Solo se remodeló área visible desde el teleférico; el resto de calles, en el abandono

La zona no restaurada en torno a la obra gubernamental ■ Foto Rafael García Otero

La imagen que se pretende dar al turista que visite el teleférico de los Fuertes de Loreto y Guadalupe tiene un matiz de contradicción. Por una parte 18 manzanas aledañas a una de las bases de la nueva atracción morenovallista han sido maquilladas con pintura blanca y detalles en azul cobalto; mientras que el resto de las calles de cuatro colonias que se verán afectadas–beneficiadas siguen igual: en el olvido y sin una pincelada de maquillaje.

30 millones de pesos se ocuparon en pavimentar con concreto hidráulico sólo las calles que conforman el grupo de casas elegidas, el cuadro embellecido comprende de las calles 40 a 48 Oriente, entre la calle 5 de Mayo y la calzada Ignacio Zaragoza.

Destacan algunas calles en donde en una parte se puso concreto hidráulico, que es el área que se va a ver desde el teleférico, y el resto de la avenida sigue con el mismo pavimento viejo, lleno de baches, con alcantarillas rotas y fachadas deterioradas.


Desde la góndola del teleférico, cuyos cables no tienen más de medio kilómetro de largo, se podrán ver los techos de las casas impermeabilizados y pintados de azul. El gobernador Rafael Moreno Valle quiere hacer un mural gigantesco, para que desde el cielo se lea la palabra “Puebla”.

Los trabajos continúan para poder inaugurar el teleférico en la primera quincena de 2016, y aunque el proyecto estaba planeado para terminarse el pasado 15 de diciembre, la labor ha sido ardua y a marchas forzadas para lograr el objetivo turístico. Se limpiaron azoteas, borraron marcas de grafitis: “Te amo Lupe” y “Aquí estuvo el Pelos” ya no se leen más en las paredes de la colonia Miguel Hidalgo.

 

Blanco matizado con polvo

A un costado de la iglesia Cristo Rey, es decir, donde empieza la calle 40 Oriente, se ve que entre el nuevo concreto hidráulico y la calzada Ignacio Zaragoza hay un trecho de terracería de aproximadamente cinco metros y que ocupa el ancho de la calle.

El turista que pasee por esta nueva zona embellecida quedará deslumbrado por el resplandor de la pintura blanca que aumenta con la luz del sol de una forma tan inusual para la zona que incluso hiere la vista.

Doña Micaela Guzmán, que lleva viviendo 60 años en la misma calle, en la 40 Oriente, asegura que antes de que se construyera el teleférico estaba “muy feo”, pero que el embellecimiento que se ha hecho en el lugar es por el teleférico, porque si no se hubiese hecho no habrían pintado las casas ni puesto luces nuevas.

Este fin de semana, el día 26 de diciembre, un auto quedó atorado en una de las alcantarillas que aún están sin tapa y que además no tenía señalización. Dice doña Micaela que como ningún hombre quiso salir a ayudar, varias mujeres se tuvieron que organizar para sacar el automóvil del nuevo y reluciente hoyo en concreto hidráulico.

 

Un panorama variopinto

Entre las calles 38 y 40 Oriente, sobre la calle 5 Mayo, está ubicada la escuela General Miguel C. Negrete, que en las tardes funciona como primaria vespertina 5 de Mayo 1862. En algunas partes el revocado ya no existe, presenta manchas de humedad y contaminación acumuladas por quién sabe cuántos años, no tiene rampa de acceso para niños discapacitados, las banquetas tienen hoyos, están incompletas, tiene cables y alambres atravesados.

Un poco hacia abajo, se lee en un letrero roído y oxidado: “avenida 36 Poniente”, en su esquina hay basura, excremento de perros. Sobre la 3 Norte hacia la 42 Poniente el escenario es otro: vecindades, talacherías, casas abandonadas, consumidas por el tiempo, de esas que les crecen plantas de las paredes. Testigos del abandono de la colonia, de la parte fea de la zona de los Fuertes. Casas viejas con escombros y basura tirados enfrente.

Ahí no llegó el embellecimiento, y es que cómo esconder las vecindades, focos de drogadicción y centros de reunión de los amantes de lo ajeno. En los pequeños umbrales de las entradas de estas viviendas están los hombres sentados, conversando con cigarros y cervezas en las manos, atentos a quien pase por ahí, alertas ante cualquier ente ajeno a la comunidad.

Las calles no tienen nomenclatura, aún se ven a los trabajadores haciendo talacha, retirando escombros, resanando, colocando escaleras, viendo de dónde se va a empezar, algunos toman agua a la sombra porque no hay ni un árbol que con su sombra ayude a atenuar el blanco que se refleja sobre el nuevo concreto hidráulico.

El ambiente de arrabal que generan las vecindades y la nueva imagen de algunas de las casas crea un contraste interesante para el curioso turista que se espera en la zona de los Fuertes.