¿Será el turismo la salvación económica para América Latina?

La división internacional

del trabajo consisteen que unos

países se especializan en ganar y otros en perder. Nuestra comarca del mundo, que hoy llamamos América


Latina… se especializó en perder.

 

Eduardo Galeano

 

¿No será que la industria turística es una nueva forma de explotación de América Latina? En la historia de América Latina grandes obras describen los saqueos que sufrió nuestro continente a partir de La Colonia, por ejemplo, productos minerales y agrícolas que transformaron desde la alimentación en Europa hasta el nacimiento de la industrialización de las naciones europeas (Feinmann, José Pablo, La filosofía y el barro de la historia, Planeta, Argentina, 2008). Basta recordar Las venas abiertas de América Latina (2009), el extraordinario libro de Eduardo Galeano, que narra esa traumática depredación sobre todo el continente: “… se ha oído hablar de concesiones hechas por América Latina al capital extranjero, pero no de concesiones hechos por los Estados Unidos al capital de otros países”.

Después de las independencias de los países de América Latina, la conformación de las naciones con base en una división no natural sino política–económica provocó no la dependencia política con las naciones europeas pero sí la económica; es valido decir que aún no existe esa independencia económica, como lo sintetiza el profesor Zaffaroni: “La lucha latinoamericana por la realización de los Derechos Humanos no puede ser otra cosa que la lucha contra el colonialismo en su fase actual” (Zaffaroni, Eugenio Raúl, El derecho latinoamericano en la fase superior del colonialismo, Madres de Plaza de Mayo, Buenos Aires, 2015). Al ser así, siguen los saqueos sobre América Latina; el petróleo y la minería son ejemplos de de ello. Pero ¿qué sucede con la industria del turismo, la llamada industria sin chimeneas, en América Latina?

Por lo regular, las zonas turísticas son creadas por la belleza natural de paisajes, playas, ríos, cascadas, montañas, lagos, etcétera, en la mayoría de las veces, ubicados en territorios expropiados a los habitantes naturales de estos predios, proyecciones que incrementan el valor de esas zonas bajo la especulación de los desarrolladores inmobiliarios que normalmente están conformados por socios y capital europeo o norteamericano –hoy incluso chino o japonés–; accionistas de dichas empresas que no conocen esas tierras que serán de interés turístico. Con estos complejos turísticos se genera una gran migración de prestadores de servicios, en principio, trabajadores de la industria de la construcción que normalmente se quedan a residir en esos lugares en condiciones no muy regulares de los servicios públicos por la falta de legislación y regulación urbana de estos polos turísticos. De esta forma, los campos agrícolas y ganaderos se convierten en hoteles, aeropuertos o campos de golf, con lo cual se liquida la precaria industria agrícola, pesquera o ganadera de origen. Esto provoca una gran dependencia de alimentos de estas zonas, ya que requieren de productos alimenticios de otros sitios para abastecer la gran migración que se instala en estas zonas.

Así, llega una segunda migración a estos centros turísticos, que son los prestadores de servicios turísticos: choferes, almacenistas, cocineros, meseros, traductores, camaristas, administradores y guías de turistas que, ha decir de Zygmunt Bauman, son trabajos de poca capacitación y, por ende, fáciles de sustituir, lo que conduce a la poca estabilidad en el trabajo, algo que representa desempleo (Bauman, Zygmunt, Mundo consumo, Paidós, México, 2010). En tanto, la población de origen se discrimina, pierde sus tierras, tradiciones y cultura, quedan en extrema pobreza; en el mejor de los casos, sobreviven con la producción de artesanía, aunque normalmente esto es monopolizado por las propias autoridades locales, que exigen permisos, pago de derechos, dádivas, etcétera; en el peor de los casos, migran a los grandes centros urbanos, se presentan evidentes desplazamientos de estos grupos de origen, lo cual hoy se considera como una de las más graves violaciones de los derechos humanos, pues los desplazados no son producto solamente de problemas de violencia extrema, guerrillas, conflictos religiosos o raciales, sino también de la creación de estas zonas turísticas. De esta forma, ¿no será que la industria turística es una nueva forma de explotación de América Latina?




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