Solalinde. Los migrantes del sur

Los efectos del genocidio migrante terminarán por estallar tarde o temprano

contra aquellos que los agraden, explotan, oprimen y lucran ilícitamente

Alejandro Solalinde


El pasado martes 20 de marzo de 2018, se presentó en Puebla el libro: Solalinde. Los migrantes del sur (Solalinde, Alejandro; Minera, Ana Luz. Solalinde. Los migrantes del sur. México: Sin fronteras, 2017), que es toda una reseña de la migración de seres humanos que provienen de los países de Centroamérica y aún más al sur de nuestro continente y que pretenden, pasando por territorio mexicano, llegar a Estados Unidos de América para encontrar una vida de mejores oportunidades que la que les dan sus países de origen y, sobre todo, sus gobernantes. No obstante, si bien, en décadas anteriores la migración era, posiblemente, la esperanza de una vida mejor, actualmente es la simple esperanza de la supervivencia.

El prólogo corre a cargo de la periodista Carmen Aristegui, que se titula: “Solalinde y el Holocausto” haciendo conciencia de que el trato que se les da a los migrantes centroamericanos en México es el mismo que les dieron los nazis a los judíos en la década de los cuarenta del siglo XX —desafortunadamente en la historia oficial–central–europea, solamente se llama holocausto al genocidio judío, como si este fuese el único que se ha perpetuado en la historia—. La introducción corre a cargo del propio presbítero Alejandro Solalinde, en donde menciona que: “Una posible globalización de la solidaridad escapa a la mentalidad egoísta neoliberal”. A su vez, en la misma introducción cita la situación apremiante que se presenta en El Salvador, Honduras y Guatemala, pero, principalmente, habla de lo que viven los migrantes en su paso por México: “Agredidos por la delincuencia organizada, la corrupción de agentes estatales, sobre todo del Instituto Nacional de Migración”, son de las cosas con las cuales se topan los propios migrantes, saliendo a veces a salvo para llegar a la frontera norte, pero en muchas ocasiones se enfrentan, desafortunadamente, con la muerte. Ejemplo de ello, se puede recordar la muerte masiva de los migrantes en San Fernando, Tamaulipas, que, como muchos casos de ese tipo en México, se encuentra en procesos prolongadísimos de investigación para convertirse, finalmente, en el olvido de esas investigaciones.

Solalinde. Los migrantes del sur está conformado por once temas que se desarrollan desde la decisión del sacerdote por tomar los hábitos, pasando por todas las calamidades que ha vivido por defender a los migrantes: la creación del albergue, en ciudad Ixtepec, Oaxaca, “Hermanos del Camino”, el 26 de febrero de 2007; los intentos por la clausura del albergue por parte de las autoridades, así como por la propia población de esa ciudad; todas las peripecias para adquirir el terreno para dicho albergue que, sistemáticamente, los vendedores de inmuebles se negaban a vender para ese proyecto; los secuestros masivos de migrantes que han podido ser detenidos en muchas ocasiones por el sacerdote; la ley de migración creada en la administración pública anterior, la condecoración por su defensa a los derechos humanos de los migrantes, la extorsión y tráfico de órganos, así como su nominación para el premio Nóbel de la Paz.

En este libro se mencionan los sucesos por los cuales ha atravesado el sacerdote, como lo es la ausencia de apoyo por los miembros de la alta jerarquía de la iglesia católica en México y, en contraste, el cálido recibimiento en Roma por el propio Papa Francisco; la entrevista que tuvo con el exsecretario de Gobernación federal y su propuesta económica oficial, dejando en segundo término la protección de los derechos humanos de los migrantes; las amenazas de muerte permanentes que ha recibido del crimen organizado, al grado de obtener las medidas cautelares que ha dictado la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos a México para su protección; el nulo auxilio por las autoridades locales de la ciudad de Ixtepec, Oaxaca y, por el contrario, la ayuda en la remodelación del albergue a cargo del gobierno estatal de Gabino Cue en Oaxaca; la conformación de la fiscalía para investigar las violaciones a los derechos de los migrantes, su relación con universidades e instituciones de protección a los derechos humanos, como en el caso de la caravana de los migrantes que hace hincapié que diversos autobuses fueron proporcionados para ese acto por parte de la Universidad Iberoamericana de Puebla.

Por otro lado, dentro de lo más lamentable que se reseña en las páginas del libro no es la muerte generalizada de los migrantes ni el tráfico de sus órganos, sino la espeluznante respuesta oficial; pues, como se puede citar de él: “En la comunidad de las Albarradas han encontrado cuerpos sin órganos de varios migrantes (…) ‘cuando hablé con el procurador, sus explicaciones eran: se trata de personas que cayeron por distintos motivos y el río los arrastro con tal fuerza que les extrajo los órganos. O, bien, las fieras fueron las que se comieron sus órganos’” (página 141). Pues bien, Solalinde. Los migrantes del sur es una muestra de este México actual, visto no desde arriba ni por los medios oficiales de comunicación, sino, como se titula la obra desde las carencias, desde la pobreza, desde el sur mundial.