Soliloquio de un socialdemócrata

La semana pasada visitó Puebla Porfirio Muñoz Ledo. Pude asistir a la presentación del libro de historia oral acerca de una parte de su vida. Por varias  razones le tengo admiración y afecto, como muchas otras personas. Ahora, sin embargo, me pareció más un sabio de la política predicando sus ideas a un público que no entiende del todo su visión conceptuosa, lo cual no es muy importante, porque sí comparte su radicalidad y enojo ante el mal gobierno. Por ello habla en el tono con que los asistentes se identifican y de algunos temas que quieren escuchar como la alerta ante un golpe de estado y el fraude electoral.

Porfirio, con una brillante carrera dentro del PRI, quiso siempre crear y dirigir un ala socialdemócrata dentro del nacionalismo revolucionario que profesaba. Con ese ideario impulsó después a la corriente democrática que encabezó Cuauhtémoc Cárdenas, la posterior organización del PRD, la promoción de Nueva República, la reforma del estado en el gobierno de Fox, hasta llegar a nuestros días en donde asesora al partido de Morena. La socialdemocracia en México, sin embargo, jamás pudo superar su dispersión.

Porfirio pertenece también a la tradición liberal de abogados y políticos que han querido cambiar la realidad del país por medio de las leyes. Por eso para él el agotamiento del régimen político posterior a la revolución mexicana sólo se puede resolver con una nueva Constitución fundadora de una Nueva República. Incluso, ya el año pasado cambió a la Ciudad de México dándole su Constitución.


El pensamiento de Porfirio es plenamente coherente y lúcido. Pero el de los seguidores del movimiento en que se inscribió en estos tiempos se encuentra en el desvarío, inmerso en la confusión, crispado como el ambiente político y muy exaltado ante el desencanto democrático, la corrupción y la inseguridad que padecemos.

Para muestra un botón. Después de que Porfirio expuso sus ideas, pidió la palabra Ricardo Villa Escalera y muy entusiasmado nos contó: ya le dije a Porfirio que es muy fácil hacer una nueva Constitución. Supongamos que son unos 150 artículos. Pues entonces nos podemos dividir 5 por cada estado de la república y ya la hicimos. No, pos a todo dar, pensé.

Alguna vez en 1988 platicando con Porfirio le expuse mis dudas acerca de la coherencia democrática de Cuauhtémoc Cárdenas. Me sacó del salón en donde estábamos para decirme en corto que Cuauhtémoc era Maderista. No le creí mucho hasta que un día, platicando con el propio Cuauhtémoc, le dije que era muy importante plantear la necesidad de renovar el pacto social (pensando yo en una nueva Constitución), pero no me dejó terminar y me dijo: claro, tienes razón, tenemos que recuperar al auténtico Estado de la revolución. Entonces me di cuenta que no era un Maderista, sino un fiel cardenista que quería recuperar, por la vía del sufragio efectivo, aquel Estado surgido de la revolución para depurarlo de sus desviaciones y defectos. No fue sino hasta varios años después que Cuauhtémoc incorporó a su discurso el tema de la nueva Constitución.

Porfirio, nacionalista y socialdemócrata, ahora representando a un líder adventista y confeso simpatizante del liberalismo social. Así lo dijo Andrés Manuel López Obrador, cuando pidió disculpas a los “conservadores” Silva Herzog Márquez y Krauze. Por cierto que AMLO en estos días ya se le adelantó a Porfirio cuando el PES lo postuló como su candidato. Ya no será la nueva Constitución para la nueva República. Ahora será la Constitución Moral para la República Amorosa.

En los mismos días, AMLO pidió a los dueños del dinero, nada menos que a Carlos Slim, Alberto Bailleres y Germán Larrea, entre otros, un acuerdo para sacar a “nuestro querido México del atolladero en que lo han metido”. Eso sí, sin rencores. Como si el gobierno de México dependiera de la buena voluntad y los buenos oficios de los hombres más ricos.

Pero es que el poder está ahí; se encuentra al alcance de la mano. Y como va arriba en las encuestas, ya se desataron los búfalos a su favor; la cargada está en pleno ascenso. Todos quieren un lugar de los que ofrece amorosamente AMLO. Dejad que se acerquen a él. Él los perdonará. No importa que sean yernos de Elba Esther, panistas archienemigos como Germán Martínez o víctimas del sospechosísimo como Cuauhtémoc Blanco. El nuevo caudillo en ciernes a todos perdona si están con él. A los criminales incluso les ofrecerá amnistía, después de consultar a las víctimas.

A Napoleón Gómez Urrutia ya le aseguró fuero para su regreso de Canadá. Y aquí digo yo, ¿pero qué necesidad? A Napoleón lo conocí personalmente porque fue mi maestro en la Escuela Nacional de Economía. Era del grupo de Rolando Cordera y se identificaba con las posiciones más avanzadas de aquel entonces. Cierto es que aceptó las reglas del juego del sistema cuando heredó el sindicato charro que le dejó su padre y que tuvo problemas en el manejo de recursos del sindicato. Pero la Suprema Corte de Justicia ya lo exoneró y por eso lo conducente era, por lo menos, limpiar primero su imagen. Con su postulación por Morena, se le hace depender del gesto del caudillo y sólo se le sobrexpondrá al escarnio de sus enemigos que son muy poderosos. Y si a ello agregamos que no se ofrece una plataforma consistente en materia laboral, ni de democratización de las relaciones sindicales, queda claro que AMLO continuará en la línea del control corporativo de las organizaciones de los trabajadores y por ello serán bienvenidos los líderes tradicionales.

Porfirio Muñoz Ledo al frente de todo esto! Por eso mi impresión del soliloquio, aunque parece estar siempre hablando consigo mismo. Porque él dice luchar por lo que siempre ha querido, su ideario nacionalista, social y democrático para México, pero sin el respaldo ni las condiciones ideológicas ni políticas para llevarlo a cabo por el partido que él decidió apoyar. Su olfato y su circunstancia probablemente lo lleven a ver el triunfo de su candidato y él podrá pensar que ha ganado, pero su quimera una vez más se habrá alejado.

Me queda claro que Porfirio en su pensamiento es un socialdemócrata coherente; que Cárdenas no era precisamente un maderista. Y que AMLO se parece más a un  caudillo de la época juarista. Aunque Santa Ana, el más destacado de entonces,  tenía el apoyo del ejército. AMLO sólo tiene la aspiración de muchos por recuperar al Estado como el padre y el tutor de la fortuna social de la cual depende la suerte de cualquiera y por lo cual hay que estar cerca de él. Una vez más la ciudadanía tendrá que esperar a su maduración. Hoy el caudillo requiere que regresan los súbditos. Y me cae que muchos amigos y conocidos, ayer “mártires” de la transición democrática”, hoy están dispuestos a madrugar para formarse desde muy temprano  en el besamanos.

¿Será que en México siempre se ha