Sobre el VAR y otras novedades

Harry Kane se convirtió en el segundo inglés en proclamarse máximo goleador de una Copa del Mundo ■ Foto Ap / La Jornada

Se acabó el mundial, terminó el éxtasis. Rusia 2018 quedó atrás, con su cauda de sorpresas dentro y fuera de las canchas. Y aunque sea transitoriamente, una tira de prejuicios sobre ese gran país, propagados durante la guerra fría y mantenidos hasta la fecha por obra de los medios “occidentales” (es decir, gringos), fueron desmontados por asombradas confesiones del montón de cronistas, infracronistas y pseudocronistas desplazados hasta Moscú y subsedes por diversas empresas de medios audiovisuales. Mas como lo nuestro es el futbol, a ello va destinada la primera entrega de este breve balance.

El VAR. Según Gianni Infantino, gracias a la debutante ayuda electrónica han pasado a mejor vida “los goles en fuera de juego”. Con poco se conforma el señor, al menos para los que esperábamos una revolución del arbitraje de mayores alcances, aun a sabiendas de que, por suerte, nunca podrán eliminarse del todo los errores de los jueces. Y mucho menos aquellos que, dada su naturaleza, escapan al nuevo concepto de justicia que promete esta introducción formal de la tecnología, que sin embargo nada podrá contra un árbitro que falle al marcar fuera de juego en una jugada promisoria de gol, o cuando una omisión aparentemente trivial termine por alterar el marcador, etcétera, etcétera.

Pero, desde luego, el experimento mundialista enciende alarmas que denuncian las limitaciones de su actual reglamentación y deben corregirse cuanto antes. La principal, extender su participación a pedido de la “parte afectada”. Lo que en tenis se conoce como “desafío” (el equipo que se sienta perjudicado debiera tener derecho a solicitar VAR, lo que rompería la malsana discrecionalidad con que se aplicó en Rusia). Para evitar el abuso, tales desafíos podrían reducirse a dos por encuentro y por equipo, siendo preferible sumar todos los que correspondan a un torneo de liga para que puedan acumularse, aunque a condición de no pasar de tres por equipo/juego. Esto último es solo una idea mía, lo fundamental es conceder a los verdaderos protagonistas del espectáculo este derecho básico, que no tiene por qué afectar la sacrosanta autoridad del juez central, tan cara a ojos de los fifos de todos los tiempos.


Los goles a “balón parado”. A reserva de buscarles denominación más precisa a goles derivados directamente del cobro de un córner o una falta cualquiera, penaltis incluidos, sorprendió a muchos su elevada incidencia en el mundial ruso: nada menos que el 43 por ciento de los registrados se produjeron de esta manera, es decir, 73 de los 169 goles del torneo. Y habría que agregar a ese 43 por ciento autogoles como el de Mandzukic en la final o el de Fernandinho en la derrota brasileña ante Bélgica, derivados ambos de lanzamientos directos al área. Por cierto, autogoles hubo 12, algunos tan grotescos como el del ruso Ignashevich ante España o el del americanista Edson Álvarez a favor de Suecia.

¿Alguna explicación plausible? Se me ocurren cuando menos tres: la primera, relativa a los córners y tiros libres o indirectos en las cercanías del área, estaría en el énfasis puesto por los árbitros en relación con los agarrones y jaloneos dentro de la misma, aunado a la novedosa formación del cuadro atacante implantada por Inglaterra, el equipo más efectivo en ese renglón; otra explicación es que el progresivo reforzamiento de las defensivas ha obligado a técnicos y jugadores a aguzar el ingenio para desarrollar jugadas de “táctica fija”, depositando en esta vía unas posibilidades de anotar cada día más limitadas por la ferocidad de los marcajes en toda zona y el enconchamiento del equipo que defiende. Por último, es evidente que el ojo del VAR captará más infracciones dentro de las áreas, de ahí la incidencia tan alta de penales marcados.

Conclusión: el porcentaje de goles “a balón parado” o “táctica fija” –autogoles incluidos– aumentará en proporción directa al alza inevitable de los recursos defensivos, siempre más sencillos de instrumentar que los ofensivos. Lo que no está muy claro es que incremente la cantidad de anotaciones (en Rusia, con VAR, se anotaron dos menos que en Brasil 2014 sin ayudas electrónicas).

Penales: 22 de 29. Como se señaló en el párrafo anterior, el VAR estuvo muy activo informándole al árbitro sobre faltas dentro de las áreas. Queda a discusión si ambas instancias –los de arriba y el de abajo– acertaron al apreciar todas las faltas defensivas realmente habidas, pero es indudable que la tecnología fue y seguirá siendo bienvenida. Por cierto, de los 29 se fallaron siete y entre desviados o detenidos compartieron sus frustraciones los divos Messi (contra Islandia), Cristiano (Irán) y Modric (Dinamarca).

Goleadores: Por segunda vez en la historia de la Copa resultó campeón de goleo un inglés (Harry Kane, con seis anotaciones), emulando incluso en la cifra a Gary Lineker en México 86. Victoria fortuita la suya, apoyada en cuatro tantos de penalti y cinco anotados a selecciones tan vulnerables como Panamá (3, y uno lo marcó inadvertidamente, al cruzarse sin querer en la trayectoria del tiro desviado de un compañero) y Túnez (2). En partidos de eliminatoria directa su cañón permaneció silencioso.

Cinco jugadores anotaron cuatro goles: Cristiano para Portugal (1 de penalti), el francés Griezmann (3 desde los 11 metros), su paisano y gran revelación Mbappé, el belga Lukaku y el ruso Cherysev. Con tres dianas tenemos a Hazard (Bélgica), Yerry Mina (Colombia), Mandzukic y Perisic (croatas), Costa (España), Dzyuba (Rusia) y Cavani (Uruguay). Una docena más hicieron dos goles y una multitud marcó un gol, entre otros nuestros “Chuky” Lozano (a Alemania), Carlos Vela y el devaluado “Chicharito” (ambos a Corea del Sur).

Polémico desempate. Además de la novedad del cuarto cambio en caso de tiempos extra (irreprochable decisión), y del hecho de que en cuatro ocasiones tuviera que llegarse al desempate desde el punto de penal, una variante reglamentaria sin pies ni cabeza tuvo inmediata aplicación cuando, al finalizar la ronda de grupos, quedaron igualados en el segundo puesto del “H” Senegal y Japón, ambos con 4 puntos y 4 goles en contra y a favor. Lo que eliminó a los senegaleses fue el recuento de tarjetas amarillas, disparatada nueva regla que reclama inmediata rectificación, pues pasa por alto la realidad de que los silbantes despachan tarjetazos o los omiten según les viene en gana. ¿Qué tal si, para evitar semejantes subjetividades, se recurriera al conteo del total de faltas acumuladas en sus partidos intergrupales por equipos empatados en todo lo demás?

Goles agónicos. Casi todos los partidos tuvieron 5–6 minutos de compensación, y en ese lapso se marcaron 10 goles, casi todos decisivos. La medida, que ha agregado dramatismo e interés al cierre de los partidos, mejoraría sustancialmente si tal prórroga se reglamentara con precisión, adjudicándole por ley medio minuto a cada cambio (excepto cuando ocurran varios al mismo tiempo, en cuyo caso se computarían como uno solo), y se cronometraran las interrupciones debidas al VAR o cualquier otro motivo.

Equipo ideal. Este es un apartado dedicado a los nostálgicos de cuando la crónica y la crítica echaban mano de la lupa para calificar desempeños, tanto individuales como asociados. Mi equipo ideal –inevitablemente subjetivo– sigue las huellas de tales maestros y propone, sobre un esquema 4–1–2–3 –tan ofensivo como improbable– la siguiente alineación con los 11 mejores por puesto y su calificación promedio, basada en los partidos que pude ver. Este equipo ideal quedaría así:

Thibaut Courtois (Bélgica: 9.6); Sime Vrsaljko (Croacia: 8.9), Tiago Silva (Brasil: 8.7), Samuel Umtiti (Francia: 9.4) y Diego Laxalt (Uruguay: 8.8); Luca Modric (Croacia: 9:1); Antoine Griezmann (Francia: 8.9) y Eden Hazard (Bélgica: 9.1); Kevin de Bruyne (Bélgica: 8.9), Kylian Embappé (Francia: 9.2) e Ivan Perisic (Croacia: 9.0). Como DT elijo al catalán Roberto Martínez (Bélgica). Y que conste que en los buenos tiempos este ejercicio corría por cuenta de las plumas más autorizadas y sapientes del orbe, y no era inusual una consulta entre varios expertos para obtener por promedio el once ideal.

Otras estrellas a destacar serían, entre los porteros, el inglés Jordan Pickford, el croata Danjel Subasic y nuestro Memo Ochoa; los defensores Varane (Fr), Mina (Col), Meunier (Bél) y Augustinson (Sue), y del medio campo hacia adelante a Kanté (Fr), Brozovic (Cr), Pogbá (Fr), James (Col), Mandzukic (Cr) y Douglas Costa (Br), el ¡único! extremo no postizo del mundial ruso, sistemáticamente desperdiciado por Tite. Y el mejor “9” sin duda fue Edinson Cavani (Ur), muy por encima del campeón goleador Kane y su afortunada lotería.