Cómo se siente sentirse bien

Recién realicé un viaje con mi familia al extranjero. Anduvimos varios días, atravesamos nueve estados del sureste al noroeste de Estados Unidos y recorrimos un total de 4 mil 800 kilómetros pasando por cuatro husos horarios. En carretera, a cualquier hora de día o noche nos sentimos tranquilos y seguros: al cargar gasolina, parar en las tiendas a comprar alimentos para el camino y llegar a hoteles a descansar. Todo lo hicimos con tanta naturalidad que me hizo recordar cómo se siente sentirse así.

Al llegar a nuestro destino y establecernos, salimos a pasear en bicicleta, a caminar por las calles del vecindario, nos subimos al transporte público; entramos a restaurantes y tiendas sintiéndonos alegres, seguros, confiados, tranquilos. Se me había olvidado lo que es vivir sin miedos, sin temores, sin desconfianzas, sin sobresaltos.

Se me había olvidado lo que es sentirse libre; sentirse segura, confiada, en paz; que si quieres salir a caminar porque el clima invita y la noche está hermosa con su luna llena y porque: “No viniste hasta acá para quedarte echada” y sólo depende de que te gane la gana para dar el paso y que no tengas que pensarlo dos veces porque la inseguridad te puede atrapar en la puerta de tu casa y no hay quien te proteja más que tus propias y múltiples precauciones y las de tu familia.


Regresar a México me puso muy triste, nostálgica y hasta deprimida por días; los seres humanos requerimos sentirnos seguros; la alegría de vivir nos alienta en nuestro día a día y las actuales condiciones de nuestro país nos quita, cada día más espacios de vida.

Se me había olvidado cómo se siente cuando te sientes bien, completa, libre; se me había olvidado cómo se siente cuando montas en bicicleta y disfrutas el aire frío que baña tu rostro; se me había olvidado cómo se siente querer hacer algo y que nada te lo impida porque tienes confianza que hay seguridad.

Esta experiencia me hizo revivir mi sentir de la Puebla (y el México) de hace tres o cuatro décadas, cuando salía a jugar a la calle beisbol, futbol, volibol, policías y ladrones en bicicleta, andar en patines o en carrito de baleros, cuando reía de felicidad por sentirme libre… y me cayó encima como si hubiera sido ayer… y sí lo fue, porque sólo un día antes disfrutaba de esos mismos sentimientos de seguridad y libertad tan esenciales para mí.

¿Cómo llegamos a esto? Podemos hacer un análisis profundo de los eventos que nos trajeron hasta aquí. ¿Pero cómo le explico a mi sentir que de un día para otro ya no puede sentir lo mismo, y que esto no es pasajero en México?