Sociología líquida

“Como generadores de
miedo oficial que son,
quienes están en el poder se encuentran muy ocupados
robusteciendo la
incertidumbre existencial…
el miedo oficial de sus
súbditos es lo que,
en último término,
los mantiene en el poder”

Zygmunt Bauman

 


El pasado 9 de enero de 2017 murió el sociólogo y filósofo polaco, radicado en Inglaterra, Zygmunt Bauman, quien, quizá junto con Ulrich Beck –fallecido también–, entendió que la sociología es para conocer al hombre en sociedad, y lo hizo con un lenguaje extraordinariamente claro al describir a la sociedad actual como “sociedad líquida” (Barman, Zygmunt, Tiempos líquidos, Tusquets, México, 2013), en la cual nada es estable –sólido–, sino que todo cambia: lo que hoy está de moda mañana es vetusto; nada permanece, todo cambia con la ayuda de la tecnología del “úsese y tírese”. De este modo se tiene arrinconada a una gran parte de la humanidad, sobre todo a los que están debajo de las clases bajas, a las que Bauman denominó como “precariado” (Bauman, Zygmunt, Ceguera moral, Paidós, México, 2015); algo que cada día se expande más y que está alcanzando a las propias clases medias del mundo (Bauman, Zygmunt, Vidas desperdiciadas. La modernidad y sus parias, Paidós, México, 2015), aquellas que viven desesperanzadas en la simple supervivencia de un trabajo temporal; por ello, estos momentos del pos empleo (Bauman, Zygmunt, ¿La riqueza de unos pocos nos beneficia a todos?, Paidós, Madrid, 2014) tarde o temprano los convertirán en “residuos humanos”.

Este sociólogo de izquierda fue conciente de la problemática de la actual izquierda –concretamente, después de la caída del muro de Berlín–, cuya política pública dejó como herencia los derechos sociales a la salud, al empleo, a la educación, a la vivienda y a un medioambiente sano; sin embargo, estos derechos no son más de izquierda, pues las políticas de derecha los han absorbido como propios, y son las grandes corporaciones, monopolios y empresas transnacionales las que se benefician de estas personas sanas y capacitadas por los gobiernos, para trabajar en sus plantas, fábricas y maquiladoras (Bauman, Zygmunt y Carlo Bordón, Estado de crisis, Piados, España, 2016). Los trabajos precarios que se obtienen en esta posmodernidad son “macdonalizados” (Bauman, Zygmunt, Vida de consumo, Fondo de Cultura Económica, México, 2013), es decir, los empleos son técnicos –como lo que busca la actual reforma educativa en México–, donde las personas no piensan y solo son autómatas con capacitación sencilla y salarios muy bajos. Los costos de los salarios son controlados gracias a la población que se encuentra desempleada; por ello, vivimos –contrario al capitalismo productivo del empleo– en el capitalismo financiero, meramente especulativo, sin trabajo y globalizado. Bauman fue uno de los grandes críticos de la globalización y parte del debate entre globalifobicos y globalifilicos (Bauman, Zygmunt, La globalización, Fondo de Cultura Económica, México, 2013).

Zygmunt Bauman, que sobrevivió a los campos de concentración nazi –era de origen judío, por eso la ausencia de su segundo apellido–, al igual que la filósofa Hanna Arendt, concluyó que el genocidio judío provocado por los nazis no se debe a esa vieja leyenda de que era un grupo de personas desquiciadas y que no sucederá en la historia de la humanidad nuevamente –suceso que provocó 15 millones de muerto, de los cuales 6 millones fueron judíos–, sino que se debió a la industrialización de la muerte, a la burocratización del trabajo que ha provocado la rutina que impide que las personas conozcan si lo que desarrollan es bueno o malo, a lo que denominó “adiaforico” en un libro cuya divulgación se prohibió durante algún tiempo (Bauman, Zigmunt, Modernidad y holocausto, Sequitur, Madrid, 2010). En dicha obra subrayó que, en los últimos momentos de la guerra, haciendo uso del poder mediático, los nazis alertaron a los medios sobre una bomba maravillosa que acabaría con la victoria en la guerra, algo que nunca sucedió. Lo mismo acontece en todos los gobiernos de los Estados–nación actuales: “El mundo, tal como se ve por televisión, parece estar formado por unos ‘ciudadanos–ovejas’ protegidos de los ‘delincuentes–lobos’ por unos ‘policías–perros pastores’” (Bauman, Zygmunt, Archipiélago de excepciones. Comentarios de Giorgo Agamben y debate final, Katz, Buenos Aires, 2005). En esta última obra se le cuestionó acerca de su posición en la vida: ¿pesimismo u optimismo?, y sentenció: “El mundo podría ser diferente”.

En su más reciente obra del último semestre del año 2016, Bauman parece haber visualizado los sucesos actuales de nuestros gobiernos: “…como generadores de miedo oficial que son, quienes están en el poder se encuentran muy ocupados robusteciendo la incertidumbre existencial… el miedo oficial de sus súbditos es lo que, en último término, los mantiene en el poder” (Bauman, Zygmunt, Extraños llamando a la puerta, Paidós, Madrid, 2016). Hoy ya no contamos con quien conduzca a ésta sociología líquida como lo hizo extraordinariamente este escritor.