SOCIEDAD SNUFF

Los hechos zafios ocurridos en Acatlán de Osorio y Tula Hidalgo no solo exhiben el fracaso del Estado como garante de la paz social o la barbarie a la que pueden llegar poblaciones desesperadas por el asedio del crimen, sino también el lado oscuro de las redes sociales.

Nadie puede negar que las plataformas de interacción y comunicación directa en internet han ayudado a forjar transformaciones en el mundo y México que antes hubieran sido impensables o que habrían dilatado muchos más años y consumido millones de vidas en el intento de alcanzarlas.

Sin embargo, como cualquier otro elemento de la realidad, el uso de estos instrumentos conlleva también el riesgo de vicios o males terribles, como los que hemos podido atestiguar en las horas recientes, pues han sido mensajes en cadena difundidos a través de las redes sociales –particularmente facebook- o en servicios de mensajería directa como whatsapp, como se infunde miedo a la gente.


Pero, por si hiciera falta más en este escenario incalificable, las transmisiones que se hicieron en vivo por la red de Mark Zuckerberg, convirtieron en testigos de los hechos criminales a miles de espectadores, que de audiencia pasiva parecen haber pasado en un santiamén en una suerte de sociedad snuff que condena los asesinatos cometidos por una masa a la que califica de salvaje, pero participa del crimen en calidad de convidada.

Por supuesto que tampoco se debe caer en la posición censora de la derecha conservadora que plantea restricciones a las redes sociales, pero es necesario que la conciencia de emisores y transmisores modere los contenidos siempre.