Sobre la penalización del graffiti

Cuando tenía aproximadamente doce años aprendí a rayar placas –colocar mi pseudónimo en una pared con grafos. A veces con crayón, plumones de agua o permanentes. He vivido entre edificios, escaleras y asfalto toda mi vida. Mientras unos jugaron en jardines o parques, muchos otros lo hicimos entre edificios, calles y escaleras. Esto cambia tu percepción del juego, el paisaje y las relaciones humanas por completo.

La semana pasada se aprobó la inadecuada (así le diremos) ley anti-graffiti. La cual indica, de manera arbitraria y aritmética, que un grafitero puede asumir hasta una condena de seis años. Se advierte que los casos de privación de la libertad serán tomados en cuenta cuando se dañe patrimonio tangible, arquitectónico, arqueológico, histórico o cultural. Hemos retrocedido cuarenta años. Bien, Estado. También se toma en cuenta trabajo social, faltas administrativas o fianzas; dependiendo el caso. Esta misma ley ha sido propuesta en muchos lados del país; incluso se propuso en muchos lados del mundo: hace veinte años.

La historia del graffiti, como la de cualquier disciplina artística o expresión contra los sistemas actuales se ha visto atropellada. Hay distintas falacias para esta ley: a) los juristas dicen que el graffitero se escuda en que hace cultura. No, no hacen cultura, es contracultural. b) En las manifestaciones se dice que se rayan monumentos históricos por parte de los jóvenes y que esto debe ser sancionado. ¿Alguien ha realizado alguna investigación exhausiva acerca de esto o es que a caso las leyes se aprueban arbitrariamente y sin un antecedente? c) ¿Es lo mismo hacer una placa que un mural, es arbitrario, cómo se determinará? Y así hay miles de ejemplos.


Veamos la problemática desde un lado absolutamente distinto. El problema es social. La expresión es una exigencia de espacio y sentido. El graffiti se puede ver como algo ilegal o como una oportunidad a la expresión humana. Tomemos en cuenta muchos de los factores circunstanciales de la gente que tiene gusto o hace pintas. También veamos que en el horizonte existe una condición política. Cuando el estado hizo unidades habitacionales, urbanizo y demás; no tomó en cuenta que la visión política de todas esas personas se transformaría porque sus sentidos han sido afectados de una manera distinta a toda la urbe. Tampoco se contó con gran posibilidad del espacio, todo humano exige un espacio, él mismo es un espacio que busca expandirse en tanto sus necesidades. Y con esto mil necesidades más.

Las opciones son muchas, pero ocupamos la misma lógica que en el siguiente caso: la gente en X calle conduce muy rápido, coloquemos Y cantidad de topes. Mientras que hay otro razonamiento: un aproximado de X personas tiene gusto por el graffiti, acerquémonos a ellos y genérenos las políticas públicas necesarias para su circunstancia. En otros lados como Inglaterra o España se han generado manuales que enseñan sobre de la historia del graffiti, su valor estético, las características, estadísticas y el funcionamiento que tiene dentro de la sociedad. Aquí podemos generar lo mismo, contamos con académicos que han estudiado el tema, con estetas, antropólogos, sociólogos, filósofos, políticos, etcétera; con toda una serie de personas interesadas en el tema que pueden coadyuvar a la elaboración de distintos acercamientos para ver si existe un problema real y resolverlo.

La propuesta durante la siguiente semana es dar la vuelta al problema y dar a conocer un poco del Street art con el propósito de generar un acercamiento y la posibilidad de generar conocimiento sobre el asunto; así como una reflexión crítica acerca del mismo. Es así como estaremos escribiendo acerca de las problemáticas que ha presentado el graffiti en otras partes del mundo y cómo se ha resuelto.