorda porque Duarte, sí merecía chamuqueada, sí merecía chamuqueada, sí merecía chamuqueada”.

Helguera, evidentemente emocionado, remarcó la ausencia de Rius en el proyecto; no es una pérdida solo para esta revista, es una gran pérdida para el país. José Hernández llevó una recopilación de los primeros ejemplares de El Chamuco, y una libretita en la que anotaban los acuerdos de producción de aquellos números, demostrando de manera fehaciente que entre lo que se proponían y lo que llevaban a planas había buena cantidad de diferencias. El calor de la gente que llenó las butacas y hasta las jardineras del Museo Nacional de Culturas Populares, subió de temperatura. Los moneros sentados se pusieron de pie para ver las joyas conservadas por Hernández, y algunos justificaban aquellos incumplimientos.

Remató las intervenciones El Fisgón. No omitió recordar a su entrañable amigo y maestro Rius, y luego se soltó con un rap que tuvo como premisa el que las diputadas efectivamente le habían gritado al legislador de Morena “Bruto” y no “Puto”, como todos creíamos. Por ello, cada parte, dedicada a esas legisladoras priistas, remataba con un muy coreado !!!eeeeeeehhhh, Bruto!!!

El final de este encuentro que fue más tardeada que velada, consistió en la firma de libros que ofrecieron a la venta los chamucos, operación que ocupó algunas horas.