Simitrio: el derecho al revés / LXV

La horrenda muerte de Meztli Sarabia representa un ascenso brutal en la espiral de violencia política que se ejerce contra la 28 de Octubre. Para variar un poco, tóquenme la misma. La Fiscalía del Estado, esa que cuando se llamaba Procuraduría General de Justicia armó de manera indecente los expedientes que llevaron a la cárcel a Simitrio, su familia y miembros de la organización; de nueva cuenta marca el inicio de esta fase superior de hostilidad. Sorprendentemente, a unas cuantas horas del asesinato, tomando como base al comando de sicarios y una cartulina con amenazas escritas dejada en el lugar de los hechos, estableció su línea de investigación: ajuste de cuentas por narcotráfico o extorsión, descartando la hipótesis de crimen de estado (http://www.e-consulta. com/nota/2017-06-29/seguridad/camaras-captan-huida-de-los-asesinos-de-meztli-sarabia-fge). Dicha línea no es resultado de estudio previo alguno como demuestra el apresuramiento por darla a conocer ante medios de comunicación. Es, más bien, la fijación de una posición política de gobierno con objetivos claros: criminalizar a quien ya no puede defenderse, es decir, quien fue víctima de los sicarios, es víctima también de la Fiscalía; volver a arrojar lodo sobre la 28 de Octubre insistiendo en relacionarla con actividades ilícitas como mecanismo ideológico político para desvirtuar la lucha de resistencia que sostiene frente al ataque gubernamental; y, autoexculparse inmediatamente de responsabilidad alguna que pudiere emanarle del crimen.

La actitud canallesca no cede. Ninguna investigación seria puede realizarse eliminando de tajo la orientación que brindan los antecedentes de los que surge el hecho por investigar. ¿Ha de considerarse investigación rigurosa, veraz, imparcial la que se basa en hacer a un lado el conflicto que vive la 28 de Octubre, como contexto en que se ubica el asesinato de Meztli? ¿Simitrio podría estar seguro que los mismos personajes que inventaron cuantos absurdos jurídicos se les ocurrieron para llevarlos a la cárcel, van a realizar ahora una investigación confiable y exhaustiva sobre el asesinato de su hija, los motivos, y los autores materiales e intelectuales del mismo? Al basar su línea de búsqueda en el texto de la cartulina, la Fiscalía debió deducir que los criminales dejaron –hasta por escrito– la pista para localizarlos. ¡Cuánto talento detectivesco! Estas chapuzas de la procuración de justicia son las que, quizá, pueden explicar por qué los crímenes políticos nunca se resuelven.

A esa acción ha seguido una orquestada campaña de propaganda sucia que busca, no solo tender una cortina de humo que cubra los injustificados excesos belicosos del gobierno, sino inocular en el ánimo social la creencia en la participación de la 28 en actividades ilícitas –donde el Mercado Hidalgo sería el centro de operaciones– como forma de arrojarle un desprestigio que empañe su lucha social. Estos intentos calumniosos, sin embargo, resultan infructuosos puesto que dicho mercado es un espacio abierto al público; tan abierto, que los sicarios pudieron ingresar hasta las oficinas para cometer su fechoría.


Están tratando que los poblanos ni siquiera intenten analizar y comprender la demostrada locura de los argumentos “legales” esgrimidos por las autoridades como “aplicación de la ley” para encarcelar al liderazgo de los ambulantes, sino dirigir su atención en el sentido marcado por la campaña de desprestigio procurando obtener una condena social hacia aquella. Concomitantemente la violencia física embozada continúa, cual guerra de baja intensidad, contra las familias Sarabia y Amador, y contra bien ubicados militantes de la organización que desarrollan funciones estratégicas dentro de ella. Las amenazas de muerte al hijo de Rita Amador; el ataque con ruptura de parabrisas y cristal del copiloto al vehículo de la hermana de Julia Gálvez; la nueva fotonovela publicada sobre la supuesta relación entre Simitrio y el Chapo Guzmán; o, los violentamente organizados robos directos a los agremiados, no forman parte de la incombatida delincuencia cotidiana que lastima a los poblanos; los personajes más oscuros del régimen están encubriendo tras ella estas viles acciones.

El conflicto emprendido por el morenovallismo contra Simitrio y la 28 de Octubre desde hace tres años, brincó de la irracionalidad a la crueldad en el momento en que ocurrió el bestial e inútil sacrificio de Meztli. Buscar hipótesis solo en las circunstancias que concurren al momento del planeado crimen, revela intencionalidad dolosa y falta de rigor analítico al derivar suposiciones de un solo acontecimiento cuando, objetivamente, el hecho posee una historia tras de sí. La postura de la Fiscalía mantiene deficiencia científica al elaborar su hipótesis con base en “las primeras diligencias” y recurrir a la modalidad condicional de los verbos para formularla: “un posible ajuste de cuentas por extorsión habría sido la causa del asesinato”; “el principal móvil sería una venganza entre organizaciones”. Habría y sería, son tiempos verbales tan contundentes como el “hubiera”. Que la Fiscalía diese conferencia de medios para sembrar en el ánimo social estas barbaridades, revela que la intención real no es investigar, sino volver a criminalizar falsamente a la organización para desviar la atención social. Negar que se trate de crimen político ¿es la continuación lógica del argumento que niega condición de presos políticos a los miembros de la 28 de Octubre?

La fulgurante pedantería con que se han conducido los asuntos de gobierno en Puebla ha permitido que las acusaciones falsas y los argumentos jurídicos fallidos –joyas de colección para el museo internacional de la ignominia– se mantengan hasta la fecha como justificantes de la prisión de los miembros de la 28 de Octubre, sin que la campaña de valores éticos surta ningún efecto en ese ámbito. Soberbios con poder; incapaces de reconocer sus yerros; arrojando culpas a presos, procesados y a la difunta con tal de mantener posición e imagen política; fingiendo ignorar la destrucción de vidas, familias, destinos y patrimonios que ocasionan; ahora que la justicia federal ha confirmado la inexistencia de los delitos atribuidos a Simitrio y sus hijos, acreditando la perversidad política de su estancia en la prisión, afanosos buscan una coartada en la escandalosa y corrupta puesta en marcha del nuevo sistema de justicia penal, por si no queda otra que soltarlos.