Sucesos en Guanajuato, sucesos en Nueva York

Llegó a Puebla La región salvaje, cinta que para su director Amat Escalante tradujo en el premio a mejor director en el Festival de Venecia 2016. En ella, un meteorito cae al planeta –en Guanajuato, ubicación que gusta a Escalante– como vehículo de un amorfo ente tentacular, nuclear para el discurso de la película. Cuatro personajes entran en juego: Alejandra (Ruth Ramos), joven madre reprimida, casada con Ángel (Jesús Meza), el hipócrita macho opresor, quien a su vez mantiene relaciones con Fabián (Edén Villavicencio), hermano de Alejandra, que es quien conoce a Verónica (Simone Bucio), la misteriosa joven que, a partir de su cercanía con Fabián, detona los nuevos rumbos del argumento. Truncos los cuatro, limitados e incompletos tanto por sus respectiva situación personal como por un entorno social viciado/asfixiado por los convencionalismos, todos tendrán que ver –con consecuencias diferentes– con ese alien oculto, representación de lo más primitivo de existir (Escalante dixit) y fuente capaz del placer máximo, o de la mayor agonía, según el momento que te toque.

La región salvaje es bastante más que una incursión por ciertos géneros (el horror, la ciencia–ficción, la fantasía), siendo además un film sobre la confusión de extraviarte en cuanto a lo íntimo; sobre la violencia ejercida no para obtener, sino para reprimir; sobre la necesidad de buscar respuestas (esperanza, pues) donde sea, cuando ya no hay donde debían estar. Pero también es una película extraña, nubosa, difícil, en formas no necesariamente buenas incluso para una película de la “marca” Amat Escalante. Es incluso inconsistente; v.g. en lo efectivo de alguna de las actuaciones (la Alejandra de Ruth Ramos) contra lo aparentemente azaroso de otras (el átono Ángel, la fluctuante Verónica), así como en la “recitada” voz/off  del hombre mayor que, de la nada, verbaliza una explicación de lo que el visitante significa en términos de pureza seminal, primigenia. Así pues, La región salvaje merece una mirada, dos incluso, pero a mi juicio no tiene la redondez de Heli, ni la rotundidad de Los bastardos, ni la desesperación de Sangre, por mencionar otros esfuerzos significativos de Escalante como director. No es su cine, como ya sabemos, para todos los gustos, lo cual es meramente anecdótico. Si tanto buscamos cine mexicano diferente, si tanto hablamos de su necesidad, si tanto pedimos “apostarle” a películas que no evadan, sino expongan la realidad (hay formas no–realistas de expresarla), entonces La región salvaje tiene su lugar, justifica su importancia y se hace imprescindible, más allá de los premios y trascendiendo tanto odas como diatribas. A ver si aguanta en cartelera.

Por otra parte, Apuesta Mortal (Molly’s game) resulta muy interesante de ver. La escribe y dirige Aaron Sorkin, autor entre otros guiones del de Moneyball: el juego de la fortuna, película espectacular. Apuesta mortal, basada en el libro de Molly Bloom, se refiere justo a ella: la esquiadora (de nivel olímpico) que tras una lesión conduce su vida hasta el inesperado terreno de organizar y coordinar juegos de póker entre celebridades (sólo ricos y famosos), con apuestas millonarias cada noche. Su actividad, claro, termina por llamar la atención del FBI, lo cual da a la película su vertiente adicional: la de una investigación criminal federal. Jessica Chastain interpreta con su acostumbrada eficacia a Molly, acompañada de Idris Elba, Kevin Costner y Michael Cera, entre los nombres más conocidos. La película se apoya –mucho– en la voz en off del personaje de Molly, escrita por Sorkin como una ametralladora de por qués clarificadores, dejando los qués de los eventos a las imágenes. Chastain sostiene la trama prácticamente sola, en un trabajo lucidor pero extenuante. Por cierto, lo relativo al póker y sus detalles está manejado con alto nivel de realismo, haciendo dichos momentos en verdad absorbentes. Apuesta mortal está nominada al Oscar a mejor guion adaptado, con buenas posibilidades de recogerlo.





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